• 10/05/2010 02:00

Participación y cogobierno

Quienes que se agitan en el campo de la crítica y propuesta social, comparten la característica de estar convencidos del carácter impres...

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Quienes que se agitan en el campo de la crítica y propuesta social, comparten la característica de estar convencidos del carácter imprescindible de la participación ciudadana como forma de gerenciar la salud.

Igual como sucede en la práctica clínica, que no concibe una relación médico-paciente sin que este último intervenga comprendiendo, aceptando propuestas, modificando conductas o rechazando alternativas; en la salud pública no se concibe una optimización de servicios sin aceptar plenamente convencidos la decisiva importancia del sujeto llamado población en la aceptación de alternativas, en la planificación y en la co-ejecución de las medidas.

Con esta mirada podríamos comprender los esfuerzos de aportar en los diversos ámbitos de propuesta tales como diálogos, y demás ámbitos de convergencia pública.

Desde este enfoque se puede analizar la llamada “ Concertación para el Desarrollo ”. Ella fue una aceptación forzada de que era necesaria la participación social en la concepción del desarrollo. Recordemos que esta fue el resultado de la resistencia nacional a endosar la ampliación del Canal si no se comprometían los beneficios de esa ampliación en el desarrollo. En consecuencia la participación, con sus aprendizajes, errores y aciertos debe entenderse como el alma de toda concertación.

Obviemos las vicisitudes afrontadas por este diseño de compromiso público. Los problemas surgidos entre las partes, en la concreción de acuerdos y la formulación de propuestas fueron superados por las características del resultado expresado sobre el papel. Quiere decir que la propuesta en lo que a Salud se refiere, revelaba el estado real de las posibilidades de corregir el sistema, su viabilidad social y factibilidad técnica. Ese documento final revela las expectativas del conjunto de la sociedad. Tal vez se pueda hacer más y mejor, pero nunca menos de lo que está plasmado ahí.

Examinemos ahora el contexto actual en que se inscribe la participación en el ámbito nacional. Este revela una agresividad gubernamental contra toda forma de expresión ciudadana que proponga una alternativa crítica de la conducción oficial.

Desde este punto de vista ni sindicatos, ni gremios, ni organizaciones de la sociedad civil ya sean ambientalistas, de desarrollo o de derechos humanos son aceptadas como cuestionadores válidos y se las intenta deslegitimar.

Se parte del supuesto de que el sufragio periódico es la única fuente de legitimidad en la democracia. Se ignora que el sufragio solo tiene una legitimidad sostenible si se alimenta con la participación. Esta, en sí, es la única fuente de legitimidad estable y contiene dos aspectos: la propia participación que otorga aceptación y credibilidad; el protagonismo social por sí mismo.

Un gobierno se legitima por la intención social y su eficacia. Esta eficacia se ve ampliada si las instituciones cuentan con la potenciación de sus esfuerzos a través del compromiso entusiasmado de ciudadanos y grupos sociales.

¿Por qué esta resistencia a la participación ciudadana que algunos llaman despectivamente co-gobierno y qué consecuencias tiene?

Quienes tienen miedo a la sociedad, no solo desarman su capacidad de gestión, sino que se deslegitiman al olvidar aquella definición de Lincoln que decía que la democracia debía ser ejecutada o ejercida “ por el pueblo ”.

*Médico.juancarlosmas@hotmail.com

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