El martes pasado, en la Comisión de la Mujer, la Niñez, la Juventud y la Familia, se llevó a cabo, por segunda semana consecutiva, la discusión y las ponencias de los ciudadanos referente al inicio del primer debate del proyecto de Ley 447, que plantea la creación del Instituto Nacional de la Mujer.

Mi posición es, ha sido y seguirá siendo del lado de las mujeres, de su dignidad, de sus derechos y de la construcción de políticas públicas que produzcan resultados reales y sostenibles. No concibo la defensa de la causa femenina como un campo de trincheras minado, ni como un ejercicio de descalificación entre quienes, desde distintas miradas, compartimos principios fundamentales de igualdad, justicia y respeto.

La democracia, y más aún la lucha histórica de las mujeres, se fortalece cuando existe pluralidad de voces, debate honesto y respeto mutuo. Exigir que se imponga una sola narrativa, mientras se intenta desacreditar a quien plantea críticas legítimas, contradice los valores que decimos defender.

Ninguna opinión debe ser subestimada, pero tampoco puede imponerse una visión única bajo la lógica de la presión, el señalamiento o recurrir a las viejas prácticas politiqueras, que creíamos superadas, como utilizar la necesidad de las personas para forzar posiciones por medio de pagos, simplemente inaceptable. Eso no es sororidad, es negación del debate y empobrecimiento de la democracia.

Antes de mí, otras mujeres abrieron camino con valentía y resultados concretos. Como nuestras primeras legisladoras Gumercinda Páez y Esther Neira de Calvo que nos recuerdan que la lucha se honra con compromiso, coherencia y logros, no solo con discursos ni con la invocación simbólica de grandes referentes como Clara González, mientras en la práctica se persigue o desacredita la opinión contraria, y algunos actos terminan por ensombrecer, con su propio actuar, los nombres que dicen representar.

La historia del movimiento de mujeres en Panamá no es uniforme ni monolítica; es diversa, compleja y profundamente valiosa. Honrarla implica actuar con responsabilidad, escuchar con humildad y entender que el verdadero avance no se mide en consignas ni en discursos cómodos, sino en instituciones que funcionan, en políticas públicas que transforman realidades y en derechos garantizados para todas las mujeres del país, especialmente en los espacios donde más se necesitan. Porque la realidad se enfrenta en el día a día, no desde parcelas de poder que, alejadas de la vida cotidiana, pretenden atribuirse una representación exclusiva de la causa femenina.

Mi lucha desde hace tiempo ya, es la lucha de las mujeres mis actos así lo demuestran. Estoy a favor del debate respetuoso, de la transparencia y de la construcción colectiva. Defender mis ideas me reafirma como una mujer libre, responsable y comprometida con un país más justo y desde mis acciones honro permanentemente estos principios.

Esperamos que el próximo encuentro sea un espacio para seguir compartiendo nuestra lucha, apostando por cambios reales y sostenibles, y escuchando las distintas voces de lideresas, ciudadanas y mujeres de nuestro pueblo, que demandamos una institucionalidad fortalecida y eficaz para la protección plena de nuestros derechos.

Lo Nuevo