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El problema del siglo XXI es el flagelo social y comercial de las drogas, un gran peligro para la salud del adicto. Esto alcanza a todas las esferas sociales. Las drogas son un poder destructivo nefasto en toda la anatomía del ser humano. Destruyen sus células cerebrales, según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las drogas son sustancias que pueden modificar todo estado psíquico y físico; pueden modificar una o más funciones de la anatomía del ser humano. Por la acción recíproca entre un organismo vivo y un fármaco se caracterizan las modificaciones de este.
Según el actor Segundo Movilla, las drogas son fármacos, sustancias y productos químicos capaces de estimular o inhibir sus funciones, con capacidad de originar tolerancia y dependencia psíquica o física.
Se entiende por droga cualquier sustancia que se introduce en un organismo vivo y que produce un estado de dependencia psíquica o física, a veces de ambos tipos a la vez. Quienes las consumen pueden volverse adictos hasta el éxtasis y, en algunos casos, la dependencia resulta irreversible.
Ya sea por moda, por imitación, por huir de la realidad, por la miseria o por un momento de placer, al final la persona termina perdiendo el contacto con su entorno. Y, en su comportamiento negativo, termina perjudicando a su familia por sus reacciones y por tener siempre el impulso irreprimible de consumir la droga.
El consumo continuo de drogas actúa sobre el sistema nervioso central, así como sobre el estado psíquico y mental. Existe una diversidad de drogas, como los narcóticos, el opio y sus derivados, la heroína, la morfina, la codeína, la mezcalina y las drogas delirantes, además de los inhalantes y el pegamento. El consumo de estas drogas trae desgracia a todo ser humano. Este mal no discrimina a nadie: no ve raza, color, edad, dialecto, idioma, religión, nacionalidad, sexo, ni distingue entre ricos y pobres.
Es un fenómeno de muerte que camina en silencio, de día y de noche, y a pasos agigantados. Su efecto poco a poco va degenerando al adicto hasta convertirlo en un parásito para el Estado y la sociedad, debido al consumo excesivo de estupefacientes, alcohol barato, cigarrillos, cerveza, etc. Su consumo contamina la sangre y los pulmones con smog y acaba con las células del cerebro.
El adicto, en su locura, no respeta al Gobierno ni a ninguna autoridad, ni a sus padres. Les grita, los golpea, hasta los asesina. Olvidan que se casaron, que tienen hijos y que se graduaron. Pierden todo respeto y vergüenza. Duermen debajo de los puentes, caminan por las calles semidesnudos, vestidos con harapos, llenos de estiércol y orines pestilentes. Es visible el panorama que observamos a diario en las calles.
Dios hizo al ser humano con libertad de escoger lo bueno y lo malo, Deuteronomios (30:19), pero escogieron lo malo en el camino. Del vicio, complaciendo su carne, rebeldes a la luz del conocimiento, viven en las tinieblas y terminan en la profundidad del abismo con el rey de los soberbios. Esto es una alerta, padres de familia. ¡Ojo con sus hijos! No les grite, no los insulte. No les diga burro o burra, porque entonces usted también es burro. Burro o burra porque usted es su padre o madre. Sea su amigo para que ellos tengan confianza de decirle todo lo que les pasa. La comunicación es muy importante.