• 28/05/2026 00:00

¡Pura vida mae! y el conflicto continúa

En estos días, la aparente paz, monotonía, estabilidad social y permanente tranquilidad en el hermano país vecino, parece interrumpirse, cuando el apacible “pura vida mae” comienza a erosionarse ante un conflicto entre dos países que empieza a tomar giros inesperados en las relaciones diplomáticas, políticas, comerciales y agropecuarias.

Aquella expresión -que denota todo está bien, optimismo, jocosidad, símbolo cultural y turístico, alegría y solidaridad- se ve amenazada por el “pugilato” de dos gobernantes que, en tonos sarcásticos e irónicos, cada uno defendiendo sus opiniones.

El jueves 21 mayo, publicamos en La Estrella de Panamá un artículo titulado: El affaire o guerra comercial-agrícola entre Panamá y Costa Rica, donde hacíamos una exposición bastante completa de la situación entre ambas naciones.

Resumíamos el eje fundamental del proceso en dos párrafos centrales de aquel escrito:

“Han sido 15 años de conflicto comercial (affaire prolongado) entre Panamá y Costa Rica, problemática que se remonta a 2011 cuando Costa Rica no renovó permisos a una planta avícola panameña. Las exportaciones e importaciones de productos cárnicos, lácteos y frutas entre Panamá y Costa Rica se mantienen paralizadas desde la fecha mencionada.”

“Posteriormente, dándole secuencia al apretado resumen, esta cronología continuó en 2019 cuando Panamá inhabilitó requisitos para bananos y piñas de Costa Rica. Luego en 2020 la crisis se agravó y Panamá no renovó certificaciones a 26 plantas costarricenses. En 2021, Costa Rica demandó a Panamá ante la OMC. En 2024 el panel de la OMC falló a favor de Costa Rica. Ya en 2025 Panamá, riposta presentando apelación formal. Para 2026, el proceso se encuentra en un “limbo jurídico”.

Los sectores afectados son: lácteos, frutas tropicales y carnes, pues desde el 2019 y 2020 las autoridades panameñas impusieron barreras no arancelarias que generaron pérdidas.

Las posiciones se han endurecido. Por un lado, la presidenta de Costa Rica ha calificado las restricciones de Panamá a productos agrícolas, lácteos y cárnicos costarricenses como “un bloqueo comercial”, exigiendo respeto a fallos previos de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que tampoco tiene un cumplimiento definitorio.

En la voz de su presidente, Panamá apeló al principio de reciprocidad para proteger a sus productores locales. Además, como medida de presión, el país anunció que no venderá energía eléctrica a Costa Rica por las restricciones agropecuarias.

Rofeos van y rofeos vienen. La presidenta de Costa Rica descartó asistir a la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) y los actos del Bicentenario del Congreso Anfictiónico que se celebrará en junio en Panamá, pues “ella no era una presidenta viajera” y tenía problemas internos que atender (¡A quién hacía alusión e iba dirigido el misil!).

En los corrillos internacionales, agregando, más sal a la herida, expresaba que la prioridad de ella era acabar con el bloqueo que Panamá mantenía y llamó acto de mala fe que Panamá apelara al fallo de la OMC.

Lo anterior es un derecho y deber inalienable de nuestra nación, tener oportunidad, en materia internacional de jurisprudencia comercial, apelar dentro del marco legal esa decisión que en última instancia no tiene un cumplimento taxativo por ahora. Explicaciones ya conocidas.

Autoridades locales, entre ellas el ministro de Comercio e Industrias, tratando de amainar la tormenta, insistía en que ambos países deben resolver sus diferencias mediante el diálogo y no a través de declaraciones públicas.

Proseguía: “Costa Rica es un país hermano”. Yo creo que este tipo de diferencias se solucionan en la mesa, no con discursos de politiquería en estrados que no nos llevan a ningún lado —vuelven a arreciar ataques— conductas inflexibles en el fragor del combate.

Tuco y taca, dame que te doy en el lenguaje popular. Actitudes intransigentes. O bájame 2 como dicen los pela’os en la jerga del barrio o la intensidad, en su vocabulario coloquial. Nadie quiere ceder.

Regresando a la idiosincrasia de los “laopes” y en su léxico peculiar ninguno es congo, blandengue o culitripi. En esa misma dimensión las esferas de poder, relaciones multidimensionales, si elevamos estos folclóricos decires y mensajes subliminales, ambos países están atravesando situaciones difíciles y comprometedoras, economías están dejando de percibir ingresos, regalías, asfixiando y marcando posibles déficits.

Actualmente, aunque lo ha negado, el hermano país tico requiere de cuotas de energía eléctrica, pues su oferta está llegando al límite, ante la demanda creciente puede agravarse por continuación de sequía extrema por El Niño y precios de referencia del mercado regional, exponen al país vecino a un fuerte impacto tarifario.

Panamá, continúa atravesando una alarmante situación con los productos lácteos, cárnicos y de otra naturaleza, dejando de captar divisas y el consiguiente deterioro del intercambio económico.

Llego entonces la hora de negociar con inteligencia, dejar comportamientos de inmadurez, alguien dijo, separar los berrinches emocionales, abocarse a planteamientos serenos: hacer énfasis en los aspectos de sanidad, inocuidad, trazabilidad y dentro del marco del TLC y OMC.

Parece que Costa Rica y Panamá pactan una tregua diplomática en la ONU, un alto al fuego o armisticio y avanzar en una agenda de trabajo conjunta sobre temas variados.

Veremos cómo le va a ‘Pura vida mae’ extendida a los dos países.

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