• 17/01/2022 00:00

Panamá y la nueva geopolítica de la transición energética

“Ante estos desafíos, […], estamos asumiendo nuestro rol de aportar como país nuestro grano de arena en este proceso global, entendiendo claramente que el futuro no se espera, se construye”

La transición energética global que implica el paso de un mundo dominado por el uso de combustibles fósiles a uno con gran participación de energías renovables para generar electricidad es ya uno de los grandes cambios de poder político y económico en el siglo XXI, similar al cambio que se produjo en el siglo pasado al reemplazar el uso de carbón por el petróleo.

Este cambio de poder viene determinado por diversas causas, sin embargo, la principal es la lucha contra el cambio climático. Entre sus elementos están desde la revolución tecnológica, que permite cada vez menores costos para las renovables, hasta la presión de ciudadanos, votantes, accionistas de grandes corporaciones, y por supuesto por medidas gubernamentales.

Hay que tomar en cuenta que esta realidad que hoy vemos es mínima, si la comparamos con la que tendremos dentro de una década, no solo por la mayor comprensión del desafío que afrontamos, sino también porque los efectos adversos y extremos del cambio climático serán cada vez más frecuentes e impactantes en todo el mundo.

Entre las principales tendencias de esta transición, tenemos la reducción del rol de los mercados globales de combustibles fósiles, frente al ascenso de la importancia de los mercados regionales eléctricos donde las redes de alta tensión se configuran como estratégicas.

Igualmente, las fuentes de energía como el agua, el Sol y el viento están mucho más disponibles en todo el mundo, que la concentración actual de yacimientos de combustibles fósiles bajo el subsuelo de un pequeño número de regiones o países.

Sin embargo, adicionalmente hay que ampliar el análisis “aguas arriba” de la cadena de valor y sopesar la importancia crítica que tiene la distribución global del conocimiento, la innovación, la tecnología y la producción industrial de equipos para la transición energética.

Igualmente es crucial entender el tipo de concentración geográfica y estructura de propiedad de los recursos minerales (cobre, litio, tierras raras, etc.) críticos para esta transición, tanto como materias primas, como en el procesamiento industrial para su uso final. Debemos analizar cuáles son las principales rutas para el transporte de estas materias primas y de estos equipos terminados, desde el lugar en que se producen hasta el lugar donde se utilizan.

Tenemos que preguntarnos ¿qué rol tienen América Latina y Panamá en este nuevo escenario que está surgiendo? Precisamente ese es el tipo de análisis transversal que estamos realizando en la Agenda de Transición Energética, aprobada por el Gobierno nacional.

Panamá avanza con fuerza en la incorporación de fuentes renovables, consolidamos nuestra participación en la interconexión eléctrica con Colombia y Centroamérica, estamos fortaleciendo nuestro “hub” regional de “bunkering” y de gas natural, así como proponiendo la creación de un “hub” regional de hidrógeno verde, estamos consolidando nuestra generación y aplicación de conocimiento relacionado a estas tareas, pero también consideramos la importancia del tránsito de insumos, materias primas y productos para la transición energética global por nuestro canal, el conglomerado de puertos y el “hub” aéreo de Tocumen.

Por último, con estas iniciativas no solo consolidamos nuestro rol de liderazgo ante el cambio climático, generamos nuevos empleos de calidad y tenemos costos más competitivos, sino que también reemplazamos la importación de combustibles fósiles por fuentes renovables locales aumentando nuestra seguridad y soberanía energética, reduciendo nuestra factura petrolera considerablemente.

Ante estos desafíos, no podemos quedarnos como simples espectadores, estamos asumiendo nuestro rol de aportar como país nuestro grano de arena en este proceso global, entendiendo claramente que el futuro no se espera, se construye.

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