• 15/12/2023 14:37

La crisis de los opioides no ha terminado

Los hospitales y las compañías de seguro aceptaron la venta de los opioides porque era de su interés financiero

La serie de Netflix ‘Medicina Letal’ es una desgarradora exploración de la crisis de los opioides. En solo dos décadas, más de 800 mil personas han fallecido, la mayoría en los Estados Unidos. También más de 3 millones tienen trastornos por abuso de estas sustancias. Ahora y con razón, las compañías farmacéuticas deben rendir cuentas.

En agosto 2020, Purdue Pharma y miembros de la familia Sackler, fueron demandados por $4.5 mil millones. Sin embargo, las compañías farmacéuticas no son las únicas culpables de la epidemia de adicción, y los daños legales tampoco van a cubrir la totalidad de los costos involucrados con la crisis.

Existe un fuerte paralelismos entre los casos legales por los opioides y los de la industria tabacalera, que en 1998 llegó a un acuerdo por $206 mil millones con 46 estados en EE.UU. cuyas repercusiones aún se sienten. Al igual que los fabricantes de cigarrillos, se alega que los fabricantes de opioides utilizaron un marketing agresivo para promocionar productos que sabían que conllevaban riesgos significativos. Pero los temas son más complejos. Los reguladores aprobaron los analgésicos, los médicos los recetaron y las farmacias entregaron las recetas. Si bien los medicamentos eran legales, es evidente que esta secuencia de pasos produjo una adicción generalizada, al punto en que bajaron significativamente las muertes por drogas ilegales como la heroína.

Los fallos contra empresas como Pharma Purdue son un punto de inflexión. Los fabricantes de medicamentos habían sido declarados culpables antes de declaraciones engañosas y marketing inapropiado, pero no se les había considerado responsables de la crisis de salud en sí. Esto tiene implicaciones para una próxima ola de litigios. Los estados, condados y municipios han iniciado casi tres mil demandas contra 22 fabricantes, distribuidores y farmacias de opioides. Pero al igual que con los fabricantes de cigarrillos, es poco probable que los acuerdos legales de miles de millones de dólares brinden el mismo desincentivo para futuras irregularidades corporativas que las condenas penales contra ejecutivos.

Nadie extrañará a Purdue Pharma ni a ninguno de estos fabricantes. Su impulso cínico y calamitoso para vender sus poderosos analgésicos narcóticos no los exime de la horca mediática ni del castigo moral. Aunque sería un error atribuir la epidemia de opioides a estas empresas y a sus ejecutivos. Porque en el fondo la industria no actuó sola. Los hospitales y las compañías de seguro aceptaron la venta de los opioides porque era de su interés financiero. Los distribuidores de medicamentos entregaron millones de píldoras de opioides en el corazón de la epidemia sin ningún intento de cumplir con sus obligaciones legales, y mucho menos morales, de monitorear y reportar evidencia evidente de que las farmacias deshonestas estaban surtiendo y sacando provecho de adicción. Y los médicos recetaron más de 250 millones de opioides al año, suficiente para suministrar a todos los adultos durante un mes, lo que aumentó considerablemente la cantidad de personas expuestas al riesgo de adicción y dejó al mundo inundado de excedentes de drogas para alimentar la experimentación y el mercado clandestino. Y también están las instituciones públicas que supuestamente protegen a la población. La principal fue la FDA que abrió la puerta a la prescripción amplia de opioides poderosos y luego no hizo ningún esfuerzo real para enmendar el error. La FDA, con su independencia cada vez más comprometida por su dependencia financiera y burocrática a la industria farmacéutica, constantemente subordinó la salud pública a los intereses particulares de los fabricantes de medicamentos al permitir que cada vez más opioides entraran al mercado.

Cuando el FDA reconoció los errores cometidos de la propia agencia, ya era tarde: cientos de miles de personas habían muerto y millones habían sucumbido ante la adicción. Y cuando prometieron un enfoque mucho más agresivo a la regulación y reducir en gran medida la tasa de prescripción, la opinión pública se les rio en la cara. En el pasado la FDA ha hecho promesas similares para salir de una crisis, pero todos sabemos que en el fondo las prioridades financieras de estas instancias regulatorias están por encima de las consideraciones de salud pública.

Mientras tanto, la FDA ha seguido aprobando nuevos opioides para frustración de sus críticos, algunos de ellos dentro de la propia institución. Y sin reducir los niveles de prescripción y la cantidad de píldoras dispensadas con cada receta, las personas siguen volviéndose adictos a los opioides y luego pasarán a drogas más fuertes e ilegales como la heroína y el metilfentanilo para alimentar la tortura de su hábito. Y la epidemia continuará.

De verdad que, frente a un mundo así, para que imaginarnos el apocalipsis. Ya estamos en una etapa en que nadie le importa nada con nadie.

El autor es empresario.

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