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Manifesté en un escrito anterior que no iba a realizar más concesiones o excepciones, respecto a circunscribirme en ceñirme exclusivamente a abarcar aspectos agropecuarios y agroambientales. Sin embargo, rompí mi promesa (art. Una de las Fechas que no puede pasar desapercibida, La Estrella de Panamá, jueves 8 diciembre 2025), respecto al 12 de diciembre de 1947. Me hice el firme propósito de cumplir con ese compromiso, explicando, en aquel momento, las razones por la cual asumí esa decisión.
Hoy regreso nuevamente a la contradicción intima del incumplimiento de tal juramento. La única satisfacción, si es que la puedo llamar así, o consuelo literario cívico, es retomar la pluma, empuñando la lanza cual quijote idealista, para acometer la empresa de esbozar algunas líneas en torno a esta epopeya épica del pueblo panameño.
Mañana viernes 9 de enero de 2026 se cumplen 62 años de la Gesta Heroica que ha quedado grabada indeleblemente en la historiografía de este país, que marcó un antes y un después, en las relaciones de los Estados Unidos y Panamá, en función de ser uno de los jalones históricos que marcaron el rumbo del destino de esta nación referente al enclave colonial de la exzona del Canal, el propio Canal de Panamá, el territorio y tierras conexas.
A pesar de que ha transcurrido esa cantidad de años, muchos de esa juventud de aquella época, han fallecido, algunos están sufriendo serios quebrantos de salud, otros han sido beneficiados de la Ley 163 del 10 de septiembre de 2020 en calidad de héroe sobreviviente, reconociendo su papel en esta lucha histórica. El último y más reciente en partir a la eternidad, fue el dirigente del Movimiento los Mártires del 9 de enero, Marcos Fenton Achurra.
Como es costumbre, todos los años, -hay varios actos de organizaciones y el oficial de Estado- uno se celebra acto simbólico en el Aula Máxima del Instituto Nacional, luego se recorre el trayecto de esa tarde, por la juventud institutora, atravesando por el antiguo Hospital Gorgas, luego Instituto Oncológico Nacional, pasando por la residencia del Administrador del Canal, hasta llegar a la antigua escuela de Balboa, contiguo al Administration Building, concluyendo en el Centro Ascanio Villalaz, donde reposa la llama eterna, en homenaje a los mártires.
Un poco de historia y reflexión, es necesaria. Dicha fecha, que se fue concatenando a otras cual eslabones de una cadena, era el hecho de que una de las razones —existieron varias— se debió a una protesta estudiantil en lo que era la llamada Zona del Canal para izar la bandera panameña junto a la estadounidense, desatando enfrentamientos violentos con tropas y civiles de EE.UU.
El antecedente casi inmediato fue que estudiantes panameños del Instituto Nacional se dirigieron a la Escuela Secundaria de Balboa en lo que era la Zona del Canal para izar la bandera de Panamá, en cumplimiento de un acuerdo bilateral que permitía que ambas banderas estuvieran flameando y ondeando en el lugar,
Pero las autoridades “zonians” y estudiantes estadounidenses se opusieron, desatando una gran confrontación. Se dieron forcejeos, la bandera panameña fue desgarrada, creando un tumulto, golpes y violencia. La historia recoge el retroceso hacia el Nido de Águilas, con la bandera casi destruida; el pueblo panameño se va incorporando a la manifestación, luego ocurrieron una serie de actos, los días posteriores en la ciudad de Panamá y el resto del país.
Los demás sucesos se van agregando, registrando y aumentan las informaciones, y es ya parte de los acontecimientos nacionales y el tiempo va recogiendo nuevos testimonios, aparte de los ya conocidos. La sucesión y aparición de reciente información va enriqueciendo la cronología.
Es importante señalar que muchos se rasgan las vestiduras, con discursos llenos de oriflama y henchidos de supuesto amor patrio. Algunos sí lo realizan, orgullosos de esa actitud de acendrado nacionalismo y reconocimiento una fecha del calendario que, quizás, se deba extrapolar a otros días del año.
Lo que no se quiere es desnaturalizar o desvirtuar los episodios ocurridos, sino tratar de ser fiel a lo que realmente sucedió esa tarde y los días siguientes, así como lo que significó en el redimensionamiento de la concepción y enfoque sociológico, económico y político en que se debatía la sociedad panameña y la acumulación de factores que desencadeno la explosión del 9 de enero.
Además, hacemos énfasis y reafirmamos los conceptos arriba expresados, en cuanto a no metamorfosear o manosear, distrayendo la memoria colectiva de los pueblos, tal como ocurría con las personas, que de espaldas frente a la cerca de ciclón que separaba la Avenida 4 de Julio, hoy Av., de los Mártires, intentaban colocar la bandera en la cúspide. Durante años varios, sin identidad conocida, se abrogaron ese derecho.
Un aspecto importante en la dialéctica de la historia y que no debe olvidarse, ni perdonarse y la circunstancia trascendental que las nuevas generaciones conozcan, se empoderen y asuman como un compromiso generacional, el conocimiento de todas estas acciones y hacer énfasis en cualquier fecha del año, la impronta del recordatorio incólume de esos instantes.