El director técnico de la Selección de Fútbol de Panamá, Thomas Christiansen, anunció el grupo de 26 jugadores que viajarán al Mundial 2026
Durante los últimos años, Panamá ha fortalecido su posicionamiento como uno de los principales centros tecnológicos y logísticos de América Latina. La expansión de infraestructura digital, los proyectos de conectividad y la apuesta por la innovación han permitido proyectar al país como un “Hub Digital” regional. Sin embargo, detrás de ese avance tecnológico persiste una realidad que continúa afectando a miles de personas: la exclusión digital.
La discusión sobre la brecha digital suele enfocarse únicamente en el acceso a internet. No obstante, el problema es mucho más amplio. Hoy, la diferencia entre comunidades y países no se mide solo por la cobertura tecnológica, sino por la capacidad que tienen las personas para utilizar herramientas digitales de manera productiva, educativa y económica. Tener acceso a una conexión no garantiza inclusión si la población no posee las competencias necesarias para desenvolverse en un entorno cada vez más digitalizado.
Algunas experiencias internacionales evidencian que la transformación digital exitosa requiere mucho más que infraestructura. Países como Estonia, Corea del Sur y Singapur impulsaron programas integrales de alfabetización tecnológica desde edades tempranas, acompañados de procesos de modernización institucional y acceso simplificado a servicios públicos digitales. Estas estrategias permitieron construir sociedades donde la tecnología se convirtió en una herramienta cotidiana para estudiar, emprender y acceder a oportunidades.
En América Latina, el panorama continúa siendo desigual. Aunque países como Chile y Uruguay han mostrado avances importantes en conectividad y educación digital, gran parte de la región todavía enfrenta desafíos relacionados con desigualdad territorial, limitaciones económicas y falta de formación tecnológica. Las diferencias entre zonas urbanas y rurales siguen siendo marcadas y afectan especialmente a poblaciones vulnerables.
Panamá no escapa a esta realidad. Mientras en la capital y áreas urbanas muchas personas realizan pagos digitales, estudian en línea o trabajan de forma remota, en varias comunidades rurales e indígenas persisten dificultades relacionadas con acceso a internet, disponibilidad de equipos y manejo de plataformas digitales básicas.
El desafío adquiere mayor relevancia si se considera que tecnologías como la inteligencia artificial, la automatización y la digitalización de servicios continúan transformando las economías globales. Organismos internacionales como el Banco Mundial y la CEPAL han advertido que los países que no aceleren sus procesos de inclusión digital corren el riesgo de profundizar desigualdades sociales y económicas durante los próximos años.
Panamá ha desarrollado esfuerzos importantes para avanzar en esta materia. Instituciones como la Autoridad Nacional para la Innovación Gubernamental (AIG), la SENACYT y el Ministerio de Educación han impulsado iniciativas orientadas a fortalecer la conectividad y modernizar servicios públicos. Asimismo, leyes recientes vinculadas a transformación digital representan avances importantes para consolidar políticas públicas enfocadas en innovación y acceso tecnológico.
En Panamá, esta conversación debe abordarse desde una perspectiva más integral. Las necesidades de una comunidad indígena no son las mismas que las de un emprendedor urbano o un adulto mayor que intenta utilizar plataformas digitales por primera vez. Por ello, las soluciones deben adaptarse a las características culturales, educativas y económicas de cada población.
Desde el Centro Latinoamericano de Innovación en Políticas Públicas (CLIPP), consideramos que la alfabetización digital debe convertirse en una prioridad estratégica para el desarrollo nacional. No basta con hablar de innovación o inteligencia artificial si una parte importante de la población continúa excluida de herramientas digitales básicas.
Por ello, CLIPP impulsa espacios de formación y fortalecimiento de capacidades orientados a reducir brechas tecnológicas desde un enfoque práctico y humano. Programas de capacitación comunitaria, asistencia técnica y articulación con gobiernos locales pueden contribuir significativamente a ampliar oportunidades en comunidades vulnerables. Asimismo, la cooperación entre instituciones públicas, sector privado, academia y organizaciones especializadas será fundamental para construir políticas digitales exitosas
Panamá tiene el potencial de convertirse en un referente regional de innovación. Pero para lograrlo, el país debe garantizar que el avance tecnológico llegue acompañado de inclusión, formación y acceso equitativo.