La propuesta del Tribunal Electoral elimina el voto en plancha y permite el voto cruzado en circuitos plurinominales, abriendo el debate entre partidos...
Uso el mismo título de mi columna de la semana pasada, por cuanto el informe presidencial presentado durante la inauguración del IV período de sesiones de la Asamblea Nacional justifica repetir la interrogante.
Con buen tino, La Estrella de Panamá en la nota publicada el pasado 2 de enero destacó y, con informaciones en contrario, aclaró que varias de las afirmaciones hechas para destacar “los logros”, en varios de los temas ponderados por el gobierno, no concuerdan con la realidad.
A los señalamientos de La Decana, podría agregarse: 1) que, aparte de las afirmaciones de los pregonados éxitos de las numerosas y repetitivas “misiones internacionales”, tampoco se han acreditado con resultados medibles, sus supuestos beneficios o 2) que nunca se han divulgado y menos explicados debidamente los “acuerdos suscritos con la empresa bananera y para la eventual reanudación de la explotación de la mina de Donoso”.
Frente a las afirmaciones del gobierno, como contrapartida debiera existir una demanda pública y reiterada, liderada principalmente por los llamados partidos de oposición para cuestionar, pedir aclaraciones o rebatir “sus cantos de sirena”. Pero, lamentablemente, estos viven una mora permanente en el cumplimiento de la obligación que les impone el artículo 138 de la Constitución de “expresar el pluralismo político y de concurrir a la formación y manifestación de la voluntad popular”. Y más lamentable y hasta absurdo es que esa mora en el cumplimiento de sus obligaciones, en lugar de ser sancionada con penalidades, como, por ejemplo, la suspensión o la reducción de los múltiples y exagerados privilegios de los que disfrutan, siga siendo premiada con los inconstitucionales subsidios electorales que se siguen incrementando y que ya han sobrepasado los 100 millones.
En cualquier sistema democrático, relativamente funcional, los partidos en la oposición organizan sus estructuras internas, departamentalizándolas y especializándolas para que sean contrapartidas efectivas de los que ejercen la función de gobernar. El ejemplo ideal son los denominados “gabinetes en la sombra”, tradicionales y arraigados en la política europea y más particularmente en la inglesa. Para cada área del gobierno, los partidos de oposición tienen asignado un equipo, con su respectivo líder, que tiene la misión de seguir su desempeño y actuar como vocero para exponer la posición de su colectivo y, de hecho, se los perfila para ocupar el respectivo cargo en el evento de que su partido llegue a gobernar.
En nuestro caso no solo estamos lejos de ese modelo de constructiva práctica política, sino que la nota distintiva ha sido la improvisación y la falta de consistencia en la actuación y el desempeño de los partidos que, entre otros ejemplos, se vive cada cambio de gobierno, en los que abundan las sorpresas en las designaciones ministeriales o cuando se encomiendan responsabilidades ministeriales a auténticos ignorantes de los asuntos propios de esos ministerios y entidades.
Apenas han transcurrido unos días desde que el mandatario, para supuestamente cumplir sus obligaciones constitucionales rindió a la nación “cuentas de su gestión”. Y los medios de comunicación se han ocupado de destacar varias de sus muchas incongruencias; pero qué partido de la llamada oposición, aparte de un comentario casual y pasajero, se ha ocupado de analizarlas o de siquiera intentar ofrecer alternativas de mediana coherencia, que demuestren que tienen algo mejor que ofrecer o que, por lo menos, han hecho la tarea mínima de estudiarlas. Y, pasada la tradicional “novelería” con que estos asuntos son comentados, en pocos días no se hablará de ellos, pues serán sustituidos por otros temas “más noticiosos”.
Los partidos de la llamada oposición aún están a tiempo de enmendarse y no debieran dejar pasar la oportunidad de demostrar que su única y permanente estrategia, no es prepararse para su eventual asalto al poder en las próximas elecciones, sino que de verdad conocen y les importa el país.
La pregunta del título sigue siendo válida. Después de 18 meses: ¿En concreto qué? Y vale tanto para el gobierno como para la oposición. ¿Qué ha hecho el primero para merecer la confianza del pueblo? Y, ¿qué ha hecho la segunda para darnos esperanza de que algo podrá mejorar?