• 15/02/2015 01:01

Expo Universal 2015

La ciencia de la agricultura hasta ahora ha sido capaz de satisfacer las demandas de producción de alimento en la medida de lo proyectado

Este año se celebra en Milán, Italia, la Expo Universal 2015 para destacar el mayor desafío que enfrenta la humanidad en estos momentos: producir alimentos para miles de millones de personas. Extrañamente, el problema del abastecimiento no es la falta de tecnología agrícola, sino la oposición del extremismo ambientalista que provoca terror y demora la aplicación de los avances científicos.

La ciencia de la agricultura hasta ahora ha sido capaz de satisfacer las demandas de producción de alimento en la medida de lo proyectado. Pero el monstruo de la población sigue haciendo estragos. Solo en los últimos 25 años, la población mundial creció dos mil millones de habitantes. Se prevé que alcanzará los 8 mil millones en 2025 antes de estabilizarse en 10 mil millones en 2080. Evidentemente, del desafío de producir alimentos para un planeta superpoblado surge el dilema de si a los agricultores y ganaderos se les permitirá usar la tecnología disponible.

Uno de los grandes problemas es la difusión de una educación científica que esté a tono con la época. El innecesario enfrentamiento de los consumidores con el uso de tecnología de cultivos transgénicos, ahora tan difundido, podría haberse evitado con una sólida formación sobre la diversidad y la variación genéticas. La realidad es que no podemos atrasar el reloj de la agricultura y utilizar solo métodos que fueron desarrollados para alimentar a un número mucho menor de personas. Llevó 10 mil años aumentar la producción de alimentos al nivel actual de alrededor de 10 mil millones de toneladas anuales. Para 2025, tendremos que aumentar esa cifra y ello no podrá lograrse si los agricultores de todo el mundo no tienen acceso a los métodos actuales de producción de alto rendimiento y a los permanentes avances de la biotecnología.

‘Organismo genéticamente modificado’ (OGM) y ‘alimento genéticamente modificado’ (AGM) son términos ambiguos e imprecisos que han contribuido enormemente al alboroto que suscita la utilización de cultivos transgénicos, cultivos nacidos de semillas que contienen genes de diferentes especies. Mucho antes de que la humanidad comenzara a cultivar plantas, la Madre Naturaleza ya lo había hecho. Las variedades de trigo que actualmente componen gran parte de nuestra provisión de alimentos son resultado de cruzas naturales entre diferentes especies de pastos.

El pan que comemos hoy está hecho de tres genomas vegetales diferentes, cada uno de los cuales contiene una serie de siete cromosomas. Las variedades más primitivas de trigo se llaman ‘diploides’ y todavía crecen en forma silvestre en su zona de origen en Cercano Oriente. Antes del nacimiento de la agricultura, el trigo diploide se cruzó con otra gramínea silvestre y se convirtió en el primer cultivo comercial de trigo importante, que ahora conocemos como ‘tetraploide’ o trigo duro. Este trigo se remonta a los sumerios del 3500 a.C. y siguió siendo el trigo comercial más importante hasta bien entrado el período romano. Entonces, en algún lugar, nadie sabe dónde, los tetraploides se cruzaron con otras especies de gramíneas salvajes para producir los trigos con que hoy hacemos el pan leudado.

Lo que probablemente ocurrió fue que una ligera helada mató el polen de los estambres masculinos a una temperatura justo por debajo del punto de congelación, pero dejó receptivos los femeninos. El estigma femenino resistió en el exterior de la planta, sobre el extremo plumoso del pecíolo, donde se unió al polen llegado de otra planta. Así nació una nueva especie cruzada. Un ‘alimento GM’ de la propia naturaleza.

La modificación genética de las plantas no es brujería. A lo largo de los últimos cien años, el cultivo tradicional de plantas ha producido gran cantidad de variedades mejoradas e híbridos que contribuyen enormemente a lograr un mayor rendimiento de las cosechas y de los ingresos agrícolas. Pero no hay un aumento importante en el potencial de rendimiento genético máximo del trigo y el arroz desde la aparición de las variedades enanas que se dieron en los años 60 y 70.

Para satisfacer las necesidades alimentarias rápidamente crecientes de la población, debemos hallar tecnologías nuevas y apropiadas que permitan elevar el rendimiento de los cultivos de granos y cereales. Hay que aumentar la producción de leche, algodón, maíz, papa, remolacha y soja. Y los mayores desafíos son la ignorancia y la opresión y no la ciencia, la tecnología y la industria, cuyos instrumentos, debidamente administrados, son herramientas indispensables para vencer la superpoblación, el hambre y las enfermedades de alcance mundial.

Todo apunta a que Milán 2015 servirá de plataforma para debatir científicamente el tema y para enfrentar de una vez por todas este problema mundial. Si no lo hacemos de manera decidida y desprendida, estaríamos contribuyendo al caos inminente de incalculables millones de muertes por inanición. Ciertamente el problema no se resolverá solo y seguir ignorándolo dificultará aún más su solución.

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