El fenómeno de El Niño, especialmente agudo este año, está disparando los termómetros en el Caribe colombiano, con temperaturas récord de hasta 40 grados...
Por mantener la tranquilidad de mi mente, evito escuchar las noticias. Confieso que era un adepto para ver o escuchar los noticieros locales en todos sus horarios. Con el irreversible paso del tiempo, fui comprendiendo que esa práctica no era sana. Demasiados escándalos. Demasiados escenarios grotescos. Demasiada corrupción. Y muy poca consecuencia para aquellos protagonistas de los mencionados titulares.
Fulano se robó millones y tiene casa por cárcel. Pero esa casa es como un parque de diversiones que construyó precisamente con dinero que robó. Zutano por su parte, lavó dinero y llegó a un acuerdo de pena que le permite tener país por cárcel, ostentando lo que compra con el dinero que lavó. Mengano no se queda atrás, y cuando estuvo ocupando altos cargos de poder, se hizo con contratos millonarios de manera directa, lo que ahora le acarreó que un juez dictaminara que no hay pruebas que determinen que esos contratos no fueran legales.
Por supuesto que Perensejo no podía ser menos que los demás, y a pesar de tener emplanillada a toda su familia y haber concebido contratos estatales que eran un robo legalizado contra el país, ahora demanda a todo aquel que ose decir lo obvio: que es otro ladrón más.
Esto es un insulto a la ciudadanía. Ahora, un insulto es solamente un insulto si los receptores de este tienen la capacidad intelectual para comprender lo sucedido. Un pueblo embrutecido cada fin de semana por parrandas que celebran la ignorancia colectiva jamás se dará cuenta de lo que sucede. Y, al contrario, aplaudirán a los gestores de todos esos vejámenes, pues su poder soberano como parte del pueblo ha quedado reducido a un trago de guaro y cinco reales... salen baratitos para los que viven de la ignorancia colectiva.
Por eso y muchas cosas más, hago el esfuerzo de no sumergirme en la cloaca que se han convertido los titulares. El problema de nadar en semejante ciénega es que uno se acostumbra a la peste. Ya nada nos causa asco o repulsión. Hechos y cosas que antes eran una alerta tácita para el ciudadano, se han vuelto irrelevantes.
Tenemos que pagar cientos de millones para que un hemiciclo, que todos sabemos que no es otra cosa que el fortín de los malos siga con sus malas artes, porque es legal, palabrita tan jodida en nuestros días.
¿Cómo es posible que algo abiertamente inmoral como la manutención y el aumento de las botellas sea legalizado, y peor aún, tolerado por la ciudadanía? Dígame usted, amigo lector, ¿el dinero de todos es acaso un tema irrelevante?
Claro que no. Entonces, ¿cómo explicamos que sea permitido que gente cuyo único talento es mentir sea la responsable de determinar en qué se usa ese dinero? Hablamos de gente que apoya abiertamente la corrupción, para estar claros.
Creo que algo en lo que podemos estar de acuerdo como mayoría, es que el hemiciclo cuesta demasiado, no genera beneficios, y es tan transparente como como el basalto. Es irrelevante como un instrumento beneficioso para el país actualmente, y es un agujero negro financiero, en donde todo lo que entra, desaparece sin dejar rastros.
No podemos seguir tolerando que personajes con prontuarios más extensos que sus CV´s sigan bloqueando al país. Si bien hemos carecido de líderes desde hace mucho, los grandes chantajistas de la gobernabilidad residen en el fortín de los intocables, desde donde se envalentonan para insultar y hasta para amenazar a un pueblo que clama por transparencia y desarrollo detrás de las vallas que ellos mismos mandan a colocar para evitar enfrentar la realidad.
Son nuestros empleados, pero no nos dejan darles órdenes. Pagamos sus salarios abultados, pero no nos rinden cuentas. Hacemos que lleguen al poder, pero dicen estar por encima del soberano.
He ahí nuestra responsabilidad. Esa gente llega al hemiciclo con el voto de gente que ahora mismo, o está arrepentida (ya pa´qué), o está pasando páramos y arrepentida. El arrepentimiento es la excusa cobarde de aquel que sabe que eligió mal, y que lo hizo con intención.
Chiste cruel que aquellos que no votamos por esa gente estemos igual de jodidos que la mayoría de los responsables.
En el país donde los residentes del hemiciclo exigen millones, hay niños que prefieren morir a seguir mal viviendo, mientras las entidades que supuestamente velan por su seguridad hacen nada para evitar el triste desenlace.
En el país donde funcionarios cambian de “patirrajao” a “rabiblanco” en tres meses, niños se ahogan porque se los llevó un río mientras iban a clases, pues no había puente.
En el mismo país en que a los supuestos hacedores de leyes les importa más mantener exoneraciones para lujos, que hacer leyes para mantener la seguridad y la paz, al bueno lo joden, y al malo lo premian.
En el país de los contrastes, no hay agua potable, pero la gente sale a celebrar junto con los residentes del hemiciclo cada fin de semana, abrazando a sus opresores y dejando sin importancia aquello que es primordial: el futuro del país.
Elegir mal es empuñar el arma con la que se mata un país y su futuro.
Dios nos guíe.