Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 24/07/2021 00:00
Globalización, conspiración y fraude (V)
La izquierda demócrata y sus cohortes mediáticos tenían la absurda idea de que procesar y condenar sin causal a un presidente tan popular como Donald Trump ayudaría a atemperar ánimos políticos y unir a los estadounidenses, sin considerar que el ataque al presidente sería visto como un ataque a sus más de 75 millones de seguidores, lo que demuestra lo desesperados e ingenuos que son.
Hoy, en retrospectiva, muchas personas que traicionaron a Trump, incluso de su propio partido, se están dando cuenta de cuán equivocados e injustos han sido, al traicionar también a todos sus seguidores que estaban apoyando sus iniciativas para tratar de mantener a los grupos marxistas fuera de la Casa Blanca y derrotar las políticas socialistas y autocráticas de los demócratas; acción que ahora lamentan.
La administración actual de Joe Biden está reviviendo políticas izquierdistas de Barack Obama que la mayoría de los norteamericanos ha repudiado.
La presidencia de Obama, que inicialmente tenía mayoría en ambas cámaras del Congreso, fue un curso intensivo de introducción al marxismo y justicia social, junto con la intromisión abierta del Gobierno en la vida cotidiana de los estadounidenses a través de regulaciones federales masivas, políticas de género, salud pública, etc.
En pocas palabras, Obama implementó, sin aval público, la agenda izquierdista más deshonesta y traicionera que esa nación haya visto, lo que causó alarma a los votantes, quienes procedieron a modificar el balance de poder político otorgando a los republicanos victorias históricas de mitad de período, lo que les permitió controlar la Cámara Baja, quitándole 63 escaños a los demócratas. Se alzaron también con el control del Senado, lo que les permitió obstruir la agenda izquierdista de Obama y obligarlo a volver a la moderación. Los republicanos obtuvieron también cantidades significativas de legislaturas estatales, gobernaciones y cámaras bajas estatales. Pero aparentemente la actual administración demócrata no ha aprendido nada de esa acción aleccionadora de las aspiraciones del pueblo norteamericano.
La única opción que queda para los demócratas es tratar de impedir transparencia en el sistema electoral, hacer trampa y jugar la carta racial.
La pregunta que encaja aquí es: ¿cómo se convirtieron los demócratas en el llamado partido de los grupos negros, cuando es sabido que han sido el partido de racistas durante siglos? Los demócratas eran dueños de las plantaciones, inventaron el KKK, las leyes de Jim Crow y de segregación racial, son los que lucharon arduamente contra las leyes de Derechos Civiles y Derecho al Voto para los negros, crearon las plantaciones en las urbes que mantuvieron esclavizados a los negros en el centro de las grandes ciudades, han destruido a las familias negras, y todavía hoy no pueden dejar de ver todo a través del lente del color de la piel, mientras tratan desesperadamente de desviar sus pecados hacia otros. Están obsesionados con el racismo, consumidos por el racismo y lastimando a todos los que rodean con él.
Fueron los republicanos quienes liberaron a los esclavos y acabaron con la esclavitud. Como conservadores, creen en la identidad individual y la libertad, y rechazan definir a las personas por el color de su piel. No se engañen, debería ser obvio quienes son los verdaderos racistas.
El arma principal de los demócratas ahora es calumniar y difamar como racista o supremacista blanco a todo aquel que se oponga a ellos.
En su débil intento de recuperar los votos negros que perdieron ante Trump, han recurrido una vez más a utilizar a los grupos negros para impulsar su agenda de dividir a esa nación e incitar a la violencia, engañándolos y estimulándolos para que se amotinen, saqueen e incendien a ciudades y negocios, convertirlos en antisociales, ladrones y matones, con la intención de crear odio e ira entre las razas. Están echando gasolina a un fuego que ya está fuera de control, simplemente para dividir, conquistar e imponer su agenda izquierdista.
El último ardid demócrata ha sido introducir esa nación a una agenda académica lunática que tiene sus raíces en el marxismo europeo y que han denominado “Teoría Crítica de la Raza”. Es un plan de estudio principalmente para niños y adolescentes escolares, diseñado para difundir odio hacia Estados Unidos, enseñándoles que las personas de tez blanca son inherentemente racistas y malvadas debido a su “blancura”, y a celebrar la disminución de la población blanca en los Estados Unidos. Este plan maquiavélico cuenta con el apoyo del presidente Biden y su departamento de educación.
Es muy difícil para una nación sobrevivir cuando su sociedad enseña a sus hijos a odiarla.
Los demócratas están confabulando por enésima vez a los grupos negros con el argumento de “reparaciones por la esclavitud”, que no es más que una táctica política engañosa de un partido político que ha perdido el rumbo y ha olvidado a quienes, se supone, debe representar.
La esclavitud, práctica nociva y deshumanizante, era una práctica aceptada por muchos países, y los negros no son los únicos grupos que han sido esclavizados y maltratados.
Nunca he escuchado a los indios norteamericanos, que fueron masacrados, despojados de sus tierras y apiñados en reservaciones empobrecidas, ni a los inmigrantes irlandeses, que fueron maltratados y ultrajados, pidiendo reparaciones. Estas personas parecen tener demasiada integridad para estar exigiendo reparaciones monetarias.
Lo único que merecen los grupos negros es el derecho a educarse y a trabajar para poder sostenerse a sí mismos y a sus familias, como todos los demás.