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- 25/11/2020 00:00
Cultura como expresión de relaciones sociales
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Agrega La Estrella en Google ↗️Desde su etapa más primitiva, los humanos adquirieron la noción de necesidad de vida en grupos, que se fueron haciendo más complejos en la medida que se sofisticaban y adquirían conciencia de sus capacidades para desarrollar núcleos que comprendieran la naturaleza. Así, establecieron las instituciones para permitir esa convivencia como fuerza fundamental y enriquecer su propia existencia a través del trabajo tanto físico, como espiritual.
El agrupamiento como colectivos brindó paulatinas formas que buscaban heredar costumbres; ellas tuvieron manifestaciones de diferente tipo y posibilitaron dejar el registro de su existencia y de su paso por determinados territorios, donde fueron modelados, según signos que se convirtieron en códigos para representar particularidades distintivas en tales comunidades.
Así, tan pronto Panamá se independiza de España y no obstante unirse a Colombia, durante gran parte del siglo XIX, se gestó una conciencia de lo panameño, a través de mirar hacia atrás, buscar las raíces y asumir las características adquiridas por la población agrupada en el istmo. Mariano y Justo Arosemena, entre otros contribuyeron a trazar esos perfiles y luego de alcanzar la separación con la nación vecina, se pudo dar sentido a estos patrones.
El presidente de la República, Laurentino Cortizo Cohen estampó su firma en la ley 175, denominada General de Cultura durante las celebraciones patrióticas de este año y como acto sobresaliente el 3 de noviembre. De esta manera, dio un sentido altamente significativo a esta norma que se constituye en síntesis de historia, relaciones sociales y valores propios de la nación panameña y que surge en un momento crítico y compartido por toda la población.
Esta ley, uno de los compromisos básicos de la actual administración, tiene la finalidad de “diseñar y ejecutar una política pública inclusiva y participativa que estimule y salvaguarde las expresiones culturales y los procesos creativos en el país, el patrimonio cultural panameño, el diálogo entre culturas y la cooperación cultural internacional como medios necesarios para promover el ejercicio de los derechos culturales y el desarrollo sostenible.”
De allí la importancia de esta Ley General de Cultura, que procura sistematizar un conglomerado de valores y prácticas que han tenido un avance sin un criterio estable; a través de un cuerpo de lineamientos que no solo expone determinadas actividades, sino que da a ellas una fortaleza para que logren eliminar las incertidumbres y buscar una ruta con orientación clara de hacia donde se debe encaminar esta diminuta nación y sus ciudadanos.
De igual manera, reconoce actores tanto comunitarios, como empresariales, llamados 'clústers' creativos. Los primeros, grupos de personas que comparten referencias constitutivas de una identidad; mientras los otros, son organizaciones propias de un sector de la economía, que colaboran estratégicamente a fin de generar nuevas ideas y aumentar la productividad en aras de la competencia. Esto une a ambos con el ámbito financiero.
Se propone también el concepto de derecho cultural y se expone su alcance (indígenas, afrodescendientes, mujeres) a través de principios, tanto individual y masivo; así como a sus variadas opciones y particularidades, su acceso y comunicación. Es importante la consideración de vincular esta materia con el desarrollo sostenible y por eso, delinearla transversalmente en las políticas, un gran paso en la planificación estatal.
De allí se organiza la gobernanza y el papel de las instancias sociopolíticas que deben consolidar una variante cultural en sus planes. También se delinean las expresiones que constituyen el campo de trabajo y la orientación que estimule a artistas individual y colectivamente.
Un total de 241 artículos dejan constancia de la importancia de la educación, el patrimonio en sus múltiples formatos, la digitalización, el paisaje y los centros de preservación, que dan una nueva dimensión cultural al país, interna y externamente. Es una ruta novedosa cuyo recorrido será tarea ardua, pero que enorgullece.