El edificio, cerrado hace más de una década por problemas estructurales, pasó de albergar a cientos de estudiantes a convertirse en un albergue temporal...
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Agrega La Estrella en Google ↗️Estamos en un mundo movido por múltiples factores que cambian constantemente, y hay uno que es impredecible: la salud. A veces nos llega de repente una alerta que nos hace considerar nuestra vida y nuestro proceder en cada acto que hagamos. Comparto con ustedes un aspecto muy personal sucedido hace poco y que afecta grandemente hasta al más prevenido y seguro de sí mismo. Cuando menos te acuerdas, te llega un dolor muy fuerte que rápidamente pone tu diario quehacer en pausa.
De repente sentí un dolor muy profundo en la cabeza. Al ir al médico me diagnosticaron un nervio inflamado y algo en el oído, con sus respectivos medicamentos. Al pasar los días, el dolor ya era intolerable y en medio de días libres tuve que ir a emergencia. Resulta que era “shingles” (culebrilla). Pero de naturaleza muy fuerte. Por supuesto, enseguida vinieron más medicinas antiviral, dolor y antiinflamatorios.
Al seguir el tratamiento, todos los síntomas se multiplicaron y sentí un dolor muy fuerte en ojos, oídos, boca, dientes, encías, nariz. Algo casi indescriptible por su intensidad. Comparto este cuadro, porque una persona no se da cuenta cuando tiene una situación de esta naturaleza, la inutilidad que puede desencadenarse, por más que ponga de su parte. Entonces, es que reaccionamos a lo que representa la generosidad de las personas que nos rodean. Al sentirte impotente es cuando recapacitas sobre la enorme tranquilidad que puede darte una mano amiga. Gracias a Dios, teniendo a mi querido esposo siempre a mi lado, siendo el mayor apoyo que jamás una persona pueda tener. Comprendo bien aquellas palabras pronunciadas hace 55 años... en las buenas y en las malas... hasta que la muerte nos separe. Pero también hay otro aspecto que influye profundamente en una situación así. Y es el apoyo de las personas que te rodean.
Tenemos la fortuna de que Dios nos trajo hace tres años a este pueblito pequeñito, pero en su tamaño ofrece todas las conveniencias que una persona puede necesitar. Muy apropiado para personas mayores. Es encantador, hermoso, con un paisaje precioso, llenos de mariposas, pajaritos y todo tipo de flores que se disfrutan en la primavera.
Lo único que no es muy agradable es el frío en invierno. Pero uno aprende a lidiar y a acomodarse. Y al describir el pueblito, que lo tiene todo a una distancia tan cercana que puedes caminar a hacer tus mandados.
Donde casi no se ve un carro de policía porque nunca hay crimen ni accidentes; no hay ruido, ni pitos de carros ni radios, ni gritos. Recorres el pueblo en cinco minutos, y nunca tienes que hacer fila en súper ni otro establecimiento. Donde casi no hay carros, pero lo que sí hay es mucho amor y comprensión. Donde ves conejos y venados en tu patio o jardín, pero también muchos bichos porque es un tipo campo con mucha vegetación.
Pero lo más bello son sus habitantes. Es aún como si uno viviera en aquella época donde aún se pueden dejar las puertas sin llave, o tus cosas afuera, y a nadie se le ocurre tocarlas. Es aquel detalle que tu vecino está pendiente de ti e intercambia algo de comer o un cake recién horneado. Es un centro diurno de personas mayores tan agradables y con aquella candidez y generosidad innata en personas sencillas, pero a la vez, altamente inclinadas en servir a Dios y al prójimo, que se salen de su camino si ven que necesitas ayuda. Que con este episodio se han distinguido una vez más, por su generosidad, y sin pensarlo cocinan algo especial que te agrade y llaman todos los días para ver qué necesitas? Sin importar lo que sea, o la distancia que tengan que ir para acomodar tus necesidades.
Entonces, el concepto de esta descripción muy personal, es llevar a conciencia del lector, el gran apoyo que uno puede ofrecer a nuestro semejante en un momento de necesidad, aunque no sea de tu entorno, es parte de tu prójimo, y tu hermano. Qué fácil es reconocer a tu hermano en necesidad. Qué fácil es dar una sonrisa y llevar alegría al que sufre. Qué fácil es decir sí aquí estoy para ayudarte. Qué fácil es desprenderse de algo que no uso, o llevar algo que otra persona puede necesitar. Qué fácil es ser generoso, como Dios lo es con nosotros.