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- 12/08/2026 00:00
Después de casi cuatro años al frente de la Embajada de España en Panamá, Guzmán Palacios Fernández se prepara para cerrar una etapa marcada por el fortalecimiento de una relación que describe como histórica, cercana y con un amplio margen para seguir creciendo.
El diplomático se marcha con logros que coloca especialmente en los ámbitos político, cultural y de cooperación, pero también con asuntos pendientes. Entre ellos menciona el Tratado General de Amistad y Cooperación, ya negociado pero aún sin firmar, y un potencial económico que, a su juicio, todavía está lejos de aprovecharse plenamente.
En conversación con La Estrella de Panamá, Palacios también aborda algunos de los asuntos que han condicionado la proyección internacional panameña durante los últimos años. Confía en que el país pueda avanzar hacia su salida de la lista de jurisdicciones no cooperativas de la Unión Europea y defiende los esfuerzos realizados por las autoridades en materia fiscal.
Su balance, sin embargo, va más allá de la diplomacia. Tras recorrer el interior del país y visitar comunidades indígenas, identifica la desigualdad como uno de los principales desafíos de Panamá y una razón por la que España considera que su cooperación sigue siendo necesaria.
En medio de la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China, Palacios reivindica además una “voz propia” para España y una relación con Panamá construida sobre intereses, historia y valores compartidos.
La relación bilateral siempre ha sido muy buena. No había ni hay grandes problemas entre ambos países, más allá de algún desafío puntual. Lo que sí hemos hecho es reforzar esos vínculos indelebles que existen entre España y Panamá.
Más allá de los más de 25.000 españoles que conviven con nosotros en Panamá, hemos hecho una apuesta decidida por reforzar la vinculación política y las diferentes aristas de una relación de política exterior.
Hemos prestado mucha atención a la parte económica y empresarial, pero también hemos dado un impulso notorio al ámbito cultural, con la recuperación de la Casa del Soldado, el Centro Cultural de la Embajada de España y, por supuesto, una apuesta decidida por la cooperación al desarrollo.
Me voy con la espina clavada de no haber podido firmar el Tratado General de Amistad y Cooperación, que está completamente negociado y ha pasado los trámites pertinentes tanto en España como en Panamá.
Panamá es el único país del acervo iberoamericano que no tiene un tratado general de amistad y cooperación con España. La idea es que este tratado, pendiente de firma por ambos cancilleres, permita establecer un marco jurídico que dé estructura a la relación política, económica, cultural, de cooperación y consular.
Una de las apuestas de la cooperación española es apoyar a lo que llamamos países en transición, países de renta media. Panamá está a punto de graduarse por parte del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE, pero eso no impide que España entienda que hay que seguir trabajando y colaborando.
Una de las cosas que más he apreciado durante estos cuatro años es haber podido viajar por todo el interior de Panamá y conocer ese profundo contraste que existe entre la capital, donde uno queda impactado por esa panorámica de rascacielos, y el interior rural y las comunidades indígenas, donde vemos índices de pobreza y pobreza extrema muy llamativos.
Según la CEPAL, Panamá es el segundo país más desigual de América Latina y el Caribe. Eso ha motivado que España siga creyendo en su cooperación al desarrollo.
Queremos seguir trabajando en transformación económica, agua y saneamiento, gobernanza y empoderamiento de la mujer. Son bienes públicos que compartimos y ámbitos en los que podemos aprender el uno del otro, en un plano de igualdad.
Me voy con una segunda espinita, que es no haber podido desarrollar todo ese potencial económico. Es bárbaro.
Cuando vino su majestad el rey a la toma de posesión del presidente José Raúl Mulino, hubo una invitación expresa a España para que siguiéramos colaborando en generar prosperidad en Panamá.
Hay un potencial enorme en agua, saneamiento, desarrollo de infraestructuras, sector farmacéutico y ámbitos científicos. La empresa española tiene mucho interés en seguir aquí de manera permanente. Panamá es un mercado enormemente atractivo y, por su ubicación geoestratégica, permite que empresas españolas cubran desde aquí parte de la región.
Hay un trecho enorme para crecer, aunque existe una arista que hemos comentado con el canciller Javier Martínez-Acha y el ministro de Economía y Finanzas, Felipe Chapman: la deuda acumulada con empresas españolas.
Sé que se ha hecho un esfuerzo constante para reducir esa brecha, pero sigue habiendo un monto que nos preocupa y entendemos que es cuestión de tiempo que las autoridades panameñas puedan honrar su palabra y pagar lo que se debe.
También me preocupa que nuestras empresas puedan competir en pie de igualdad. Lo único que piden es que, en igualdad de condiciones, el mejor postor resulte adjudicatario de las diferentes licitaciones.
España siempre ha creído que este país iba por la buena senda, hasta el punto de que en enero de 2023 sacó a Panamá de su lista nacional de jurisdicciones no cooperativas en materia fiscal. Fue un paso que dimos al margen de la Unión Europea porque entendíamos que Panamá cumplía los requisitos de la legislación española.
Tenemos un tratado de intercambio de información fiscal que funciona a la perfección y entendimos desde el primer momento que, al menos a nivel bilateral, la cuestión de las listas fiscales debía superarse.
Panamá ha dado pasos de gigante para poder salir de la lista de la Unión Europea de jurisdicciones no cooperativas. Espero y deseo que en octubre podamos tener buenas noticias. La tramitación y entrada en vigor de la ley de sustancia económica ha supuesto un paso enorme, así como la solicitud a la OCDE para llevar a cabo una visita institucional y fiscalización del registro de sociedades y empresas mercantiles.
España es un país de emigrantes. Hemos elaborado un documental con testimonios de españoles que comenzaron a venir a Panamá después de la Guerra Civil, huyendo de la represión política, y posteriormente por razones económicas. Muchos cuentan cómo Panamá los acogió como su segunda patria.
Ahora que España es un país que prospera y tiene una de las mayores tasas de crecimiento de la Unión Europea, hemos dejado claro que parte de ese crecimiento se debe a la inmigración que hemos recibido, fundamentalmente latinoamericana, aunque también de otras regiones.
La inmigración, siempre que sea legal y regular, tiene importantes efectos beneficiosos para el Estado que recibe esa mano de obra. En España, además, tenemos una tasa de envejecimiento elevada y una natalidad reducida. La inmigración ayuda a paliar esa falta de nuevas generaciones que puedan contribuir a sostener la Seguridad Social y nuestro Estado de bienestar.
Creo que ambos países no se entienden el uno sin el otro. Panamá profesa, y esa es mi percepción personal y profesional, un enorme cariño y afecto por España.
Cada vez hay más panameños formándose en nuestro país. La movilidad académica es fundamental y creo que una gran parte está optando por nuestro territorio por su oferta y calidad académica.
Hace 15 años había unos 5.000 españoles en Panamá y ahora estamos rozando los 25.000. Muchos son dobles nacionales y una parte significativa de ese crecimiento se debe a la Ley de Memoria Democrática.
Aquí habrá en torno a 4.000 expedientes, de los cuales se ha tramitado aproximadamente el 50%. Creo que para finales de 2027 probablemente estén inscritos todos los expedientes entregados en tiempo y forma.
Esto tendrá un efecto cascada, porque muchas de estas personas tienen descendientes que, a su vez, podrán optar a la nacionalidad.
España tiene que tener voz propia en Panamá. Estados Unidos es nuestro aliado natural y con la República Popular China tenemos unas relaciones magníficas, pero España tiene su propia vía.
Creemos en los derechos humanos y compartimos con Panamá valores esenciales como el derecho internacional, el multilateralismo efectivo y un comercio basado en reglas.
Queremos ser nosotros mismos aquí, que nos quieran por lo que somos, con nuestros intereses compartidos y nuestros desafíos mutuos. No queremos entrar en colisión con nadie, sino hacer valer aquello que compartimos España y Panamá.
A principios del siglo XIX, las repúblicas iberoamericanas decidieron seguir un camino propio, pero con el paso del tiempo esas líneas que se separaron están convergiendo porque existen intereses muy claros.
Compartimos valores y principios, pero sobre todo una lengua común que hablamos más de 600 millones de personas. El hecho de que usted y yo podamos expresarnos en el mismo idioma, que recemos al mismo Dios en español o nos dirijamos a nuestros hijos en la misma lengua crea vínculos indelebles, más potentes que una relación económica o una presencia militar estratégica.
No niego que hay cosas que pudieron hacerse mejor, pero también quiero poner en valor lo bueno que se hizo, con sus claroscuros.
Quiero aprovechar para criticar esa famosa “leyenda negra”, que no se corresponde con la realidad de esa presencia. Para España, esta parte del mundo no era una colonia, era una parte más de lo que entonces era la monarquía hispánica en pie de igualdad.
Debemos seguir mirando al futuro con esas raíces comunes, nuestros intereses propios y, sobre todo, muchos valores y principios compartidos.
Me llevo muchas vivencias y aprendizajes. He aprendido mucho de Panamá, de su carácter abierto y de lo que ofrece como país estable. Siempre recalco en Madrid que Panamá es un referente democrático, un Estado de derecho que funciona, con sus problemáticas como todos los países, pero que es un ejemplo para la región.
Es una nación próspera que tiene el reto de reducir la brecha de desigualdad. Para mí, ese es el principal problema que tiene el país.
Para fortalecer la democracia, los gobiernos tienen que funcionar y reducir la pobreza.
Y me llevo también la visión de un país alegre.
Los españoles tenemos un doble alma: un alma europea, pero sobre todo un alma americana. Aquí nos hemos sentido y nos sentiremos muy a gusto porque Panamá es un país de acogida que quiere profundamente a España, igual que España quiere mucho a Panamá.