• 25/07/2026 00:00

La universidad del deber ser

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En todo país decente, las universidades son prioridad y barco insignia de la movilidad social y económica de la población. Esta es una de las razones del por qué a todo ciudadano le debe interesar el destino de la Universidad de Panamá; así, las elecciones de sus autoridades son decisivas por cómo ha sido atacada en el último tiempo. Hay que estar preparados ante un escenario contrario a los intereses de la autonomía, su mayor fortaleza y que ha sido el eje de los ataques, tanto de enemigos externos como internos.

La propuesta ganadora fue la del doctor en Física José Emilio Moreno Ramos, en una campaña cuyo único recurso en contra del profesor fueron comparaciones y especulaciones, mismas que no calaron en mayor medida en los electores universitarios. Ahora bien, este es otro paso para continuar con la construcción de una universidad científica, de avanzada, así como espacio democrático y realmente amplio que permita la diversidad de la opinión; lo que por antonomasia da como resultado que su defensa como institución es en sí, la defensa de la democracia en su contexto más intelectual.

Porque la Universidad del deber ser es donde el debate sea permanente, bajo el principio de la tolerancia política; que existan axiomas compartidos por todos sus miembros, excelencia académica, administración eficiente y tecnología de avanzada; lo único que no se puede tolerar, son los entes externos que intenten destruirla o los enemigos internos que intenten usarla para su beneficio.

Comentaba, tras las preocupaciones de algunos universitarios, que en campaña electoral se debe saludar tanto a los perros como a los gatos, epítome fabulístico de contendientes en el imaginario colectivo, pero también en esa dinámica aparecen las ratas, se visten de “aliados” y está dispuestos a sacrificar toda una institución para su beneficio personal. Éstas últimas, son las que hacen daño a las instituciones, son las que socavan las confianzas de las mayorías y ponen a prueba los liderazgos. Porque aun cuando electoralmente la cordialidad debe ser la tónica permanente, a la hora de tomar la administración se hace obligatorio el adecentamiento y selección de los mejores profesionales.

El bienestar de la Universidad de Panamá depende de las decisiones y el equipo que el señor rector decida sea su acompañante, éstos lo respaldarán o lo condenarán.

Y es que el primer acto de corrupción es la aceptación de un cargo para lo cual no se está preparado o no se es capaz, peor aún si la intención es macabra o personalista.

Ante este escenario que no es nuevo en las instituciones públicas nobles, se hace necesaria la conformación de un grupo por la autonomía y defensa de la Universidad, profesionales preparados con la sabiduría necesaria para anteponer el bienestar mayoritario, con la fuerza y entereza de llevar adelante un proyecto académico acompañado de la autonomía universitaria, inspirada en el faro guía de nuestros fundadores, y por supuesto la templanza y el coraje de no solo proteger al rector electo, sino también defender a toda la institución para que se mantenga como la conciencia crítica de la nación, en una nueva etapa en la cual se debe acercar más a las mayorías, con transparencia e identidad nacional.

* El autor es abogado
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