• 17/04/2015 02:01

Gabriel García Márquez

‘... era todo un personaje, poseía una inteligencia monstruosa, brutal, irreverente, ... Podía ser desagradable, como fascinante...'

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Hoy, 17 de abril, cumple su primer aniversario de muerte el extraordinario escritor colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura en 1982. Novelista, cineasta, periodista, ensayista, escritor de cuentos formidables.

Tuve la oportunidad de conocerlo, y a su esposa Mercedes, a través de mi amigo Diógenes de la Rosa.

Durante un almuerzo en La Casa del Marisco, en la avenida Balboa, me sorprendió escucharle decir que él pensaba que Dios era mujer.

Para esa época, todavía no había sido galardonado con el Nobel, era todo un personaje, poseía una inteligencia monstruosa, brutal, irreverente, aspecto ordinario, vestido de poliéster, pinta de costeño de medio pelo, común y corriente, cabellos ariscos, parecía un tipo del montón. Podía ser desagradable, como fascinante, franco, burdo, sincero.

Su esposa Mercedes Bacha, una mujer encantadora, madura, serena, con sabiduría ancestral, representó en su vida un eje esencial, su mujer fue lo mejor que le paso en su vida. ‘Mercedes me resulta parecida a los personajes femeninos que en los libros de García Márquez, sosteniendo a pulso la vida de todos los días, garantizan la continuidad de las estirpes'.

El escritor y periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza (1932), padrino de Rodrigo, su primer hijo, ha escrito un bello libro titulado Gabo: Cartas y recuerdos. Anteriormente había publicado una obra de entrevistas a García Márquez: El olor de la guayaba.

Mendoza escribe un retrato suyo, íntimo como periodista, compadre, amigo de tantos años, compartieron pobreza, experiencias como periodistas en Caracas, presenciaron el golpe de Estado a Pérez Jiménez, esos años intensos, fueron el germen de su novela sobre los dictadores latinoamericanos, a quienes conoció íntimamente. Diecisiete años después, publica El otoño el patriarca. Veinte años esperó para escribir su obra maestra Cien años de soledad.

Cuando el rey de Estocolmo le dio su trofeo del Nobel, sus amigos lo acompañaron con rosas amarillas en la solapa que les había colocado Mercedes. Recibió el Nobel vestido de blanco, de liquiliqui, de algodón. Cuando Gabo ve flores por todas partes, contrae la cara y murmura a su compadre, asombrado: ‘Mierda, esto es como asistir a tu propio entierro'.

Afirma Mendoza: ‘El desquite, el poder y la riqueza, vengativamente asumido dejan huellas, que lastiman, producen llagas secretas, que a su turno determinan comportamientos también vengativos: estos afloran cuando el humillado de ayer se ve sorpresivamente mimado por las hadas de la fortuna'. El desquite estará en todo lo suyo: ‘En la velocidad en que llevo su tren de vida (a raíz del Nobel) en sus camisas, los autos y pieles que compra; en las ostras, caviar, los hoteles y restaurantes que elige de cinco estrellas, pero también en los rechazos y desaires que inflige a editores en su afán de hacerles pagar hasta el último centavo, sin dejarse ablandar el corazón por la llama cordial de sus palabras ni por sus propuestas. Con la desdeñosa burguesía de ayer, el desquite asume formas más sutiles'. Su desquite íntimo consiste esencialmente en utilizar con vengativo capricho su presencia en el ámbito del alto mundo social, en el que nunca fue aceptado anteriormente, como una especie de dádiva, que a veces se otorga y a veces se rechaza. Un mundo artificial donde todo se simula. Y demostrar su poder a través de una opulencia que nunca tuvo, como nuevo rico.

El autor muestra los años difíciles, la etapa periodística, la vida en La Habana, México, Europa, cuando publicó su obra cumbre Cien años de soledad, su amistad con Álvaro Mutis, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Semprún y Juan Goytisolo. El caso del poeta cubano Heberto Padilla, detenido en La Habana. Su amistad con Fidel Castro.

Guardo, como recuerdo de mi único encuentro con el Maestro, un pedazo de papel en blanco donde dibujó esa tarde, una margarita, escribió: ‘Para Yolanda con una flor', con su firma.

PSICÓLOGA, ESCRITORA Y DOCENTE UNIVERSITARIA.

—BIBLIOGRAFÍA: MENDOZA, PLINIO APULEYO, GABO, CARTAS Y RECUERDOS, EDICIONES B, BARCELONA, 2013.

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‘Guardo, como recuerdo de mi único encuentro con el Maestro, un pedazo de papel en blanco donde dibujó..., una margarita, escribió: ‘Para Yolanda con una flor', con su firma'

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