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- 27/03/2026 00:57
Ernesto Endara: condecoración Rogelio Sinán al mérito de toda una vida
Una de las mejores noticias que he recibido en días recientes referida al ámbito cultural panameño, es sin duda la que se refiere a la escogencia del muy querido escritor Ernesto “Neco” Endara (1932), para recibir próximamente el “Premio Rogelio Sinán” 2026, que otorga el gobierno nacional cada dos años.
Por supuesto, tengo la enorme satisfacción de haber propuesto, y logrado, con el apoyo de la Universidad Tecnológica de Panamá de aquella época, hace exactamente 25 años, que la Asamblea Nacional aprobara por unanimidad la Ley 14, del 7 de febrero de 2001, que creó la “Condecoración Rogelio Sinán” por los méritos de toda una vida, y al mismo tiempo el Día del Escritor Panameño cada 25 de abril (fecha del natalicio de Sinán).
Endara no solo es uno de los más prolíficos y completos escritores vivos de Panamá (cuentista, novelista, poeta, ensayista y dramaturgo), sino el autor nacional que a sus 94 años de edad mejor sentido del humor tiene.
Su trayectoria es impresionante, ya que –si no me falla la memoria– ha obtenido diversos galardones en el Premio Nacional “Ricardo Miró” en 17 ocasiones en alguno de los cinco géneros frecuentados por su talento y su pujante dedicación inexpugnables,
No conozco a nadie en Panamá que por una razón u otra no admire a este hombre de letras, en nuestro país uno de los más conocedores de lo mejor de la literatura universal.
Pero uno de esos casos raros en los que la sabiduría siempre ha estado al servicio de un sentido lúdico de la vida, de un espíritu bondadoso y servicial. Para Neco el concepto de la amistad es más que una costumbre, señal de identidad.
Por otra parte, uno de los ángulos más sobresalientes de su personalidad ha sido siempre, a mi juicio, no solamente su buen gusto y su siempre magnífico sentido del humor, sino una suerte de irrevocable carisma con las mujeres. Pero quien lo ve podría pensar sin demasiada dificultad que, callado como aparenta ser, “no mata una mosca”.
Una personalidad poco frecuente entre nuestros escritores. Y, sin embargo -me consta- siempre servicial con todos, siempre solidario con las mejores causas, y enemigo a muerte de corruptelas y de cualquier abuso de autoridad.
Mucho, muchísimo tenemos que aprender de él quienes de una forma u otra formamos parte del mundillo intelectual y artístico panameño. Su modestia, su proverbial humor, su sabiduría sin jactancias de ningún tipo, lo pintan no de cuerpo entero, sino de alma toda. Sin habérselo propuesto, con solamente ser él mismo; o sea siempre...
Cuando como editor en 2006 le publiqué Blackjack, una antología de sus mejores cuentos, comenté en la contraportada de aquel maravilloso libro antológico: “Una colección de 21 cuentos escogidos, representativos de la totalidad de su singular producción cuentística...
Muy poco común es encontrar autores cuyas obras reflejen, al mismo tiempo, un conocimiento profundo, de primera mano, de la vivencias populares, cotidianas, enraizadas en la realidad nacional y en la condición humana, y una evidente sofisticación filosófica e intelectual en el manejo de las ideas y en el dominio del oficio de narrar, pero que sin embargo no hacen –en la escritura misma de sus textos- ostentación alguna de su ecléctica destreza”.
Y más adelante añadía: “Esta mezcla de actitudes y de habilidades que sin duda están ligadas a la personalidad del autor y, por tanto, a su visión de mundo, está presente siempre en la narrativa de Endara...
Ya se trate de temas urbanos en contextos de cierta marginalidad, o de asuntos de índole histórico de naturaleza más bien mitológica, uno siempre tiene la impresión de que el autor domina sobradamente los detalles, y también menos obvios recovecos ocultos tras de aquéllos. Sentimos que existe un conocimiento que sustenta todo lo que ocurre o deja de ocurrir”.
Otros libros de cuentos sobresalientes publicados antes por Neco: Las aventuras de Pitti Mini (1982); Un lucero sobre el alba (1984); Panamá milagrosa (1999) y Receta para ser bonita y otros cuentos” (2001).
Cabe recordar que Endara hizo estudios profesionales en la Escuela Náutica de Venezuela, donde se graduó en 1952. Después de navegar siete años, sirvió ocho como profesor en la Escuela Náutica de Panamá y luego ingresó al Cuerpo de Bomberos de Panamá, hasta 1992.
Asimismo, fue subdirector de El Heraldo, semanario cultural de la década de los noventas del siglo pasado, que fundó y dirigía la escritora nacional Beatriz Valdés Escoffery; y luego su director hasta finales de 2000, publicación en la que también escribía artículos de opinión no recogidos en libro.
Me encantaría que a Neco se le metiera “entre ceja y ceja” la idea de empezar a ejercitar su prodigiosa memoria y su don escritural admirable en la gradual elaboración de una autobiografía. Seguro estoy de que leer algún día sus memorias sería sin duda un ejercicio regocijante de satisfacción espiritual.