• 19/12/2012 01:00

La cultura apocalíptica

A dmiro la cultura Maya. Y creo que sabían muchas cosas que nosotros no sabemos que sabían y otras que simplemente nosotros no sabemos. ...

A dmiro la cultura Maya. Y creo que sabían muchas cosas que nosotros no sabemos que sabían y otras que simplemente nosotros no sabemos. Para adentrarse en esta civilización milenaria y sus predicciones hay que leerlas y entenderlas y esto implica conocer su mundo científico, religioso y espiritual. Estas predicciones que fueron creadas por diferentes generaciones y que no siempre se apegan a la realidad, tal vez nunca sucedan. Me refiero a los que creen que el fin del mundo será este 21 de diciembre debido a las interpretaciones que se le ha dado al calendario Maya y que le ha dado la vuelta al mundo y el miedo se ha apoderado de millones de personas. Sobre el particular, la agencia de noticia Reuters realizó una encuesta a 16,262 personas en 21 países y encontró que 1 de cada 10 personas cree que es inminente el fin del mundo. 1 de cada 7 personas experimenta miedo o ansiedad por ese enfoque. Los números más altos están en Turquía, Estados Unidos con el 22 por ciento; le siguen Rusia, Polonia, China y Turquía. La gente con menos educación e ingresos y menores de 35 años son los más crédulos.

El calendario Maya termina el 21 de diciembre de 2012. La piedra donde aparece el calendario está claramente erosionada y llega hasta esa fecha, debido precisamente al desgaste, por lo que se supone es el final. Es como el 31 de diciembre para nosotros: el fin de un año y el comienzo de otro. Realmente no conozco evidencia científica sólida y sensata que permita hablar de esta fecha como fin del mundo. Me puedo equivocar, claro. Pero mis pobres certidumbres humanas me dicen que habrá un 22 de diciembre y que el mundo seguirá andando. No sé hasta cuándo, cuando nuestra especie parece estar cada vez más enardecida matándonos entre nosotros, destruyendo los árboles y los espacios verdes, contaminando las aguas, consumiendo desaforadamente los recursos naturales, envenenando el aire y los alimentos, destrozando la atmósfera, y qué decir de la polución de los combustibles a causa de compañías petroleras, alterando el clima y haciendo un salvaje esfuerzo por convertir este planeta en una roca desolada, inerte y vacía. He aquí nuestra ‘cultura apocalíptica’. Es así como nos preparamos para el fin del mundo, en otras palabras, una muy buena preparación autodestructiva para el fin de la humanidad.

El sacerdote o ‘sabio maya’ Pedro Yac, de Guatemala, el jueves 12 de diciembre del 2012 pronunció una breve plegaria, lejos de los temores del fin del mundo, en la primera ceremonia maya efectuada en Cuba: ‘Lo que nosotros andamos compartiendo con la gente es que seamos más sencillos. Siento ‘pena’ porque se han atribuido al pueblo Maya predicciones sobre el fin del mundo, el próximo 21 de diciembre’. Lo que puedo entender del mensaje es que se anuncia y fomenta un cambio espiritual y no el fin del planeta. No obstante, aún no hay un acuerdo final entre este pueblo acerca de una posible catástrofe. Las fuentes son escasas y contradictorias y, por ello las especulaciones, la madre de todos los males. Adicionalmente, los astrónomos y otros científicos han rechazado los pronósticos apocalípticos como pseudociencia, declarando que los eventos anticipados se contradicen con las más simples observaciones astronómicas. Por ejemplo, la NASA ha comparado los temores sobre el 2012 con el temor al fin del mundo del 31 de diciembre de 999 y el del 31 de diciembre de 1999.

¿Por qué millones de personas se angustian cíclicamente con ese tipo de malos augurios? Para mi parecer, además de infundir miedo, es la culpa. La viejísima y malquerida culpa: inconsciente, enorme, angustiante. Una humanidad que alberga en un oscuro rincón de su psiquismo un tsunami de sentimientos de culpa por el violento destrozo que estamos haciendo del planeta en el que vivimos. Esa culpa nos hace ver el apocalipsis a la vuelta de la esquina. ¿Fin del mundo? No. No creo. Y, menos creo cuando en la Biblia Jesús dijo que ni Él sabe cuándo es el fin del mundo. Así es que, tranquilos. Lo que sí es seguro es que vivimos en una ‘cultura mental apocalíptica’. La gente quiere creer en algo aunque ese algo signifique tener miedo y culpa y así darle sentido a sus vidas. Esto es una evidencia de qué tan fracturada está nuestra existencia psicosocial. Es paradójico, pero esa sensación terrorífica termina provocando alivio. Porque cuando llega el día después y no ha pasado nada, nos aliviamos.

¿Puedes hacer algo? Pienso que sí. Tal vez lo que a continuación detallo esté a tu alcance: ayuda a evitar el pánico y la zozobra y, encamínate hacia un cambio personal para el 2013, como proyecto de vida que contribuya a una mejor calidad de vida. No pierdas tiempo con informaciones sensacionalistas. Recurre a fuentes confiables. Lee artículos y libros serios. No creas todo lo que te dicen. Cultiva un sano escepticismo. Cultiva tu apertura mental. Libérate de fanatismos y de emociones enloquecedoras. Comunícate con tus redes sociales. Ayuda a razonar, a pensar con lucidez, a descartar las visiones disparatadas. Ayuda a que este diciembre sea más armónico, equilibrado y agradable. Yo creo en el poder de la FE, mi protección espiritual y mental. Me resguarda de creencias sin sentido. Yo creo en un cambio en la conciencia humana. ¿Y tú?.

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.

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