• 08/10/2009 02:00

El fenómeno Martinelli

Hace dos administraciones, alguien acuñó el término efecto Mireya. Arriesgándome a una demanda por usurpación de patente, —más en broma ...

Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.

Agrega La Estrella en Google ↗️

Hace dos administraciones, alguien acuñó el término efecto Mireya. Arriesgándome a una demanda por usurpación de patente, —más en broma que en serio—, propongo que consideremos seriamente la existencia de un fenómeno Martinelli , y de cómo ese fenómeno pudiera estar cambiando las relaciones de poder en nuestra sociedad, a mi entender, mucho más con consecuencias positivas que con efectos negativos.

A mi modo de ver, el mandato moralizador que se le otorgó a esta administración, incluye dos conceptos, los cuales me sentiría satisfecho si logramos rescatar hasta el final del mandato: el primero, relacionado con la igualdad de los ciudadanos y las corporaciones ante la Ley. Si hacemos de esto parte de nuestra cultura estaríamos dando pasos cualitativos en el proceso de institucionalización política y económica del país.

El segundo concepto que espero que podamos rescatar hasta el final, es el de una verdadera independencia de los otros dos órganos fundamentales del Estado panameño: quiero pensar que trabaja en ese sentido la Asamblea, al recordar su rol de fiscalización de la Administración Pública, y también quiero pensar, que a partir de esta administración, tanto el Órgano Judicial como el Ministerio Público, dejarán de ser la cenicienta del engranaje gubernamental.

De acuerdo con la teoría del pacto social que da origen a este Estado Democrático, suscrita por otros, pero sobre todo por Rousseau; la manera como se concreta este sistema de pesos y contrapesos, la elaboración de las leyes en sentido genérico y en sentido concreto, de acuerdo con la pirámide de Kant, es lo que debiera llevar de implícita la legitimidad y moralidad de las normas jurídicas. Este pacto social, es el que permitiría abortar la manida frase de Hobbes, de que el hombre es el lobo del hombre.

Ahora bien, si es perfectamente posible y válido que las normas que aplique el Estado en distintos niveles, instituciones y jurisdicciones, tengan un contenido moralizador; lo que no podemos tolerar es la moralina o las pretensiones de superioridad moral, para satisfacer a determinados grupos de poder, o determinada forma de pensar, en detrimento de otras. Bien lo ha dicho el Dr. Miguel Antonio Bernal, incumbe al ámbito de los derechos humanos el respeto que merece la vida privada de los ciudadanos.

El fenómeno Martinelli, —y admito que adelanto juicios que debieran ser debatidos—, ha dejado, por su magnitud e intensidad, huérfana de iniciativa política a la oposición tradicional desplazada del poder.

Algunos dirían que eso es tan solo momentáneo, pues para finales del mandato se deteriorará la imagen del gobierno, dando fuerza a la alternativa opositora. Diría yo, que eso depende, más que del discurso opositor, de que el gobierno mantenga el buen rumbo que se ha trazado o no lo haga. Si así lo hace, pudiéramos especular sobre otro mandato popular para que el mismo grupo gobernante se mantenga en el poder.

También pudiera ser que este tipo de esfuerzo moralizador de parte de la derecha, encuentre a su más ferviente crítico en la izquierda no tradicional, que tiene años tratando de organizarse para hacerle una oferta política coherente al país. Para que esa izquierda siquiera se acerque al éxito de Lula en Brasil, la experiencia política le pondrá dos pruebas en el camino: la primera, tiene que ver con su dispersión y capacidad de organización en una sola fuerza; y la segunda, en su capacidad de dejar a una lado la retórica comunista, para pensar no en la transformación de la sociedad, sino en la administración de la misma.

*Abogado.malcoj2@hotmail.com

§SSI_9fcac88587d449c0a4f84a215ae8b58f_SSI§
Lo Nuevo