• 02/09/2026 00:00

Pensar en un futuro para todos

El país se despierta cada día con un problema nuevo. Un cuerpo que apareció en un matorral cualquiera; falta de agua en una determinada urbanización; tranques inmensos en ciertas calles o vías urbanas; exceso de residuos que no se recogen en gran parte de los barrios pobres.

Aparte de esto, se escucha sobre la escasez repentina de determinados productos y el aumento de precio respectivo cuando aparece la cebolla, el tomate, legumbres o tubérculos.

Muchas de las respuestas a estos casos tienen que ver con el crecimiento inesperado de la población y la necesidad de brindar los servicios que se requieren; es decir, una desarticulación entre la demanda y la oferta. ¿Por qué falta agua en el sector oeste o en el corredor Arraiján-La Chorrera? Si se compara la velocidad del crecimiento con el aumento de la capacidad hídrica que se brinda, se encontrará la respuesta.

¿Cuántas veces han existido planes de desarrollo que tengan en cuenta las necesidades que habrán de surgir en un futuro y las soluciones que se ofrecerán? ¿A quién corresponde la responsabilidad de determinar esos medios o recursos que se tienen que brindar para satisfacer las demandas? Por ejemplo, ante el crecimiento de la población hacia el este de la ciudad de Panamá, ¿se sabe ya qué necesidades se tendrán para brindar el agua y recoger desechos?

Cuando a alguien se le ocurre un determinado proyecto hacia el futuro, ¿a quién le compete pensar y planear los cambios que ocasionará tal iniciativa y cómo articular las opciones lógicas? En ocasiones, se definen de manera incorrecta las necesidades y por tanto las posibilidades concretas. Recientemente hubo un gran conflicto por la adquisición de miles de computadoras para los estudiantes, pero nadie discute sobre las políticas de educación, que serán el escenario del uso de tales implementos tecnológicos.

¿Cómo se definen las zonas que serán pobladas, así como los servicios que habrán de instalarse, entre otros, escuelas, centros de salud, servicios de energía eléctrica, agua, líneas para la transmisión de opciones del internet y sus áreas de entretenimiento? Por lo general, se trabaja al revés: se crea un polo poblacional nuevo y una vez establecido, se empiezan a tener necesidades y hay que abrir las vías para el alcantarillado y hay que planificar los servicios de salud, centros educativos y hasta las farmacias y las tienditas del chino.

Un nuevo puente y subterráneo que conducirá la línea del metro traerán un público en diferentes opciones de transporte. ¿Ya se han definido cómo ingresará a la ciudad esa muchedumbre y qué calles se requerirán? A lo mejor aumenten o surjan kioscos y puestos de venta de todo tipo de productos que atajarán a quienes entren en la urbe procedentes del sector oeste.

No somos una sociedad caracterizada por planificar de manera racional el panorama que surgirá en el futuro. Por lo general, se han dejado en manos de la empresa privada las nuevas ideas y la forma como habrán de reorganizarse los sectores civiles que experimentarán estas perspectivas que surgen con las iniciativas por estrenar.

En otros países, existe una Dirección Nacional de Planificación, que analiza las posibilidades y planes que se conciben en una realidad específica. Luego, se estudia de manera integral para determinar qué papel cabe a cada grupo o protagonistas de aquello que viene. Lógicamente, que se tiene en cuenta la forma como la sociedad se integrará y se adecuará a las nuevas condiciones de interacción citadina.

De esta forma, se ordenan todos los componentes y el proyecto asume su instalación sin conflictos de intereses y tampoco habrá impactos negativos. En las propuestas de urbanizaciones hacia Panamá Este, hay un conflicto con las plantas de tratamiento de las aguas servidas. En un tiempo determinado, las empresas constructoras se retiran y nadie se ocupa de dar mantenimiento a esas plantas, que terminan por dañarse y contaminar.

Cuando falta esa visión previa y, por tanto, las medidas respectivas, tarde o temprano vendrán los grandes enredos en que los grupos más débiles, se conviertan en víctimas y se reduzcan las posibilidades de un desarrollo sostenible y equitativo. Esa tendencia hay que cambiarla.

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