Panamá defiende ante China fallo sobre el Canal y la separación de poderes, exigiendo respeto a su soberanía y Constitución ante la OEA
- 03/08/2012 02:00
McGrath y su pensamiento
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Agrega La Estrella en Google ↗️La lectura de algunos documentos escritos por Mons. Marcos G. McGrath me ha urgido a compartir estas reflexiones en ocasión de cumplirse mañana los 14 años de su desaparición física. Un Pastor grande en lo físico, en lo espiritual, en lo humano, en lo intelectual y en el dolor que lo supo acompañar a través de su vida, dedicada a la Iglesia que amó con toda su vida y se dedicó a vivirla profundamente...
‘COMMUNIO’: profundizó este tema y decía: Por ser la Iglesia misterio de comunión, su forma de existencia está marcada por la communio. No es un aspecto parcial sino una dimensión constitutiva. El concilio Vaticano II ha afirmado simultáneamente y en recíproca interacción el papado y la colegialidad, la fraternidad y la consistencia real de las Iglesias particulares, la solidaridad con el mundo y la irreductible identidad. Esta comunión implica siempre una doble dimensión: vertical (comunión con Dios), horizontal (comunión con los hombres).
LAICOS: Su condición de miembro de la Comisión Doctrinal del Concilio Vaticano II le supuso un compromiso muy profundo en la preparación de la Constitución Lumen Gentium, en la cual para Mons. McGrath fue muy relevante la expresión: ‘A los laicos pertenece por su propia vocación buscar el reino de Dios tratando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios’ (LG33). La necesidad de la formación integral del laico constituyó uno de sus desafíos como arzobispo en Panamá. La Iglesia iluminada por Cristo debe proyectar sobre la Humanidad la luz recibida, debe ofrecer la fuerza y la luz, y la fuerza del Evangelio a todos los que buscan el verdadero progreso. Una de las tareas para la comunión de la Iglesia en América Latina, era para este Pastor: la promoción de laicos capaces de ser, como cristianos en el mundo, transformadores de sus ambientes y estructuras. En el contexto de comunión, tomar en cuenta y valorar sus opiniones y competencias en las decisiones eclesiales.
Lumen Gentium y Gaudium Spes: deberían ser la hoja de ruta de nuestro compromiso cristiano y nuestra acción laical. Según Mons. McGrath, el concilio Vaticano II nos puede y debe ayudar a poner en perspectiva la proyección real y efectiva en la ‘iglesia del mañana’ hacia donde estamos caminando. Es la esperanza. 50 años después es sin duda nuestra tarea hoy, seguir inspirándonos en reflexiones como las de nuestro Pastor y sobre todo en el mismo Vaticano II. El proceso conciliar no está concluido. Este proceso de renovación doctrinal, pastoral y espiritual en la Iglesia ‘siempre antigua y siempre nueva’, debemos seguirlo con fidelidad y creatividad. Y sin duda es muy oportuna la convocatoria del Papa Benedicto XVI a un sínodo sobre la nueva Evangelización, así como también al Año de la Fe. Fe que debemos renovar cada día. Son formas de renovar nuestra fidelidad.
JUSTICIA SOCIAL: decía Mons. McGrath: nuestra constante preocupación por la Iglesia en el mundo, nos pondrá sobre aviso respecto a las graves desigualdades sociales: el hecho y el escándalo de los pobres, en nuestros propios países (y con una progresión permanente), y en constante aumento a través del mundo, a pesar de la abundancia de la Creación de Dios, debe preocuparnos. La opción preferencial por los pobres es una necesidad del mundo, una prioridad evangélica y conciliar y el más convincente signo de una Iglesia, de un pueblo, de una cultura abierta a Dios. Es un tiempo en el cual debemos trabajar las implicaciones y consecuencias de esta opción preferencial, a nivel personal y social, eclesial y civil, como signo de una evangelización integral y eficaz.
Mucho se pueden profundizar estos y otros temas. Quisiera solo subrayar la actualidad de tres de estas reflexiones: a.— La comunión en la Iglesia, que implica solidaridad, horizontalidad y amor a Dios, a la Iglesia y a los hermanos. b.— El papel de los laicos en la construcción del Reino de Dios. c.— La opción preferencial por los pobres, el aspecto evangélico y social de nuestro compromiso con Jesús y con la justicia.
Estos temas fueron la base fundamental de la Conferencia del CELAM en Medellín. Fueron analizados, profundizados y adaptados a nuestra realidad y contexto latinoamericanos. Esta conferencia tuvo amplias repercusiones y fue referente en otras regiones del mundo. La tarea de Mons. McGrath en Medellín y en el CELAM fue muy comprometida, entregando no solo sus conocimientos teológicos, sino su compromiso, su trabajo y su lucha para construir, en nuestras realidades, el sentido de identidad latinoamericana eclesial. A partir de allí, sin duda hay una iglesia latinoamericana con identidad propia, con voz y una teología que se ha debatido en los centros de pensamiento cristiano y se sigue construyendo. Se empieza una evangelización de las culturas proponiéndose también el tema del secularismo, con propuestas para los diversos sectores de la vida latinoamericana y los diversos estratos desde la perspectiva de la fe, de volver a las fuentes, el Evangelio y la tradición. ‘La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio’ fue el título de la II Conferencia del CELAM celebrada en Medellín. Allí, como dijo don Avelar Brandao, su presidente, ‘trabajo intenso, realizado en la fecunda intimidad del Señor Jesús. Maduró en jornadas fraternas, donde el Espíritu de Dios hizo patente su acción iluminadora y congregó a los Obispos en profunda comunión de Iglesia’. Ahora toca asimilar el espíritu, profundizar las Conclusiones, aplicar lo resuelto.
Por eso, Medellín, siguiendo el concilio, propuso un esquema en tres partes: 1.— Promoción Humana; 2.— Evangelización y crecimiento en la fe; 3.— La iglesia visible y sus estructuras. Y Mons. McGrath orientó con otros Obispos este intenso trabajo para proponer un nuevo periodo de vida eclesiástica en Latinoamérica, tarea que debían hacer las Conferencias Episcopales, atendiendo las particulares necesidades y urgencias de cada país. Y Medellín subrayaba: el compromiso no es solo de los Obispos. Es de todo el pueblo de Dios, el que experimenta el llamado del Espíritu. La respuesta exige profundidad en la oración, madurez en las decisiones, generosidad en las tareas.
Estas líneas siguieron profundizándose en las siguientes conferencias, Puebla, Sto. Domingo y Aparecida, que confirma y amplía el trabajo anterior, presentándonos la tarea de ser discípulos y misioneros.
SOCIÓLOGA.