• 24/05/2013 02:00

La política y la educación

La política es una actividad humana por excelencia, es el arte de gobernar y de ejercer el poder, también reconocida como la ciencia de ...

La política es una actividad humana por excelencia, es el arte de gobernar y de ejercer el poder, también reconocida como la ciencia de lo posible. Influye en todos los escenarios de la vida de las personas: la salud, el empleo, los precios de los alimentos, la educación, la seguridad, la vivienda, las relaciones internacionales, entre otros. De modo sutil busca el equilibrio entre la perspectiva de largo plazo y la opinión pública. En todas las naciones la política es una actividad fundamental para la democracia y el desarrollo de los pueblos. No hay buena democracia sin buenos políticos. Sus actores son protagonistas importantes cuando se rigen por los principios de la honestidad, la creatividad, rinden cuenta a sus electores y saben interpretar los signos de las necesidades de la población y de los tiempos en que viven.

El ser político con una buena formación, principios doctrinarios o ideológicos bien fundados, el compromiso con la gente y una buena imagen, permitiría que el país avance integralmente con políticas públicas apropiadas, convivencia tolerante y pacífica, y progreso económico. Esta perspectiva implica reflexionar sobre la educación, la ciencia, la tecnología y el desarrollo humano sostenible, en el momento de debatir, crear y vigilar el cumplimiento de las leyes nacionales.

En nuestros países en general, existe una brecha entre las aspiraciones de la población y la práctica democrática. Con frecuencia existe desencanto en la política cuando no se cumple lo prometido, no se resuelven los problemas de la gente, cuando los partidos se convierten en maquinaria electoral clientelista, en lugar de ser organizaciones para la búsqueda del bien común. En ese sentido, no es suficiente el carisma personal ni la proyección mediática del político, si sus valores éticos y su desempeño están de espalda a la moralidad pública y las necesidades de sus electores y la sociedad en general.

El oficio de político, en general, carece de una buena apreciación, lo mismo que las organizaciones en las que se desenvuelven, sean éstas partidos políticos, asambleas o congresos, concejos municipales o Presidencia de la República. Con frecuencia se le valora negativamente y se les asocia a conductas contrarias a la integridad y la búsqueda del bienestar de los asociados. Se espera de ellos mayor sensibilidad social, formación profesional e ideológica y capacidad programática.

La política y los políticos pueden intervenir positivamente para crear una institucionalidad fuerte que asegure el derecho a una educación con calidad para todas las personas. La educación es la herramienta fundamental para el desarrollo nacional. La política y el oficio del político requieren de la educación para crear una base suficientemente robusta con los pilares de la sociedad del siglo XXI. Porque una buena educación provee cultura, competencias ciudadanas y profesionales, conocimiento científico e innovación tecnológica, actitudes y valores para convivir y emprender, habilidades para conocer y enaltecer el ser humano.

El político y los medios de comunicación representan una ecuación fundamental de nuestros días. La función política tiende a proyectarse esencialmente en los medios y la imagen del electorado de su dirigente político con frecuencia pasa por su difusión en los medios. Igualmente, es la vía que usan sus electores para la censura, el aplauso o la condena que generalmente llama la atención y obliga al político a rectificar y cambiar de rumbo. Pocos recursos tienen tanta influencia en la conducta política como la opinión pública que se expresa en los medios de comunicación y de información, entre ellos las redes sociales.

Los políticos influyen en las fortalezas de las instituciones y, a su vez, éstas deben tener como una de sus funciones moldear los actos de los políticos. Toda acción política en ese sentido debería considerar y sustentarse en las reglas de juego que definen el funcionamiento de la sociedad. Cuando se actúa al margen de esas reglas se pierde el necesario equilibrio que se requiere para que las instituciones funcionen y el país sea gobernable y prospere. Cuando las instituciones funcionan mal, la gente pobre tiende a padecer las consecuencias de esa actuación, se amplía la desigualdad, afianza la exclusión y faltan oportunidades a una vida digna.

Una nueva educación para un nuevo siglo y tipo de sociedad, es indispensable para superar la exclusión y la expulsión del sistema educativo, el analfabetismo funcional, la dicotomía formación-trabajo productivo, la desigualdad en la calidad de las escuelas según el origen social y geográfico de sus alumnos, la educación para el título, ausente de las competencias ciudadanas y laborales.

Urge transitar hacia una educación más democrática, con calidad y equidad para todos, a lo largo de toda la vida, desde el nacimiento de la persona. Una educación sustentada en los aprendizajes para conocer, emprender y asumir la ciudadanía plena; la construcción de conocimiento por sus estudiantes, el desarrollo de las inteligencias y talentos, las habilidades cognitivas para trabajar y aprender permanentemente, atender la diversidad (discapacidades, necesidades educativas especiales, bilingüe intercultural, promoción de la mujer). Un sistema educativo con espacios de aprendizajes dignos y estimulantes, modelos curriculares transformados y actualizados, disponibilidad y uso generalizado de Internet y de las tecnologías para aprender y producir (TAP); con el personal docente bien formado, motivado, adecuadamente remunerado y socialmente reconocido.

Esa nueva educación demanda de un ejercicio político extraordinario. Requiere del diálogo social para jerarquizar la educación a nivel de política de Estado, asegurarle la posición que merece en la agenda nacional y el debate bien informado, asignar los recursos extraordinarios para la inversión y el funcionamiento en las áreas estratégicas de las escuelas y universidades, propiciar la sostenibilidad de las políticas y proyectos, profesionalizar sus actores y devolverle la esperanza de la comunidad en su porvenir. Este podría ser un paso en la dirección correcta del nuevo modelo político que se merece el país.

EXMINISTRO DE EDUCACIÓN.

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