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Luego de un par de años de haber salido electos por aquellos que confiaron en un plan de trabajo a todas luces vacío, ahora la administración nos informa que hay un nuevo plan. Nada que sorprenda en una organización en la que la improvisación es la nota característica, de la mano de las bravuconadas.

Lo curioso del nuevo plan es la orientación que le dan. Ahora, el país es para ti. Habiendo sido proclamado con tanta pompa, como cuando hacen cualquier cosilla que es en realidad su trabajo pues les encanta proyectar, es lógico comprender que están hablando de un cambio notable de rumbo.

Basados en esa premisa de cambio notable, un proceso de pensamiento básico nos lleva a preguntarnos algunas cosas. Para empezar, si ahora cambian de rumbo y van a dedicar los esfuerzos administrativos del país para ti, la pregunta lógica es ¿para quién estuvieron trabajando estos últimos años?

Ya que el resultado del trabajo administrativo de un equipo se mide en los cambios que se generen, es válido preguntar ¿qué cambió desde que llegaron al poder?

En nuestro país, no he visto grandes cambios para bien, a pesar de que los que alaban toda decisión central, por una módica suma, se explayen en sus páginas y redes prepagadas abundando datos de obras que, o no significan realmente avance para la región donde se lleven a cabo, o traen algún oscuro patrocinador que no quiere salir a la luz.

Lo cierto del asunto es que el tiempo pasa, y los monólogos se hacen cada vez más cansinos. Resulta chocante escuchar maravillas imaginarias, mientras se tiene que vivir haciendo filas para comprar arroz, a costo de perder el día de trabajo, pues no hay trabajo, y tampoco hay dinero. Pero hambre y sed, de eso sí hay.

Por más que salga el funcionario, que tanto prometía y decepcionó, a decir los millones y millones que se mueven, se ahorran o se pierden en el país, ¡esa vaina no la ve el pueblo!

Ahora resulta que un proyecto que empezó mal, se gestionó mal, y está dejando mal la naturaleza del país, es la tabla de salvación de todos. Señores, si contar historias es su talento, prefiero las de vaqueros.

Las realidades del país contrastan con las versiones oficiales.

Lo que se ofreció como un tren, ahora es más bien el expreso polar. Un cuento divertido, que promete entretener a la audiencia unas dos horas, pero hasta ahí. La limpieza y el ordenamiento del hemiciclo quedó en lo mismo que agua para todos, y letrinas para nadie. La realidad es que ahora todos tenemos que usar letrinas porque agua, no hay. La austeridad y buena gestión administrativa quedó en corrupción y nuevos millonarios.

Debo acotar acá que al menos vemos al sistema persiguiendo gente. Esperemos que no se escapen a algún país vecino, pues aparentemente hay portillos en los cercos.

Si la solución a todos nuestros problemas recae en un proyecto, deberíamos poder ser capaces de argumentar en positivo sobre el tiempo en que ese proyecto estuvo funcionando, porque ya estuvo en funcionamiento. Y ahí surgen más preguntas que respuestas.

¿Cómo pueden argumentar que un proyecto que significó muchas violaciones a la Constitución salvará al país?

¿Dónde están las enormes ganancias que se supone que dejaba al día ese proyecto?

Si se supone que cada día que se mantuvo cerrado significan varios millones de dólares perdidos, ¿dónde están los millones de dólares que debieron generarse cuando estaba funcionando el proyecto?

Y mientras la población carece del recurso básico, como es el agua potable, la administración está completamente enfocada en justificar la apertura de la tabla salvadora, que también significa un daño enorme a la naturaleza, admitido por ellos mismos.

Hay demasiadas cosas que no embonan. Hay pocas voces defendiendo lo que se supone sería el bálsamo de todos, en un país golpeado por la corrupción y los eternos asaltos al erario. Pero insisten, los mismos de siempre, que esto es lo que necesitamos.

No bastaron las protestas, ni los fallos oficiales, ni el hecho de que la economía estaba igual de mal con el proyecto funcionando, pues los únicos que se beneficiaron fueron los de siempre. Esto va porque va. Al mejor estilo de un discurso autoritario, mismo que se han venido acostumbrando desde que asumieron sus despachos.

Si enfocaran sus esfuerzos en contener el crimen, acabar con la corrupción, o darle agua potable y educación a la población como se empeñan en defender un negocio que solamente beneficia a los de siempre (entiéndase que no es al Pueblo), este país sería algo cercano al país de las maravillas que describen en sus monólogos. Pero no lo hacen, y no vivimos una utopía.

Vivimos tiempos difíciles. Nadie hace una fila de horas para comprar arroz, si tuviera otra opción. Nadie va a buscar agua en garrafones a parques o plazas, si tuviera otra opción.

Habrá que averiguar quién es ese famoso “Ti” a quien le entregarán el país, para decirle que hay que enderezar el rumbo, pues nos llevan directo a otra crisis.

Dios nos guíe.

* El autor es ingeniero civil y escritor.
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