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- 09/05/2015 02:00
Deberes ineludibles del presidente de la República
El ciudadano presidente de la República es la persona que la mayoría de la ciudadanía elige mediante elecciones populares democráticas para un periodo de Gobierno fijado por la Constitución Política de la Nación (en Panamá el periodo es de 5 años). El presidente, una vez elegido, al tomar posesión del alto cargo ante la Asamblea Nacional prestará juramento en estos términos: ‘Juro a Dios y a la Patria cumplir y hacer cumplir fielmente la Constitución y las leyes de la República'. Juramento que debe respetar y cumplir en toda circunstancia, tiempo y lugar mientras dure su mandato.
El Órgano Ejecutivo está constituido por el presidente de la República, con la indispensable cooperación de los ministros de Estado. Es decir, en cada caso particular, el presidente con el ministro del ramo respectivo, representa el Órgano Ejecutivo.
Según establecía la Constitución de 1946 (aún vigente), son atribuciones que puede ejercer por sí solo el presidente de la República: 1º. Nombrar y separar libremente a los ministros de Estado; 2º. Velar por el funcionamiento regular de la administración y por la conservación del orden público; 3º. Vigilar la recaudación y administración de las rentas nacionales; 4º. Velar por la buena marcha de los establecimientos públicos; 5º. Cuidar de que la Asamblea Nacional se reúna el día señalado por la Constitución o por el decreto por el cual haya sido convocada a sesiones extraordinarias, y 6º. Presentar a principio de cada legislatura, el primer día de sesiones ordinarias, un mensaje sobre los asuntos de la administración.
Además de las atribuciones que puede ejercer por sí solo el presidente de la República, y otras más que debe ejercer con la cooperación del ministro respectivo y del Consejo de Gabinete, según el caso, debe en todo momento, desempeñar la función encomendada con cabal sentido de responsabilidad, conciencia de la propia idoneidad y espíritu de sacrificio. Debe entender que la posición escalada no es una canonjía ni un bien de uso indiscriminado, sino un mandato que da derechos, pero que también impone deberes indeclinables.
El presidente de la República debe saber librarse de las influencias partidistas, presiones de grupo y de toda demanda unilateral del interés creado, comprendiendo que la única causa que ha de servirse es la del bien común (de la colectividad). Así, ha de proceder con ecuanimidad, juicio sereno y decisión firme en la solución de problemas que se plantean a su personal consideración y obrar sin flaquezas ni dubitaciones cuando se trate de reprimir la ilegalidad y castigar las violaciones de las prescripciones normativas.
Es imprescindible escoger colaboradores capaces, honestos y laboriosos, librándose de los males del favoritismo, de la oligarquía y de los afectos familiares (nepotismo), valores negativos si no se hallan acompañados con el testimonio de una probada eficiencia y una indiscutible capacidad moral. Además, resulta indispensable cumplir lealmente los propósitos expuestos en la toma de posesión del cargo, avalando la seriedad de la promesa con actitudes de consecuencia de principio ético y moral y de rectitud funcional.
El presidente debe tener presente (y no olvidar en ningún momento), que para exigir a la ciudadanía orden, honradez, conducta y esfuerzo, es preciso obrar en los planos superiores con fuerza de ejemplaridad. Vale decir, servir sin defecciones la doctrina del interés público y no ceder ante los juegos políticos que conspiran contra la dignidad. Esto es, comportarse con cordura y exento de pasiones, firme el convencimiento de que no existen amigos y adversarios, sino integrantes de una única entidad institucional.
Y finalmente, el presidente de la República, debe tener la valentía de abandonar el cargo, cuando la vindicta pública (el pueblo, el mandante) señala con su dedo acusador la violación a la Constitución y a las leyes de la República, de los deberes, la incapacidad funcional o el abuso de las facultades otorgadas, entendiendo que honra más una retirada digna que un poder detentado por razón de empecinada prepotencia y sin contar con la confianza de los gobernados y el indispensable respeto de la sociedad.
¡Es solo un aporte docente!
MAESTRO DE CIUDADANOS.