• 12/08/2026 00:00

La educación como matriz de la democracia

Toda sociedad debe concebir la educación como su proceso más importante. La formación de mujeres y hombres está íntimamente ligada al tipo de ciudadanas y ciudadanos que queremos mañana, a cómo debemos prepararlos, al Panamá que aspiramos construir y al modelo económico que requerimos. ¿Queremos formar personas humanistas o únicamente para el mercado? Necesitamos mujeres y hombres humanistas para una sociedad solidaria, justa, humana e independiente.

Comparto con nuestras lectoras y lectores aspectos señalados por Paulo Freire y el Dr. José Daniel Crespo. Paulo Freire, en la educación como práctica de la libertad, afirmaba: “La transitividad crítica a que llegaríamos con una educación dialogal y activa, orientada hacia la responsabilidad social y política, se caracteriza por la profundidad en la interpretación de los problemas; por tratar de comprobar los descubrimientos y estar siempre dispuestos a las revisiones; por despojarse al máximo de preconcepciones en el análisis y esforzarse por evitar deformaciones; por la práctica del diálogo y no de la polémica; por la receptividad de lo nuevo, no solo por ser nuevo, y la no negación de lo viejo, solo por ser viejo, sino por la aceptación de ambos en cuanto a su validez; por inclinarse siempre a la censura”.

Esta posición de transitividad crítica implica un regreso a la verdadera matriz de la democracia. Hace poco escuchamos a altos funcionarios del gobierno manifestar, con cierto desdén, que había que cambiar la Ley 47 Orgánica de Educación de 1946, por ser una norma con 80 años de vigencia. No se refirieron en ningún momento a los beneficios que ha tenido nuestro país gracias a esa ley. En otro momento nos referiremos a ello.

El Dr. Crespo, en “Fundamentos de la nueva educación”, señala que la educación escolar surge de la imposibilidad del hogar de continuar educando a la juventud cuando, debido a la complejidad de la vida social, se requiere una formación amplia y variada que responda a las necesidades colectivas. La educación comenzó siendo religiosa y poco a poco se fue secularizando, a medida que se concebía como una función del Estado. Hoy la escuela pública es la institución educativa más importante, por constituir el baluarte más formidable de las libertades públicas.

La educación escolar adquiere cada día nuevas funciones: comenzó siendo un medio para perpetuar las conquistas del pensamiento teórico y hoy es un factor decisivo en el progreso integral de la cultura humana.

El Dr. Crespo afirmaba: “Solo cuando en el seno de la escuela se dé cita todo lo mejor y más avanzado de la comunidad; cuando ningún asunto de influencia social deje de ser discutido allí con amplio y sereno espíritu; cuando la escuela y la comunidad estén en contacto con las más recientes pulsaciones del progreso y puedan encauzar las fuerzas sociales en movimiento o campañas de progreso social, solo entonces habrá comprendido la escuela su alta misión educativa en la comunidad.”

¿Cuál es la situación de nuestras escuelas públicas? No se trata de llorar, como a veces se ha querido hacer ver, sino de demandar mejores condiciones laborales y de estudio. Cuando Crespo escribió su obra en 1942 —hace 84 años— señalaba que las aulas no debían tener más de 25 o 30 estudiantes. Hoy basta recorrer nuestras escuelas para constatar el hacinamiento. También enfatizaba en la dimensión adecuada de los espacios para el bienestar del niño y la niña, en la protección de la voz del docente, en la integración con la naturaleza y en la prioridad de la higiene estudiantil. Sin embargo, más del 40% de los centros educativos carecen de agua potable. Las bolsas de galleta nutricional llegaron a Panamá el 7 de agosto, cuando el segundo trimestre estaba por terminar, y a las 7:00 a.m. la maestra pregunta quién desayunó: el 50% del grupo responde que no. Esto ocurre en la ciudad; imaginemos las áreas campesinas e indígenas. Hoy tenemos 298 docentes separados y destituidos, lo cual es criminal. Tal como lo enunciara Crespo, es un deber defender los logros obtenidos: la Caja de Seguro Social fue uno de ellos.

Otro aspecto es la violencia existente en los centros educativos. Se conocen los casos con armas de fuego o blancas, pero también la violencia cotidiana: burlas al docente y a compañeras, insultos, indiferencia por el aprendizaje desde edades tempranas, respuestas groseras, ausencias frecuentes, falta de respeto al trabajador manual y a las autoridades escolares, distracciones constantes en el aula. Pareciera que a nivel global existe una política que favorece este deterioro. Desde los altos mandos del gobierno se insulta a los educadores; quienes no se alinean son separados, como los 298 docentes mencionados, y lo mismo ocurre con los sindicatos. Este ambiente de irrespeto contribuye a crear hostilidad en las aulas.

Nos recuerda Crespo: “La educación universal, libre, gratuita, obligatoria y democrática debe ser un imperativo de nuestra civilización. Pero no solo compete a la educación consolidar y hacer efectivas las conquistas de la democracia, preparando a los pueblos para ejercer sus derechos y asumir las responsabilidades que implican tales conquistas. A la educación corresponde hacer conciencia pública de estos postulados”.

* La autora es educadora
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