• 20/10/2026 00:00

Felipe VI: imagen internacional de la España constitucional

El pasado 12 de octubre, el Reino de España celebró su Fiesta Nacional, una fecha de honda significación que trasciende sus fronteras y convoca los lazos históricos, culturales e institucionales que unen, indisolublemente, a España con la comunidad hispanoamericana. Observar esta conmemoración desde la óptica de quien es hijo de emigrantes españoles y tuvo el honor de aportar a la diplomacia y las relaciones exteriores de la tierra que me vió nacer, -Panamá-; aunado a mi interés por el estudio de la historia española, con sus vicisitudes políticas y su encaje iberoamericano y europeo, me permite analizar, amplia y sosegadamente, -pero con profunda inquietud-, la compleja crisis institucional, política, social y económica que hoy atraviesa España. En ese escenario, la figura del Rey Felipe VI se erige en el pilar decisivo de contención, equilibrio y liderazgo como estadista global, frente a las dinámicas que tensionan el modelo de democracia liberal.

El Reino de España enfrenta un deterioro muy claro de su marco constitucional promovido por una coalición gubernamental en la que el socialismo ha pactado con sectores comunistas y el independentismo catalán, vasco y gallego. Esta convergencia reedita un esquema de confrontación reminiscente del Frente Popular de la década de 1930, subordinando la preservación de los contrapesos institucionales, la independencia judicial, la seguridad jurídica y la cohesión nacional a intereses de permanencia en el poder. A mi juicio, esta deriva se inscribe en una corriente internacional de izquierda doctrinaria que, desde una pretendida superioridad moral, persigue debilitar las estructuras del parlamentarismo e imponer un colectivismo obsesivo orientado a subordinar a la ciudadanía bajo el control del aparato estatal, desmontando los principios de libertad individual y libre empresa de los que España presumía.

Comprender la gravedad de este trance exige examinar los antecedentes históricos sin las distorsiones del revisionismo ideológico. La izquierda contemporánea española pretende legitimar su hoja de ruta refundacional recreando, interesadamente, el siglo XX y silenciando que el régimen de la Segunda República nació viciado por la usurpación de un proceso electoral que interrumpió la evolución parlamentaria del país y forzó la salida de Alfonso XIII, quien prefirió el exilio antes que propiciar un enfrentamiento violento entre españoles. Aquella experiencia derivó, prontamente, en un régimen comunista tutelado por el socialismo radical, el anarquismo revolucionario y la injerencia soviética. Dirigentes como Francisco Largo Caballero dinamitaron la legalidad vigente y alimentaron una violencia facciosa que condujo, de manera inevitable, a la Guerra Civil y al subsiguiente periodo autoritario militar.

La superación de aquella prolongada fractura histórica fue posible gracias a la constancia y altura de miras de la Casa de Borbón. En los decenios del exilio, S.A.R. Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona y titular legítimo de los derechos dinásticos, hasta su formal renuncia en 1977, preservó con firmeza los principios del parlamentarismo democrático. Esta base histórica permitió que su hijo, el Rey Juan Carlos I, liderara con maestría la Transición Democrática, un hito institucional admirado por la comunidad internacional que hizo posible la reconciliación entre compatriotas bajo el marco de la Constitución de 1978. La monarquía parlamentaria se consagró como la estructura vertebral indispensable para garantizar las libertades ciudadanas, el Estado de derecho y la etapa de mayor modernización socioeconómica en la historia peninsular.

Esta encrucijada española guarda una correlación directa con la experiencia de América Latina. Durante más de una década, diversos países de nuestra región padecieron proyectos socialcomunistas y populismos radicales que socavaron los equilibrios democráticos, asfixiaron el tejido productivo y sumieron a sus sociedades en la degradación institucional y la ruina económica. Sin embargo, en los últimos años los pueblos latinoamericanos han comprendido el costo de esa subordinación colectivista y han reaccionado en las urnas, respaldando liderazgos liberales y conservadores comprometidos con la reconstrucción del Estado de derecho, la economía de mercado y la preeminencia de las libertades individuales sobre la hegemonía estatal. Resulta paradójico que, mientras Hispanoamérica desanda el sendero del populismo autoritario, la conducción gubernamental actual en España pretenda transitarlo desmantelando los pilares de su propio éxito.

En este complejo tablero, la Corona asume un rol trascendental dentro y fuera de sus fronteras. En el plano exterior, el Rey Felipe VI es reconocido como un estadista de talla mundial cuya auctoritas moral, rigor diplomático y sobriedad institucional ofrecen certidumbre en foros multilaterales, cancillerías europeas y de manera privilegiada en la comunidad iberoamericana. Frente a políticas erráticas que erosionan la confianza internacional, el Monarca preserva, intacto, el crédito exterior y la dignidad del Estado. Su firme liderazgo en defensa de la soberanía nacional y la legalidad constitucional, en los momentos de mayor asedio separatista, acreditó que su magisterio responde, con exclusividad, al interés permanente de España.

Esta garantía de continuidad histórica y vocación internacional se proyecta con solidez en la Princesa de Asturias, cuya esmerada formación cívica, académica y militar afianza el porvenir de la institución. Afortunadamente, la Corona, con el Rey Felipe VI al frente, permanece firme en la defensa de los principios constitucionales y de los valores democráticos que el socialcomunismo socava. Cuando la voluntad de los ciudadanos en las urnas ponga fin al ciclo de deslealtad de las izquierdas radicales, será precisamente sobre los cimientos éticos, democráticos e institucionales que la Corona ha sabido custodiar, donde España podrá acometer la reconstrucción de su grandeza parlamentaria y reasumir con plenitud su liderazgo entre las naciones libres del mundo.

* El autor es excanciller de la República de Panamá
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