• 27/04/2014 02:00

Empinándonos sobre el pasado

‘No existe una juventud antiPRD, a pesar de la tirria de algunos mayores’.

No deja de asombrarme que 25 años después de haber retornado a la era democrática todavía haya gente que diga que primero mueren antes de votar por el PRD. Me he dado a la tarea de buscar opiniones que expliquen esta actitud pero antes, voy a contarles mi experiencia.

La primera vez que me inscribí en un partido fue en el Papa Egoró y lo hice porque leí sus principios plasmados en el documento llamado Una Sola Casa. Cuando el presidente Ernesto Pérez Balladares me invitó a ser parte de su gabinete, le dije que yo no me iba a cambiar de partido y él me aseguró que nadie me insinuaría eso y así fue. Pedí permiso a las autoridades de mi extinto colectivo y me lo dieron.

Durante mi desempeño fui acogida con mucho respeto por los que grandes dirigentes del PRD. Llegaron las elecciones de 1999, donde nos apegamos estrictamente a las leyes electores que establecen que ningún funcionario de gobierno puede hacer campaña por un candidato, las que violan hoy a diario desde el presidente para abajo. En esas elecciones el Papa Egoró no sobrevivió y yo me quedé sin partido. Seguía de cerca todo lo acontecía, porque siempre me ha interesado la política y me leí los estatutos del PRD y decidí inscribirme, siempre teniendo mucho contacto con sus dirigentes y con sus bases. Adversé el régimen de Noriega y creo que el error más condenable del PRD fue no haberse separado de su mandato dictatorial y lo ha tenido que pagar muy caro en estos años. Sostengo que una disculpa, como la que debió dar el mismo general Noriega cuando regresó al país, y otra por parte del presidente Torrijos a Patria Portugal hubieran hecho un cambio, pero la falta de humildad a veces hace estragos.

El PRD ha sido estigmatizado como un partido que nació de una dictadura. Gran parte del sentimiento antiPRD es emocional más que racional. Gente que luchó contra la dictadura proyecta su odio al PRD, sin darse cuenta que hoy día es el partido más democrático en sus procesos internos que existe en el país. Con su actitud se han quedado en el pasado, a pesar que los dos presidentes que hemos tenido postinvasión han garantizado elecciones libres con imparcialidad y respeto al Tribunal Electoral, lo que no está ocurriendo en estos momentos.

No existe una juventud antiPRD, a pesar de la tirria de algunos mayores. La juventud hoy día es más pragmática y se deja llevar por lo superficial, por los proyectos que dan imagen de progreso y bienestar económico. Los grupos radicales del panameñismo siguen siendo antiPRD, por razones históricas, (y hasta histéricas) más que ideológicas, pero al final los llamados Panameñismo y Torrijismo son parecidos en cuanto a que sus bases son populares.

Es la carencia de cultura política que nos caracteriza la que conduce a este rechazo. Se prefieren organizaciones políticas coyunturales con orientación fenicia y dueño, como el CD, en vez de ideológicas, como el PRD. Existe un prejuicio contra un partido que se identifica como socialdemócrata, porque por ignorancia desconocen su significado y lo asocian al socialismo. Ese segmento de la población se lo ha transmitido a otra generación, que no se ha enterado que hay otro Panamá en democracia. En 1994, apenas cuatro años después de la invasión, un 33 % de la población votó porque que el PRD volviera a dirigir la nación. En el 2004 un partido tan antagónico como el Demócrata Cristiano fue en alianza con el PRD. A los muy impolutos MOLIRENA se les coló un maleante del calibre del que hoy lo dirige y todavía andan señalando al PRD. ¿Qué ganan con esa rasquiña?

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