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La influencia que tiene el contenido de los mensajes de los medios de comunicación en la sociedad ha sido motivo de atención y estudio de expertos e investigadores, así como de autoridades educativas y también de políticos. Algunos de ellos para fortalecer tesis y teorías, otros para tomar decisiones y los últimos para establecer formas de adecuar las conductas de las masas en determinadas rutas que podrían beneficiar posturas o campañas electorales.
Todas estas opciones se mueven en el contexto de planteamientos antiquísimos que consideraron que determinados discursos podrían tener un efecto sobre las audiencias. De allí surgió la retórica, así se denominó el tratado escrito por Aristóteles con el que definió ese “arte de encontrar los medios de persuasión a través de la palabra”. Como no existían los medios de comunicación, el pensador griego ubicó los escenarios donde podría ocurrir.
Evidentemente, que, con el surgimiento de los grandes medios masivos y el gran público, se pudo analizar que había esa noción de “efecto”, que actuaba no en una persona u otra, sino en el conjunto de quienes eran sometidos a determinadas informaciones, primero en la prensa y luego en la radio y la televisión. Hay que recordar el miedo colectivo que ocasionó la transmisión de “La guerra de los mundos” por Orson Welles a través de la radio.
Los avances de la tecnología y la gran cantidad de nuevas opciones, así como del surgimiento del espacio de la internet, ha traído nuevas experiencias y también se empieza a apreciar un fenómeno de captura de la atención hacia las redes sociales y sus efectos en la población. Algunos estudios realizados exponen influencias de entrar en la conciencia (recordar teoría de la aguja hipodérmica), control social y generación de pánico colectivo.
En los menores, se ha podido establecer que las redes sociales producen baja autoestima, ansiedad y depresión, problemas de sueño, ciberacoso y miedo a quedar fuera del contacto con el teléfono. Hay que destacar que también se han podido encontrar aspectos positivos como la conexión social, apoyo emocional y expresión creativa. Un resultado u otro va a depender del papel que tengan los “influencers”, “youtubers” o “ticktockers”.
En algunos países se han tomado decisiones en relación a esta influencia y Australia impuso una ley que prohibió el acceso a las redes sociales para menores de 16 años. Igual medida han tomado Indonesia y Francia, la que estableció restricciones a menores de 15 años. En China, se aplican límites al tiempo de pantalla y horarios de uso para los jóvenes.
En otras naciones como España, Dinamarca, Grecia, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos, se preparan normas que implicarían ciertas limitaciones y condiciones específicas que tendrían los sectores que aún no cuentan con la mayoría de edad. Esto constituye un hito en cuanto a decidir qué deben ver o escuchar aquellos a quienes se les ponen controles para la recepción de los contenidos en ese espacio de navegación que representan las redes sociales.
La discusión pone en el tapete el papel que cumplen quienes impulsan los referentes que surcan estos nuevos escenarios de la comunicación. Precisamente, esa población ha dejado de ser audiencia de los grandes medios tradicionales e, incluso, estos han rearmado su programación y en algunos momentos han tratado de llevar una dinámica que remeda los modos de transmisión de las redes sociales. Hasta se utiliza la posibilidad de retroalimentación en tiempo real.
¿Habrá una discusión en Panamá para considerar leyes semejantes a las de los países que han promulgado medidas legislativas y regulaciones en esta situación? Hay que tomar en cuenta que, en el pasado, se ha tenido mucho problema para alcanzar disposiciones al respecto. Es menester recordar que la discusión del Código de la Familia en la Asamblea se puso en peligro solamente cuando se analizaron los artículos que se referían a la comunicación.
Esperemos que este asunto sea tomado con la mayor responsabilidad y que todo debate se enfoque en aspectos realmente importantes y no se deje por alto el compromiso con la salud mental de los menores.