• 04/03/2026 00:00

El desafío de Panamá: crecer con el mejor talento humano

Panamá ha construido, en las últimas tres décadas, una de las historias de crecimiento más sólidas de América Latina. Con una economía abierta, una fuerte apuesta por la inversión y una plataforma logística única, el país logró expandir el ingreso per cápita, fortalecer su clase media y reducir la pobreza. Ese desempeño sentó bases importantes para el desarrollo y posicionó a Panamá por encima del promedio regional.

Hoy, con esas bases consolidadas, el país se encuentra ante una nueva oportunidad: asegurar que su crecimiento futuro esté cada vez más respaldado por las capacidades de su gente. En un contexto internacional que demanda cambios acelerados en el mercado laboral, fortalecer el capital humano se vuelve el motor principal para sostener el progreso y ampliar las oportunidades sociales. Es en este punto donde los desafíos del desarrollo se vuelven más complejos.

Durante los últimos años, Panamá logró transformaciones estructurales importantes. La reasignación del empleo hacia sectores de mayor valor agregado, como servicios modernos, logística, construcción y actividades vinculadas al Canal, entre otros, contribuyó a impulsar la productividad y el crecimiento económico.

El Índice de Capital Humano (HCI) del Banco Mundial muestra un dato que debería generar una conversación nacional: un niño nacido hoy en Panamá solo alcanzará aproximadamente el 54% por ciento de su potencial productivo futuro, dadas las condiciones actuales de salud, educación y participación laboral. Este indicador contrasta con el desempeño económico del país y evidencia que el desafío central está en fortalecer las capacidades humanas necesarias para sostener el crecimiento.

Detrás de este 54 por ciento, hay realidades que no pueden ignorarse. La calidad de la educación sigue siendo un obstáculo crítico: los años de escolaridad no se traducen en aprendizaje efectivo y la brecha de aprendizaje es una de las más altas de la región. A esto se suman déficits en nutrición y estimulación temprana en los primeros cinco años de vida, y una transición laboral que no está preparando a los jóvenes para una economía que requiere habilidades más tecnológicas y digitales.

Panamá cuenta con ventajas únicas: un sector privado dinámico, una plataforma logística de clase mundial y una posición geográfica estratégica. Aprovechar plenamente ese potencial exige que estas fortalezas se traduzcan en oportunidades reales, y eso depende del capital humano. Ningún sector salud, turismo sostenible, agroindustria, manufactura o servicios especializados, podrá escalar si la fuerza laboral no cuenta con las competencias que el mercado actual demanda.

El país necesita una apuesta sostenida por la primera infancia, la educación pública, la formación técnica y la atención de salud. Invertir en nutrición, aprendizaje temprano y habilidades laborales no es un gasto, sino una de las decisiones económicas más estratégicas que puede tomar un país. En un momento clave para el sistema educativo, estas prioridades deben asumirse como una inversión que define la capacidad de Panamá para sostener su crecimiento en los próximos años.

Solo con personas mejor preparadas será posible generar empleos de mayor calidad, atraer inversión más sofisticada y elevar de manera sostenida la productividad. El capital humano es el puente entre el crecimiento económico y mejores oportunidades para la población.

Panamá ya demostró que puede crecer con dinamismo y atraer inversión en sectores estratégicos. El siguiente paso es profundizar ese modelo, poniendo al capital humano en el centro de la agenda de desarrollo. Si el país logra articular inversión privada, instituciones públicas efectivas y una agenda ambiciosa en salud, educación y formación de habilidades, podrá consolidar un crecimiento más inclusivo, elevar su productividad y generar más y mejores empleos para todos los panameños.

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