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- 11/08/2026 00:00
Personajes notables de la historia panameña, medidas para facilitar su estudio
¿Por qué presentar una serie sobre personajes notables de la historia panameña? Al publicar durante más de tres años una columna semanal en La Estrella de Panamá, recibo muchos comentarios. Advierto hambre de conocimiento histórico. Especialmente cuando escribo sobre personajes del siglo XIX y de principios del XX que representan mucho de nuestro pasado. Porque descubren los lectores a gente importante, pero relativamente desconocida.
Justo Arosemena, Tomás Herrera, Belisario Porras, Arnulfo Arias y Omar Torrijos, con sus luces y sombras verdaderas o míticas, están más presentes en el imaginario colectivo por razones evidentes. Pero muy pocos saben quiénes fueron José de Fábrega, José Agustín Arango Ramírez, Víctor de la Guardia Jaén, Juan Bautista Feraud, Buenaventura Correoso, Carlos de Icaza Arosemena, padre e hijo, Tomás Arias Ávila, para mencionar algunos sobre los que he publicado una breve biografía. Tarea que espero continuar en los meses siguientes con gente como José María Alemán Dutari, Guillermo Andreve, Ramón de la Guardia Dominici, Juan Bautista Sosa y otros. Están entre centenares que aparecen en seis libros que he publicado, en espera de uno sobre élites del siglo XVIII al XX. Se asombran los lectores del diario al conocer sus trayectorias vitales y todo lo que representan para la construcción de la identidad panameña. ¿Cómo se engarzan en nuestra historia nacional desde el siglo XIX, período poco conocido por decisión de los fundadores de la República desde 1903, especialmente los conservadores triunfantes?
La ignorancia de nuestra historia (y de nuestra geografía) es abismal, incluso entre personas con estudios superiores. Muchas veces sólo recuerdan algo que vivieron o lo que les contaban sus padres y abuelos. Algunos se alimentan de novelas históricas, género más fácil y publicitado, medianamente documentadas en el mejor de los casos. En realidad, es parte de la tragedia de nuestra educación en general, cuyo sistema está catalogado, según las mediciones científicas, entre los peores del continente.
¿Por qué sucede esto? La pregunta tiene respuestas múltiples. Primero, por insuficiencias de docentes que tuvieron los panameños en su ciclo escolar primario y secundario. Segundo, por la carencia de obras de calidad publicadas y accesibles a un público amplio. Tercero, por la precariedad de la investigación histórica en Panamá. Quizás es la clave fundamental desde donde debemos comenzar.
¿Qué ha sucedido con la investigación histórica y qué frenos encuentra en la actualidad? Hay excelentes historiadores, con magnífica formación, más de una veintena, con trayectoria y obra consecuente. Pero cada día encuentran más obstáculos en Panamá para investigar, publicar y difundir sus escritos.
Hay que considerar las trabas crecientes para acceder en nuestro país a las fuentes primarias. En el caso de los personajes notables de la historia nacional esas fuentes se encuentran principalmente en el Archivo Nacional, en el Registro Civil del Tribunal Electoral y en la prensa desde el siglo XIX. Pero el acceso a dichas fuentes se ha dificultado hasta casi lo imposible en los últimos años. ¿Por qué?
En el caso del Archivo Nacional, porque tiene carencias fundamentales, lo dicen grandes historiadores nacionales y extranjeros que lo frecuentan. Parte del archivo histórico todavía no está clasificado. No logramos obtener informaciones en Internet semejantes a las del Portal de Archivos Españoles (PARES) con más de 41 millones de imágenes digitalizadas y disponibles gratuitamente. Acceder a documentos del Archivo Nacional resulta muy costoso (copias de documentos) para estudiantes y profesionales de la historia, quienes son tratados como clientes indeseables, sobre todo en el archivo notarial. Sucede desde que fue transferido en 1999 del lugar correcto, el Instituto Nacional de Cultura, al Registro Público, institución cuyo objetivo no es cultural ni histórico, que brinda servicios esencialmente a negocios con fines de lucro.
En el caso del Registro Civil que contiene información sobre gente que existió desde el siglo XIX (desde 2008 con un programa muy adelantado de integración de archivos parroquiales hasta el siglo XVIII), el problema es su sometimiento a normas estrictas de protección de información personal, de secretismo extremo. Ocurre porque en administraciones presidenciales pasadas se adoptaron dichas normas generales. ¿Querían ocultar información que pudiese comprometer a funcionarios que ejecutaban actos censurables? El Registro Civil ha sido víctima colateral, y así también los historiadores, de esa mala decisión. Sus funcionarios temen que alguien pueda acusarlos legalmente de brindar información a terceros, incluso de sus antepasados fallecidos. ¡Las amenazas han sucedido!
¿Qué podemos hacer para remediar esta situación y facilitar la investigación histórica en Panamá? Primero, que el Gobierno nacional (apoyado por la ANTAI) derogue dichas normas de opacidad y que el Registro Civil del Tribunal Electoral brinde gratuitamente a todos los usuarios nacionales e internacionales, por Internet, la información sobre la gente que está en sus registros. Es lo que sucede en muchos países, a comenzar en Costa Rica que hasta en eso nos adelanta. El portal gratuito, Family Search, aunque incompleto, cubre parcialmente esta necesidad.
Segundo, que el Archivo Nacional sea transferido rápidamente al Ministerio de Cultura, su lugar natural, que trabaja cada vez con más eficiencia y visión bajo la ministra Herrera, en la administración Mulino. Todos los archivos nacionales extranjeros que conocemos dependen de instituciones culturales. Solo tenemos que inspirarnos del Archivo General de la Nación colombiano, con su sede en Bogotá, muchísimo mayor y que funciona mejor que el relativamente pequeño Archivo Nacional panameño.
Tercero, que el Gobierno nacional facilite la publicación de obras históricas de calidad, escogidas por un consejo editorial compuesto de los mejores historiadores, y promueva su difusión interna e internacional. Tarea para confiar al Ministerio de Cultura apoyado por la reactivada Academia de la Historia de Panamá con el elenco más lucido de historiadores nacionales.