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- 07/04/2026 00:00
El GENIUS Act: las monedas estables y la nueva estrategia tecnológica de Estados Unidos
En un contexto de creciente competencia tecnológica global, el 18 de julio de 2025 el Congreso de los Estados Unidos aprobó el llamado “GENIUS Act”, una iniciativa legislativa que busca consolidar su liderazgo en innovación, particularmente en áreas como la inteligencia artificial (IA), la ciberseguridad, las tecnologías emergentes y las llamadas monedas estables” como USDT y USDC, esto último su objetivo principal. Ahora bien, más allá de una simple ley, el GENIUS Act representa una pieza clave dentro de una estrategia geopolítica mucho más amplia.
El objetivo central del “GENIUS Act” es claro: garantizar que Estados Unidos mantenga su posición dominante en el desarrollo y control de tecnologías críticas. Esto implica no solo fomentar la innovación, sino también establecer reglas que aseguren que estas tecnologías se desarrollen de manera segura, ética y alineada con sus intereses nacionales.
Uno de los pilares fundamentales de esta iniciativa es la regulación de la inteligencia artificial y las monedas estables. A diferencia de enfoques más restrictivos como el de la Unión Europea/OCDE, de los cuales Panamá se debe alejar; el modelo estadounidense busca un equilibrio entre regulación y crecimiento; creando estándares de transparencia, evaluación de riesgos y supervisión, especialmente en sistemas de alto impacto como los utilizados en defensa, finanzas e infraestructura crítica.
A diferencia de lo que sucede en Europa donde los jugadores importantes le han salido huyendo a una regulación excesiva que inhibe el crecimiento, el “GENIUS Act” no se limita a regular sino, sobre todo, a impulsar activamente la innovación; a través de incentivos a la investigación y desarrollo, apoyo a startups tecnológicas y alianzas entre universidades y el sector privado, el gobierno estadounidense busca acelerar el ritmo de avance tecnológico. Esta combinación de regulación e incentivo es clave para entender su enfoque: no frenar la innovación, sino dirigirla estratégicamente.
Otro punto de importancia es la seguridad nacional. En un mundo donde la tecnología define el poder económico y militar, el control sobre tecnologías sensibles se vuelve crucial. “El GENIUS Act” incluye mecanismos para restringir exportaciones tecnológicas hacia países considerados adversarios y proteger infraestructuras críticas frente a amenazas cibernéticas.
En este punto, es imposible ignorar el contexto global. La creciente rivalidad con China ha sido un factor determinante en la formulación de esta ley. Estados Unidos busca no solo competir, sino también establecer estándares globales que otros países adopten, consolidando así su influencia en el ecosistema tecnológico internacional.
Igual que el FATCA, el “GENIUS Act” trasciende las fronteras estadounidenses. Al igual que otras regulaciones tecnológicas previas, sus efectos se sentirán en empresas y gobiernos de todo el mundo. Las compañías que deseen operar o interactuar con el mercado estadounidense deberán adaptarse a estos nuevos estándares, lo que podría generar un efecto dominó en la regulación global.
Esto plantea un escenario de posible fragmentación tecnológica. Por un lado, Estados Unidos impulsa un modelo relativamente flexible y orientado al mercado, al cual debiéramos adherirnos; por otro lado, está Europa con marcos regulatorios excesivamente restrictivos, que espantan la inversión, la innovación y el desarrollo de las nuevas tecnologías, de los cuales debiéramos alejarnos de una vez por todas; mientras que China mantiene un enfoque centralizado bajo control estatal. El resultado podría ser un mundo dividido en bloques tecnológicos con reglas distintas.
Sobre este último punto, Panamá ha cometido un grave error, una vez más, al desbocarse e irse de bruces a firmar el 2 de diciembre de 2025, el Acuerdo Multilateral de Autoridades Competentes sobre el Marco de Reporte de Criptoactivos (CARF MCAA), sin tener siquiera aprobada una ley de activos virtuales. En vez de seguir alineándonos a los “estándares” de la OCDE y la UE, enemigos declarados y probados de nuestro sistema fiscal territorial y del Centro Financiero, debiéramos en tal caso alinearnos con los estándares de Estados Unidos y el “GENIUS Act”.
Las implicaciones económicas del “GENIUS Act” también serán significativas. Se espera que impulse la inversión en sectores tecnológicos, genere empleo especializado y fortalezca la competitividad de las empresas estadounidenses. Sin embargo, también plantea desafíos, especialmente para empresas más pequeñas que podrían enfrentar mayores costos de cumplimiento. En síntesis, el Genius Act no es simplemente una ley sobre nuevas tecnologías. Es una herramienta estratégica que combina innovación, regulación y geopolítica. Su objetivo no es solo liderar el desarrollo tecnológico, sino también definir las reglas del juego en el escenario global.
Su implementación será clave para entender cómo evolucionará la economía digital mundial y qué países lograrán posicionarse dentro de este nuevo orden tecnológico. Mi opinión es que debemos “destetarnos” de la OCDE y la Unión Europea y alinearnos con los Estados Unidos y el “GENIUS Act”, de lo contrario nos quedaremos rezagados de esta nueva era que se avecina.