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Ulán Bator es la capital de Mongolia y concentra a unos 1,79 millones de habitantes. Su nombre, en mongol, significa “héroe rojo” o “guerrero rojo”. Mongolia está situada en el centro de Asia, entre Rusia, al norte, y China, al sur. El país cuenta con una población cercana a los 3.5 millones de habitantes y una superficie de 1,56 millones de km2.
En esta ciudad se celebra, desde el 17 de agosto hasta el 28, la 17.ª Conferencia de las Partes (COP) de la Convención de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de Lucha contra la Desertificación (CNULD o UNCCD, por sus siglas en inglés), COP17, bajo el principio de restaurar la tierra, restaurar la esperanza y, en base a este lema, se “centra en hacer frente a la desertificación, la degradación de las tierras y la resiliencia ante la sequía”.
La urgente necesidad por renovar las tierras o el peligro inminente y el reto inmediato de tener que producir un 50 % más de alimentos en este momento hasta el 2050, consideran los expertos, que se abordarán en esta Cumbre, aparte de otros desafíos. Además, agrega el hecho fortuito, según la información pertinente, de que gran parte de su territorio se ve seriamente afectado por el suceso de la degradación del suelo y la sequía.
Implica entonces —y para todo el planeta— la real importancia del simbolismo que representa la sede de dicho evento, con la asistencia de 197 países, respecto al rigor y deterioro alarmante de los suelos de este país, que ya comienza, en otras partes del mundo, a hacer su aparición, y los requerimientos de producción de alimentos para una creciente demanda mundial de la población.
Resalta la trascendencia de celebrar en Mongolia el cónclave, pues la pérdida del valor intrínseco de los suelos, lo cual se refleja con la intensidad de los debates reales que hace tiempo están afectando zonas áridas y los medios de vida de las áreas rurales.
Pero, si hacemos una retrospectiva en el tiempo y el espacio, desde la aparición de la Primavera Silenciosa, de Rachel Carson —quizás un poco más atrás—, pasando por la Cumbre de Río, Río+ y tantas otras Cumbres, fueron la génesis y marcaron el rumbo de una incipiente preocupación por los temas ambientales, hasta llegar a las COP y algunos otros empeños adicionales.
En esta ocasión, y de acuerdo con lo programado en la reunión, la primera semana estará enfocada en negociaciones técnicas, mientras que la segunda semana, con un mayor nivel, analizará aspectos de trascendencia, incorporando diálogos ministeriales, abarcando cuatro jornadas temáticas: financiación; agua; tierra y personas; y sistemas alimentarios y salud del suelo, que incluyen distintos paneles y actividades.
Adicional, al momento de redactar estas líneas, parece que se está excluyendo de la agenda cuestiones de la sociedad civil, pueblos indígenas y género en las negociaciones sobre desertificación y sequía, a solicitud de los EE. UU. Igualmente, como ocurre en la mayoría de estos foros, se omiten materias de igual o mayor trascendencia.
La Cumbre debe darle continuidad y cumplimiento a la celebrada en diciembre de 2024, en Arabia Saudí, donde quedó inconclusa la aprobación de esquema vinculante para cumplir acuerdos referentes con el problema de la sequía a nivel global.
Ulán Bator y COP17 intentan nuevamente unificar criterios en torno a uno de los tantos temas acuciantes que aquejan al globo terráqueo, y que hemos hecho alusión anteriormente, con signos alarmantes y perturbadores que va adquiriendo matices de grandes magnitudes por lo que se observa en diferentes lugares de la Tierra.
La naturaleza, los sistemas están propensos a sinergias y grandes transformaciones en la dinámica de los tiempos. El Fenómeno del Niño, Cambio Climático, Efecto Invernadero, Calentamiento Global, Lucha contra la Desertificación, Sequía, todas las Cumbres realizadas y las que están por llegar, van definiendo el horizonte y rumbo del Universo.
Aspiramos a que no sea un acto más en el panorama mundial. Que los participantes eviten lo menos posible contribuir con la emisión gases efecto invernadero, la huella de Carbono, CO2 en los viajes aéreos al sitio, excesivos gastos, alimentación ovípara y grandes banquetes.
Tampoco quiero descender a críticas insulsas, diatriba innecesaria, pero ya se tienen los pronósticos, abundante y numerosa información técnica —pero varía con el paso de los años— acerca de esta temática.
También, de manera objetiva, pueda interpretarse como el costo de una excesiva burocracia internacional que sobrevive en función de estas realidades, internalizando estos acontecimientos y no sabemos, a ciencia cierta, una actitud más frontal y combate real y efectivo a estos flagelos que azotan a la humanidad.
Los esfuerzos son insuficientes. Ha faltado mayor capacidad y compromiso de país. Todavía privan los intereses hegemónicos de las grandes potencias. Hay muchas preguntas que realizar e interrogantes que hacer.
Las palabras claves, a mi juicio, puedo equivocarme, son Decisión, Financiamiento, Voluntad Política y ACCIÓN. Los Gobiernos, Estado, Organizaciones, Academia, cada uno debe cumplir lo pactado y acordado. Ya no hay excusas para más eventos.
Ojalá, Gengis Kan, o Temuyin, en su Mongolia natal, perspectivas atemporales, tenga premoniciones favorables, para intentar éxitos en las deliberaciones.