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- 22/03/2010 01:00
Menores homicidas.. la raíz del mal
“No se impondrá la pena capital (...) por delitos cometidos por menores de 18 años de edad”. Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU. Esta convención fue firmada por todos los países del mundo, excepto Estados Unidos y Somalia.
En Panamá, el país se estremeció ante las imágenes televisivas del dolor de un padre por la muerte de su hijo, sin otro motivo que el robo, su vida fue segada en un acto irracional por un menor de 16 años al verse rodeado por la Policía. El menor proveniente de un área de zona roja con varias detenciones desde los 12 años era hijo de un conocido delincuente perpetuándose así el ciclo de violencia, familia, delincuencia y muerte con el que cada día nos despertamos los panameños. Mientras tanto, un conocido periodista frustrado ante sus propios reportajes ponderaba la pena de muerte como una posibilidad para “ acabar ” con la delincuencia y desde el Ejecutivo se lanzaba la advertencia de aplicar 50 años al menor en cuestión. Fiel reflejo de una sociedad que se siente cada vez más amenazada.
Abandono, pobreza, carencias emocionales y malos tratos son ingredientes comunes de muchas de estas tragedias. Pero miles de niños viven en esa misma situación y no se convierten en homicidas. ¿Por qué ellos sí?
Dureza emocional, impulsividad y ausencia de miedo, son los tres elementos criminógenos necesarios para transformar un niño en homicida. La dureza emocional implica que son niños que no muestran empatía, no se conmueven ante el dolor de los demás. En un ambiente de malos tratos y falta de cuidado, muchos niños aprenden a inhibir las emociones; a no sentir miedo, o rabia, o soledad como un mecanismo de defensa psicológica. Si no sienten, no sufren. El maltrato también puede dañar los circuitos cerebrales que controlan los instintos agresivos. Si durante la infancia el niño está sobreexpuesto a situaciones de violencia, puede incorporar estos mecanismos de respuesta como una conducta normal formando poco a poco una personalidad antisocial. La impulsividad también debe controlarse, si un niño tiene un temperamento proclive a la violencia y nadie le pone límites desde muy pequeño, las posibilidades de que la educación pueda llegar a modular su comportamiento son cada vez menores. Pequeñas transgresiones que no se han controlado a los tres años pueden dar lugar a una conducta incorregible a los 10.
Quienes padecen anomia, ausencia total de valores morales, pasan con mucha facilidad de oprimidos a opresores y pueden ser terriblemente sanguinarios. Y nuestra sociedad está tomando las medidas apropiadas para prevenirlo. ¿Será la cárcel un modo adecuado para el tratamiento de los menores que han delinquido? O, ¿será un modo autorizado y legítimo de enviarlos a vivir la máxima experiencia de crueldad humana?
Nuestro país no saca buenas notas en lo referente al sistema de justicia, las medidas punitivas de aumento de penas, diminución de la edad legal de responsabilidad penal, ley antipandillas etc. parecen no estar dando resultados. Para julio de 2009 se encontraban en el Sistema Penitenciario 10,757 personas detenidas, de las cuales el 57% son presos sin condena. El actual sistema no es eficiente para esclarecer y sancionar los delitos. Más del 80% de los homicidios quedan impunes.
En el 2008 se realizaron 227 juicios por homicidios de los cuales solo en 28 casos hubo sentencia y 56% de los detenidos reinciden. Pasamos de 100 a 216 pandillas, pese a la Ley de Pandillerismo. Tenemos la población penitenciaria más alta de Centroamérica, 399 internos por 100 000 habitantes. El 14% son menores de edad. Los adolescentes cometen solo el 4% de los delitos graves.
La DIJ perdió cerca del 50% de sus detectives de homicidios, destituidos por reclamar aumentos salariales. La Policía tiene poco personal capacitado en manejo de situaciones de crisis como toma de rehenes.
Ser abusado o maltratado en la niñez aumenta el riesgo de ser arrestado como adolescente en un 53%, como adulto 38% y por un crimen violento un 38%. Sin embargo, los programas de resocialización, reinserción e identificación de menores y mujeres en riesgo reciben cantidades ínfimas de fondos comparados con las construcciones de cárceles y nuevos estamentos de seguridad.
De nada servirá un aumento de capturas, sin una certeza de castigo a delincuentes y maltratadores, un sistema de justicia con credibilidad, promoción de valores, oportunidad de empleo entre los jóvenes, protección de testigos, refugios temporales apropiados. Un balance entre castigo y prevención es la única manera de disminuir la criminalidad.
Mientras tanto no debemos olvidar las palabras de Mahatma Gandhi. “ La violencia engendra violencia.. no.. si de por medio existe justicia ”.
*Médico y miembro de la Asociación Conciencia Ciudadana.concienciaciudadana09@gmail.com