• 28/07/2021 00:00

Consecuencias indirectas

“La clave es conocer nuestro cuerpo, y, de ser el caso, recurrir al médico para no dejar que esa chispa se convierta en un fuego incontrolable, sea antes de o después de ponerse una vacuna”

La adenopatía de este escrito va en consecuencia de factores de experiencias que muchos desconocemos a raíz de la pandemia. Sumados a una cuarentena que nos puso contra la pared y sin saber mucho de este tema, nos obligó a despertar a conocimientos científicos.

Mucho se habla del efecto trombótico que han causado ciertas vacunas más que otra en estadísticas. Hay que prestarle atención al mínimo porcentaje que arrojan, no solo en personas crónicas, que sintieron recelo de caer en algo más profundo, sino en los ajenos que lograron marcar casi el mismo paso en fila con consecuencias indirectas.

Las enfermedades crónicas casi siempre se presentan en adultos mayores. No se curan del todo, pero a menudo se controlan. Un problema de salud a largo plazo que conlleva cambios de estilo de vida. De hecho, por lo general, son las enfermedades inflamatorias, y no el virus en sí, lo que causa en gran parte del daño de estos padecimientos. Digamos que, en esta época de pandemia, empezó a aflorar también en edades más tempranas que solo se pensaba que pertenecían a la vieja ola.

Enfermedades como las cardiovasculares y pulmonares, conllevaron el factor denominador inflamatorio, desencadenando un sinnúmero de daños. Una simple gripe, en medio camino de una dosis de vacuna, puede hinchar partes de su cuerpo cuando la temperatura aumenta para combatir el virus. Se trata de una forma de inflamación aguda, la que escuché a médicos nombrar de indirectas, porque perjudican otras partes del cuerpo sin saberlo, alterando en muchos casos lentamente y alimentada por la activación del sistema inmunitario, que mantiene al organismo en un constante estado de alerta, lesionando las células sanas cuando estas sufren demasiado desgaste.

En los andares de la COVID-19, se ha logrado restablecer poco a poco el salir ilesos de una cuarentena. ¡Ojo con esto! A ciertos síntomas que salen sigilosamente, como el factor trombosis, que llega no necesariamente agarrado de la mano del virus, sino con esas consecuencias indirectas, por inactividad o por el mayor factor llamado hereditario, que se complica a tal grado como un paciente con COVID-19.

El proceso inflamatorio como respuesta a los compuestos químicos liberados por un tejido dañado, busca la forma de defenderse a través de sus glóbulos blancos, produciendo sustancias que hacen que las células se dividan y crezcan para reconstruirlo y poder repararlo. Es un mecanismo de defensa único y admirable, una guerra avisada, buscando el proceso de coagulación. Solo que, por más avisada, muchos soldados mueren en el intento.

Por ejemplo, los pacientes con afectación por COVID-19 presentan un aumento progresivo del Dímero D. Término que pasamos desapercibido en un examen de sangre, donde busca un fragmento de proteína que se produce cuando un coágulo de sangre se disuelve en el cuerpo.

He allí la importancia de la coagulación, que evita la pérdida excesiva de sangre cuando nos lesionamos. Es un biomarcador de laboratorio. Un marcador de severidad de la enfermedad, en este caso, su elevación significativa en pacientes con COVID-19, en comparación con aquellos cuyos síntomas de otras afectaciones son más leves.

La vida de este biomarcador es breve en horas, es de suma importancia en situaciones patológicas asociadas a trombosis, como el cerebrovascular, la trombosis venosa profunda, tromboembolismo pulmonar y la coagulación intravascular. Vamos a encontrar niveles muy elevados de Dímero D, que dependerá mucho del tiempo transcurrido desde la trombosis.

Y es aquí cuando ese biomarcador entra en juego hasta con aquellos que no han sido parte de la COVID-19, tan necesario para medir cualquiera alteración de la coagulación, y que no padeciendo ninguno de estos factores, puede desarrollarlo si padece de un cuadro inflamatorio sin saberlo. Disparadores como un resfriado, un cambio de temperatura y más en proceso de tratamiento médico, etc. Pueden desencadenar múltiples secuelas de trombosis, y algunas de ellas al contraste sin saber a una determinada vacuna sin el factor ARN mensajero.

Hay otras situaciones no relacionadas a trombosis en las que está aumentando este biomarcador en esta etapa de pandemia. Enfermedad renal, trauma o cirugía reciente, artritis, hemorragias, cáncer y múltiples pacientes internados, entre otros.

El aumento de los coágulos formados en lo pulmonar y trombos venosos es lo que los médicos llaman que se deposita en el espacio aéreo alveolar de los pacientes severos con este cuadro, se explica los altos niveles de este biomarcador.

En este caso es mejor no ignorarlos por más baja estadística. ¡Hay que indagarlos! Tal cual nos llegó la gama de vacunas que solíamos rechazar al principio. Los efectos secundarios, nos tomó tiempo récord educarnos en sus diferencias y ese factor común de defensa. Aunque no se encontraran factores de riesgo mayores, toda diferencia debe ser importante en su valor, pues emprender una cacería contra la inflamación, sin contar con marcadores específicos, sería abrir la caja de Pandora.

Llega un momento en la vida en el que todos tenemos un cierto grado de inflamación. La clave es conocer nuestro cuerpo, y, de ser el caso, recurrir al médico para no dejar que esa chispa se convierta en un fuego incontrolable, sea antes de o después de ponerse una vacuna. Que al final lo que cuente sea salvarnos de muerte del virus y sus variantes. Y de apreciar los factores de riesgo a tiempo. Son experiencias que, en mi caso, me permite hoy contarlo con mayor gratitud por la vida. ¡Vacúnate!

Periodista

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