Con la certeza de que habrá tranquilidad durante la Copa Mundial, la ciudad de Guadalajara comenzó este martes la cuenta regresiva a 100 días del inicio...
- 15/12/2010 01:00
Propongo:
Dentro de apenas quince días concluye el 2010, cargado de sucesos, opiniones y comentarios de diversa índole y temperatura. Muchas noticias buenas aunque, para nuestro gusto, fueron excesivas las que alimentaron un ambiente malsano aparentemente manejado por fuerzas oscuras que parecieran empujarnos hacia un futuro peligroso, sin grandes objetivos realmente compartidos. Por eso propongo que durante las próximas dos semanas, aunque sea solo durante este brevísimo tiempo, hagamos un alto para regalarnos unas vacaciones mentales y emocionales que nos traigan tranquilidad al estado de ánimo individual y de la nación entera. Después de casi doce meses de sobresaltos y ajetreos por todos lados, este descanso sería muy bienvenido.
Propongo varias cosas.
Durante quince días dejemos los ataques recíprocos que han creado fricciones innecesarias entre panameños, algunas veces gratuitos y carentes de fundamento válido. No es época propicia para insultos, ofensas, peleas; suspendamos enfrentamientos, por lo menos durante este período. Guarden todos los políticos sus hachas y machetes, aunque vuelvan a relucir en enero; váyanse de vacaciones al exterior y, si optan por quedarse en Panamá, cierren la boca. Dejemos de lado la política y los temas políticos; todos agradeceremos ese alivio. No hablemos de reelección presidencial; no amenacemos con reformas a la Constitución y referéndums con ese solo propósito. Descansen médicos, maestros y jubilados, aunque sea por dos semanas, sin que eso signifique que hayan claudicado ni que dejen de tener razón; esperen a enero.
Durante quince días dejemos de criticar lo que hace o planea hacer el gobierno, sin que eso implique que simpaticemos políticamente con los partidos oficialistas en el poder. Es solo una tregua en nuestro propio beneficio y del país. Hay cosas buenas que el gobierno ha hecho, pero ha cometido atropellos y acciones merecedoras de censura; también hay promesas aún no cumplidas. Pero no por ello dejemos de llevar a los niños a disfrutar las Villas Navideñas, esperando que sean mejores y menos costosas que las anteriores. No por ello dejemos de regocijarnos si los primeros metrobuses resultan como fueron prometidos. Pero a cambio del receso, propongo que el gobierno nos retribuya suspendiendo toda propaganda oficial que nos abruma y, si se anima, ir un paso más en la dirección correcta, podría ofrecernos un compromiso sincero de respetar los derechos humanos, la libertad de información, las instituciones democráticas y la transparencia. Este compromiso, lejos de plantearle una amenaza, constituye en el fondo la mejor póliza de seguro a que puede aspirar un gobierno. Sería cosa de aplaudirlo, si así se interpretara.
Resultaría edificante que durante las próximas dos semanas los medios de comunicación televisivos, escritos y radiales nos perdonaran reportajes sobre delincuencia y maldad humana. El silencio no significaría que condonemos esa maldad, que dejará de existir o que la tapemos; pero dejemos que a ella se enfrenten las autoridades con empeño y sigilo, y que la Policía redoble sus esfuerzos, como ya se comienzan a vislumbrar.
Propongo que ignoremos la propaganda comercial que nos hace desear cosas que no requerimos. Hay mucho dinero en la calle: salarios, jubilaciones, subsidios, ahorros navideños, bonificaciones. Con tantos incentivos para atiborrarnos de cosas innecesarias y con tantos malandrines al asecho, el dinero ganado trabajando desde antes del amanecer hasta cerca de la media noche, o ahorrado peso a peso, se nos irá entre los dedos antes de darnos cuenta. Eliminemos el derroche.
Finalmente, propongo que suspendamos actividades riesgosas, tanto personales como familiares. Los accidentes, sobre todo los fatales, son una desgracia en cualquier época, pero los que ocurren en estos tiempos revisten un carácter especial. Porque los momentos que serán de felicidad para los demás, contrastarían con el terrible recuerdo de una tragedia familiar en estas alegres fechas, algo doblemente doloroso.
Similar a un partido de baloncesto que se detiene temporalmente, propongo que pidamos ‘tiempo’ para aspirar profundamente, para oxigenar los pulmones de nuestras vidas y de nuestra patria, para repensar métodos y rumbos. Quien sabe si los panameños tanto disfrutemos esta tregua que la repitamos frecuentemente como un hábito normal de convivencia.
*EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.