• 31/07/2026 00:00

Eclosión de mujeres cuentistas en Panamá

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Resulta bastante evidente que escribir sobre lo que uno más conoce, tiende a convertirse en costumbre; entre otras razones porque hay que investigar menos y porque hacerlo produce un muy particular placer a quienes escribimos casi a diario desde hace muchísimos años. Por supuesto, es con creces mi caso. Y heme aquí una vez más razonando sobre temas literarios que no nada más me resultan familiares, sino que además me doy cuenta de que cada día que pasa también motivan a mis lectores, y van ganando adeptos...

Para quienes se interesan en los siempre vigentes menesteres de la cultura nacional, y de la creación literaria en particular, no deja de ser interesante el hecho de que en lo que va del siglo XXI la producción femenina del cuento en Panamá se ha triplicado con altas cuotas de calidad artística. ¡Sin lugar a dudas! Su contribución está perfectamente documentada para quienes sientan la curiosidad de saber más al respecto.

Y por supuesto, esto no ocurre porque el cuento sea un género literario fácil, ni mucho menos. Por el contrario, resulta que es uno de los más complejos y variados. Cada vez más, a la par de la creciente y diariamente variante turbiedad de la vida humana en nuestro sufrido planeta. Lo cual pareciera ser, en sí mismo, un impulso inédito válido siempre en crecimiento; siempre a la caza de nuevas vertientes de originalidad expresiva en lo que a creación literaria se refiere, ya se trate de la nueva cuentística, o de la novelística que abiertamente también pretende mantenerse actualizada y, por tanto vigente, tanto en Panamá como en el mundo entero...

Escribo estos apuntes fugaces desde el entusiasmo, desde la certeza absoluta de que a las letras panameñas les esperan, a corto y mediano plazo, días de gloria. Sobre todo al cuento, el género literario de mayor relevancia en estos momentos, tanto por la impresionante cantidad de nuevos narradores que han venido dándose a conocer en tiempos recientes, como por la calidad y variedad sorprendentes en su todavía breve y concisa producción.

Se está dando, sin lugar a dudas, una renovación muy importante de la narrativa breve nacional. Muchas son las nuevas voces que han ido surgiendo con pequeñas y modestas obras que no han merecido aún la atención debida por su calidad. Además, continuamos en el mapa cultural del país los autores de generaciones anteriores, los que tenemos una larga trayectoria de producción literaria y seguimos escribiendo y publicando a la par de las nuevas generaciones, lo cual enriquece y diversifica enormemente los registros temáticos y estilísticos de las letras panameñas y, por tanto, las opciones de la literatura misma. Numerosas antologías que he ido publicando dan cuenta de la cada vez más amplia eclosión de nuevos narradores, por lo que el fenómeno está perfectamente documentado. Y no es ocioso comentar que al menos un 60% de estas nuevas voces las conforman talentosas mujeres de cinco generaciones...

Desde las que por el momento sólo tienen una colección de cuentos en su haber (Erika Harris; Marisín González; Zary Alleyne; Gilza Córdoba, Eyra Harbar; Ana Lucía Herrera; Indira Moreno; Digna Valderrama; Arabelle Jaramillo; Lupita Navarro; Shantal Murillo y Diana Mayora, entre otras), hasta las que hasta ahora, en el otro extremo, han publicado hasta siete libros en este género (me refiero a Lupita Quirós Athanasiadis), según nos lo indica el “Directorio de Escritores Vivos de Panamá”, de la UTP. Pero entre un extremo y otro son muchas las cuentistas con dos, tres o al menos cuatro colecciones de buenos libros ... Súmense, además, numerosos narradores varones de reconocido talento, así como otros que recién se estrenan... Tan alentador fenómeno no ocurre en ningún otro país de Centroamérica. Sin duda, a este auge han contribuido tanto el “Diplomado en Creación Literaria” de la Universidad Tecnológica de Panamá, como las clases “PROFE” del Ministerio de Cultura. También, por supuesto, diversos talleres dictados por buenos escritores.. Pero cómo negar que no pocos nuevos autores panameños son producto de su propia hechura.

Ya va siendo hora de que quienes ejercen otras profesiones, también se acerquen al flujo creativo de las letras panameñas, y en sus ratos libres se dejen contagiar por su influjo, que a menudo sabe ser contagioso... Pienso en grandes escritores que ejercían otras profesiones: Ricardo J. Bermúdez, arquitecto; José Guillermo Ross-Zanet, Rosa María Britton, Basilio Dobras y Dimirious Gianareas, médicos; Tristán Solarte (seudónimo de Guillermo Sánchez Borbón), periodista; Giovanna Benedetti, Eyra Harbar y Porfirio Salazar, abogados; José Luis Rodríguez Pittí, Félix Armando Quirós Tejeira, Eduardo Jaspe Lescure y Carlos Oriel Wynter Melo, ingenieros.

El fenómeno literario panameño empieza en el siglo XIX en pleno auge del movimiento modernista, con obras producidas por Darío Herrera (1870-1914), poeta sobresaliente considerado el primer cuentista panameño con su libro “Horas lejanas” (1903), así como con los también poetas y cuentistas Ricardo Miró (1883-1940) y Gaspar Octavio Hernández (1893-1918), fallecido como periodista en la Redacción de “La Estrella de Panamá”.

* El autor es escritor, profesor jubilado, promotor cultural y editor
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