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- 16/01/2009 01:00
Todo tiene un límite
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Agrega La Estrella en Google ↗️Lo ocurrido en Atalaya, con la imagen de Jesús Nazareno, debe obligar a la iglesia católica a revisar el fanatismo de algunos sectores por algunos santos, pero más grave aún, con las imágenes que los representan. No justifico el error cometido por monseñor Brown, porque una mentira jamás podrá ser justificada, pero el desborde de la pasión de algunos feligreses es indicativo de que la iglesia debe entrar a revisar si la devoción en extremo es positiva o no.
Reconozco mi fe en San Judas Tadeo. No hacia la imagen que existe en la iglesia a la que asisto, y confieso que sería el último en darme cuenta si la misma llegara a ser reemplazada por otra. Mi confianza es hacia un santo que es intermediario en mis oraciones. Estoy seguro de que precisamente su condición de ser un mediador ante nuestro Señor Jesucristo en los casos “difíciles y desesperados” ha sido de gran ayuda para muchos feligreses, e inclusive quien escribe estas líneas es creyente de que contribuyó en mucho para que en un caso muy especial, mis oraciones fueran escuchadas y atendidas.
Deploro que un alto dignatario de nuestra iglesia no haya tenido la valentía de decirles a los feligreses de la Atalaya las razones del cambio de la imagen. Quisiera entender el apasionamiento de los feligreses por una situación que estoy seguro, si es analizada debidamente, se llegará a la conclusión de que hubo un mal manejo de ambas partes.
Por eso decía que los miembros de la Conferencia Episcopal de Panamá tienen la obligación de investigar lo sucedido y darle una justificación a esa comunidad; pero sobre todo, reevaluar hasta dónde ha sido cómplice en la exagerada devoción hacia estatuas y no hacia lo que estas representan.
Afortunadamente no son muchos los casos. Creo no equivocarme cuando digo que la fe en Don Bosco, en San Judas Tadeo, la Virgen María, y otros, está depositada en sus obras y milagros y no en las figuras materiales que los representan. No así es el caso del Nazareno en Portobelo, la imagen de Santa Librada en Las Tablas y ahora el caso que nos ocupa en la Atalaya.
La fe mueve montañas y eso no lo discuto. Pero irse más allá es lo cuestionable. Ojalá que lo sucedido sea la luz roja que nos llame la atención para que comencemos a entender que el fanatismo debe ser rechazado, porque lejos de ser una virtud es un acto censurable, pues los extremos siempre serán criticables.
Es necesario prestarle la atención a este caso para que nos sirva de referencia a futuro y que de una vez por todas comencemos a ser una feligresía comprometida con Dios y únicamente con Él. El exceso de imágenes y la devoción exagerada hacia las mismas es cuestionable, porque hace perder la noción de lo correcto y lo incorrecto.
-El autor es periodista.emacor@cableonda.net