Con un consumo per cápita de hasta 400 litros diarios —el más alto de la región—, Panamá enfrenta una crisis de eficiencia donde la mitad del agua procesada...
- 25/08/2012 02:00
Violencia, justicia y paz
En el mundo Panamá se está destacando por sus elevados Índices de Crecimiento Económico, de Globalización y de Libertades Económicas. La estabilidad y elevados dividendos de su sistema bancario nos dan grados de inversión, seguridad, lujos y despilfarros para algunos. Pero por otra parte los factores de desigualdad social son altos, la pobreza y la pobreza extrema nos revela contradicciones inhumanas e insostenibles. Este panorama sociológico nos indica una injusticia y violencia contra gran parte de la sociedad, que se confirman en las elevados cifras de delincuencia, inseguridad ciudadana, corrupción en todos los niveles, impunidad, ineficacia judicial y crisis de valores humanos en el medio social.
La responsabilidad de los bancos y adinerados los llaman a resolver esto, sobretodo cuando tenemos gobernando al país al sector empresarial. En el pasado fuimos gobernados por la ‘fuerza militar’, no por ‘la razón o las leyes’. Hoy pareciera que volvemos a estar gobernados, pero ahora por la ‘fuerza del dinero’, lejos de la racionalidad y la justicia social.
El tradicional esquema de ‘virtud y ciencia’ que hoy sería honestidad y capacidad, no lo estamos aplicando y los gobernantes están muy preocupados por las riquezas, por las ganancias, dividendos, consumos y los megaproyectos de cemento. Por la llegada de millones en inversiones; de las ventas de tierras, playas, ríos, etc. Esto nos está haciendo olvidar a la gente, la producción de la Madre Tierra, la inteligencia y habilidades de nuestros intelectuales y trabajadores. A descuidar el nacionalismo de nuestro folklore, de nuestra campiña, que con tanto esfuerzo crearon nuestros próceres.
El ‘Primero Panamá’, ‘Por un Panamá Mejor’, ‘Adelante Panamá’ que defendió nuestro comercio, nuestro idioma, nuestra moneda y nuestra nacionalidad... hoy pretenden echarlo al olvido e inclusive los critican como algo negativo para el país, lo intentan confundir con interpretaciones absurdas. La Planificación Familiar para todas las familias existe desde la década del 1920. No tuvo ni tiene en su esencia un carácter clasista, ni elitista, ni racista. Es un método preventivo contra la mortalidad materna. El concepto de razas prohibidas no se creó en Panamá. Es una norma sanitaria que adoptó el mundo occidental como medida preventiva ante las epidemias graves y masivas que a principios del siglo pasado azotaban Asia y África. Ya en Panamá se reglamentó la materia desde 1926. Esas políticas han permitido que hoy seamos un crisol de razas, todas panameñas, con gran orgullo de la nacionalidad y satisfechos de nuestra luchas por la plena, aunque aún protegida, soberanía. Tenemos políticos y funcionarios de todo tipo de apellidos. Nuestro idioma que expresa la Constitución está vigente, y ahora inclusive tenemos que estudiar otras lenguas para explotar nuestro comercio exterior y el turismo. ‘Estamos lo suficientemente formados para no permitir que formas de vida ajenas a nuestra idiosincrasias pretendan engañarnos’, Arnulfo Arias, al regresar como diplomático en Francia.
Ante los criterios entreguistas y transnacionales, tenemos que rescatar ese nacionalismo que siempre fue defensivo y proteccionista de nuestra historia y geografía por ser un país pequeño; que tenemos que protegernos fieramente contra los piratas y todos los que se quieran aprovecharse de nuestro suelo y nuestra gente. Que los inversionistas e inmigrantes de cualquier color y etnia que quieren trabajar, aportar esfuerzos y quedarse con nosotros engrandeciendo el país, bienvenido sean. Así ha sido siempre. No los explotadores ni especuladores. Este enfoque de panameñidad tiene que darse hoy concreta, urgente e intensamente en la Educación, la Seguridad Alimenticia, que son la base del Desarrollo Social. La familia como educadora por los problemas de urbanística, transporte, empleo, pobreza no cumple sus funciones. Entonces, con instrumentos y acciones modernas: la escuela (de padres) y la TV tienen que cubrir las actuales fallas sociales del mismo distorsionado modernismos.
Hay que humanizar la calidad de vida. El trabajo es, esencial, pero el tiempo para la felicidad de la vida es vital. Allí están el amor, la justicia y la paz. Para avanzar en esa ruta es fundamental que todos participemos con esa inspiración de beneficiar a toda la sociedad. Que los empresarios actúen con solidaridad con sus empleados y clientes, que los políticos y empleados públicos, jueces, fiscales, etc. se esfuercen por el bien común y vayan a los gobiernos no con la intención de enriquecerse (coimas y sobreprecios), sino de servir honradamente. En Europa, actualmente en Francia y en algunos países de América Latina, ya se actúa, por lo menos, con la intención de distribuir de la mejor manera posible las pocas o muchas producciones que generen los esfuerzos de todos.
Esta actitud no es fácil de lograr, ni que sea aceptada y ejercida con eficiencia y satisfacción. Los que más tienen, les cuesta compartir; los que no tienen, les cuesta producir; los que roban, les cuesta trabajar. Pero para evitar el sufrimiento, la violencia y la muerte que tenemos y que traemos desde la dictadura, debemos crear la justicia y la equidad con las víctimas pasadas y actuales, que nos darán el sostenible progreso y la paz para un Panamá Mejor.
No arroje basura a la calle.
En memoria del periodista Guillermo Rolla Mallea 30-8-2000.
MÉDICO Y EXMINISTRO DE ESTADO.