• 03/06/2024 00:00

Fortalecer la política exterior de principios

Resulta imprescindible salir de las listas grises y el cumplimiento del pago de la deuda pública, a fin de recuperar la confianza de la inversión extranjera y los mercados internacionales [...]

Como vicecanciller y canciller (1989-1994), durante el retorno del país a la democracia, el presidente electo de la República de Panamá, José Raúl Mulino, adquirió experiencia en materia de política exterior en un marco de un sistema internacional en constante transformación. Como lo plasman las Memorias o Informes de Gestión Ministerial de la época, “1994 y los años anteriores fueron de reconstrucción en materia de política exterior. Panamá se reincorporó a la comunidad internacional con gran capacidad de acción política y de diálogo al más alto nivel regional e internacional”.

Para entonces la política exterior panameña, se planteaba el fiel cumplimiento de los Tratados del Canal y la neutralidad de la vía interoceánica como medio más idóneo de lograr su seguridad, a través de la diplomacia y del derecho internacional, a fin de asegurar los beneficios de la paz aún en tiempos de conflictos y de amenazas a la paz y seguridad internacionales. En ese panorama, se hacía evidente la necesidad de crear y mantener relaciones de amistad y confraternidad con todos los Estados, en el plano de la más estricta igualdad, otorgando prioridad al multilateralismo y recuperando el prestigio de Panamá con una conducta consistente y seria a nivel internacional.

La gestión diplomática dio cuenta de la consolidación de las directrices de la política exterior del sistema democrático panameño con el cese del aislamiento diplomático y la apertura de relaciones diplomáticas con carácter universal. De esta manera se reafirmó la soberanía nacional en la defensa de los derechos políticos, comerciales, económicos del país; se ratificó la vocación integracionista a nivel centroamericano y latinoamericano, dando primacía a los principios de la libre determinación de los pueblos y la no intervención en los asuntos internos de otros países.

En efecto, en lo que atañe a los principios de la libre determinación de los pueblos, tanto en la Organización de los Estados Americanos (OEA) como en otros foros internacionales, Panamá ratificó su adhesión a la facultad inalienable de elegir a sus gobernantes a través del sufragio democrático que asiste a los Estados miembros. Hoy, el presidente electo es ejemplo de la consolidación de un sistema democrático mediante la voluntad del pueblo panameño y como tal ha sido claro en señalar que trabajará “siempre dejando el nombre de Panamá en alto”.

En este contexto y en el ejercicio de las atribuciones constitucionales, son varios y acuciantes los retos en materia de política exterior que requieren del consenso nacional y la capacidad de la nación panameña de establecer marcos de diálogo y concertación, promover la cooperación, en pro de la paz, la seguridad internacional y el desarrollo sostenible.

Resulta imprescindible salir de las listas grises y el cumplimiento del pago de la deuda pública, a fin de recuperar la confianza de la inversión extranjera y los mercados internacionales, generar empleos y elevar la calidad de vida de la población, mediante “gestiones con empresas privadas nacionales e internacionales para mover el dínamo de la economía”.

También se hace imperativo una solución a la migración irregular por la selva del Darién, “con respeto a los derechos humanos y con sincera participación internacional”, para garantizar la seguridad del país amenazada por este flagelo global, que acarrea otros delitos internacionales como la trata de personas; entre otros, por lo cual se requiere de una mayor cooperación de los países de origen, tránsito y destino.

Otro asunto en la agenda lo constituye el manejo diplomático acertado con respecto a las relaciones con los Estados Unidos, socio histórico y estratégico y la República Popular China, segundo mayor usuario del Canal de Panamá. Con esta visión de relacionamiento con actores globales, se hace necesario continuar con la ampliación y fortalecimiento de las relaciones bilaterales y la consolidación de la presencia de Panamá en organismos internacionales. Todo ello en el marco del respeto mutuo y conforme al Derecho Internacional.

Con esos fines es necesario continuar robusteciendo la Carrera Diplomática y Consular, para responder a los desafíos de las relaciones internacionales contemporáneas, en un mundo en profunda y constante transformación y donde lo único predecible es el cambio y la capacidad de adaptación de los actores en el escenario global; asegurar la soberanía, la neutralidad del Canal, así como la independencia del país y la defensa de los intereses nacionales, perfeccionando nuestra conducta externa a la par de la interna, como país serio y responsable en el concierto de naciones.

La autora es periodista y diplomática de carrera

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