• 04/04/2026 00:00

Honorables astronautas

La espiral de violencia se apoderó de todo. Mientras la ciudadanía busca actividades recreativas para apartarse de la violenta y deprimente cotidianidad, ¡zaz!, no es posible. Coliseos deportivos y áreas de entretenimiento se han transformado en tinglados, o zonas de guerra.

Calles y aceras denotan cada vez más una proclividad social a la violencia. Un simple acto de ceder el paso a algún otro conductor es la excusa perfecta para bajarnos del vehículo y amenazar o incluso golpear a otra persona. La ley del más violento ha vuelto a ser la norma aceptada en una sociedad que cada vez más normaliza las malas actitudes de algunos de sus miembros.

¿A qué se debe este fenómeno? La violencia es una derivación básica de la ignorancia. Aquel de poco recurso mental, es siempre rápido a agredir física o verbalmente a otra persona, cuya actitud no comprende o no cumple con su lógica personal. “Si va en contra de mis intereses, es mi enemigo, bunga-bunga”.

La falta de educación acusa registros altísimos en nuestro querido país. Mientras una disputa beisbolera desencadena peleas a batazos, poca gente es capaz de mantener un debate ideológico. De hecho, la mayoría los rehúye.

Por una parte, la frustración que causa las crisis a la mente de la persona puede borrar la humanidad que posee. Cuando nos deshumanizamos, sale lo primitivo, ese instinto en el que la única máxima es “se hace lo que yo digo, o vienen bajando los golpes”, o los balazos, según sea el caso.

Ciudadanos sin comprensión lectora salen a la calle todos los días, montados en armas potenciales de varios cientos de kilogramos, con una meta en mente: llegar más rápido que los demás a mi destino. Luego no entendemos porqué los tranques siguen siendo abominables, por más carriles que le adicionen a la vía.

Para empezar, eso se debe diseñar con ingeniería, no con intenciones políticas. Para seguir, la falla viene desde el interior de los conductores. Un conductor con un bajo nivel de educación tendrá una mayor necesidad de recurrir a la agresividad como respuesta a situaciones estresantes. Y hay mucha gente con poca educación manejando.

Veía en la televisión noticias de un proyecto espacial que implica reconocimiento y órbita lunar, después de muchas décadas. Soy fanático de la ciencia ficción, así que ver que lo más parecido a lo que leo en libros o veo en películas está a punto de materializarse me resulta muy emocionante. Claro que me interesa saber detalles.

Escuchando las presentaciones de los astronautas, es fácil notar su vasta calificación para el trabajo que deben hacer, bajo condiciones muy complicadas. Físicos, ingenieros, técnicos, pilotos, y un largo palmarés en gestiones forman parte de sus CV’s. Y aquí viene lo más impresionante: ninguno de ellos dice que es el mejor en lo que hace.

Hizo falta que saliera el Jefe de Misión para hablar de su equipo, y dejar claro que son expertos idóneos en lo que hacen. Vaya, vaya. Cero autobombos, imagínese.

Mientras acá tenemos neandertales con bates, o manejando libremente sin comprender la señalética en calles, allá siguen siendo importantes la calificación y las capacidades comprobadas para ser seleccionados. Con razón son de primer mundo. Mérito y capacidad comprobada.

En un país en donde no es obligatorio que una persona que aspire a un puesto público por elección, o por designación, cuente con un título y con una experiencia relevante comprobable en el área que va a ejercer, cualquiera puede llegar a ocupar cargos de importancia, aunque haya tenido y tenga casos con la Ley. El problema es que cuando llega gente sin capacidades importantes a esos cargos, la relevancia y el alcance de los cargos que ocupan se ve mermada, de manera directamente proporcional al desconocimiento que posea el funcionario.

Por allá por el año 80, Isaac Asimov señaló la tendencia anti intelectual de la sociedad, en la que se reduce la democracia a un simple protocolo so pretexto de que todos tenemos derechos, y por lo tanto se equipara la ignorancia propia al conocimiento experto. Dicho de otra manera. La idiotez es igual de válida que la sabiduría. Tal cual. Y así nos va.

Cada día estamos más primitivos porque permitimos que gente sin el perfil ni los conocimientos necesarios asuman cargos que requieren materia gris para gestionarlos. Antes que buscar gente con capacidades, acá buscan a miembros del partido, compadres o queridas, para luego no entender cómo no son capaces de hacer un presupuesto. Y la respuesta a sus negligencias las pagamos los ciudadanos, con más deuda.

¿Imaginan si tuviéramos un programa espacial aquí?

Definitivamente que hay mucha gente en el hemiciclo con la mente fuera de órbita. Los honorables astronautas buscarían legislar para otro mundo, antes que conocer las necesidades reales de la población. Seríamos los primeros en certificar botellas como cosmonautas, con un certificado express del feudo de Eternina. Y con el presupuesto que se le asignaría a nuestra comisión interestelar se podrían hacer 3 vías interoceánicas, aunque no veríamos resultado alguno, pues los funcionarios no rinden cuentas.

Dios nos guíe.

*El autor es ingeniero civil y escritor
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