Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 17/11/2010 01:00
Jubilados, cotizantes y los próximos
El dilema que plantean las jubilaciones es que se necesita una solución justa, que resulte lo menos dolorosa, porque una medida, aunque sea equilibrada, siempre será traumática en Panamá, como en Inglaterra, en Argentina, en Estados Unidos o en Francia, donde hemos visto huelgas y protestas callejeras, cuando se ha intentado implementar medidas para evitar el inescapable colapso de un sistema que, por muy loable que fuera concebido, lleva el peligro congénito de su potencial extinción. Sería ideal que cada trabajador ahorrara lo suficiente durante su etapa productiva para poder financiar sus necesidades al retirarse, pero sabemos que la realidad es otra. El problema estriba en poder asegurar un ingreso decente a personas que dejaron de trabajar, pero que —gracias a Dios y a los adelantos de la tecnología y la medicina— cada vez esa etapa de sus vidas dura más años.
¿De dónde saldrá el dinero? Hace seis años lo vimos en la Asamblea, última vez que se intentó apuntalar el sistema. El dinero proviene en primer lugar de dos fuentes: una, aportada por trabajador y patrono, como las cuotas obligatorias que siempre hemos conocido; la otra, un aporte voluntario de aquel trabajador que desee ahorrar algo adicional para incrementar su jubilación. Pero las cifras demuestran que aún así no se ahorra lo suficiente para financiar las necesidades durante todo el tiempo del retiro del trabajador, sobre todo con el aumento de la esperanza de vida.
Quedan dos fuentes adicionales que no son ahorros del propio jubilado. Unas, son las cuotas que pagan los trabajadores activos —los cotizantes actuales—, cuyos aportes permiten seguir pagando a los jubilados al agotarse los fondos que ellos mismos hayan ahorrado. Es el aporte solidario que cada generación hace para sostener el sistema, evitando su colapso; según el Seguro Social, la generación actual de 1,000,000 de cotizantes financia realmente el pago a 180,000 jubilados, en proporción de 5.5 cotizantes por cada jubilado, cifra peligrosamente inferior a la de hace cincuenta años.
La cuarta fuente son ganancias producidas por inversiones de reservas financieras de la CSS.
Estas distinciones no pueden ser ignoradas. La solución debe ser justa tanto para los jubilados de hoy, como para quienes aspiramos serlo mañana y las autoridades han advertido que tarde o temprano nuevamente se nos vendrá el problema encima. Debemos apoyar la iniciativa y conocer los estudios actuariales, evitando el exabrupto del 2005, cuando se discutió, aprobó, derogó, cambió y volvió a aprobar una reforma que siempre se supo tendría una vida útil limitada.
Muchos son los temas a considerar. Aumentar la edad de jubilación, porque hoy gozamos de mejor salud y mayor es nuestra esperanza de vida, pero ¿qué efecto tendrá en la oferta de empleos para los jóvenes? ¿Se producirían las mismas protestas que en Francia?
Aumentar la cantidad y monto de cuotas, pero ¿qué efecto tendría en la economía y el desempleo?
Cargar al presupuesto nacional, aumentando subsidios estatales, pero ¿se producirán las calamidades que hoy Europa trata de corregir?
Fijar ajustes periódicos según el costo de la vida, pero ¿cuáles cargas serían permanentes y sobre quiénes recaerían? ¿Podemos disponer igual que Estados Unidos?
Hacer mejores inversiones con los dineros de la seguridad social, pero ¿son seguras las inversiones en los corredores Norte y Sur?
Son apenas algunas preguntas, pero esas, y muchas otras, deben ser formuladas y respondidas oportunamente con información técnica confiable. Ahora es el momento de empezar; no debemos dejarlo para última hora como acostumbramos los panameños.
Mientras más esfuerzo le dediquemos hoy, mayores serán las posibilidades de consensuar las soluciones menos traumáticas en asunto tan humano y sensible. No olvidemos que, de aumentarse improvisadamente la pensión a los jubilados de hoy —lo que es justo—, se acortaría en proporción directa la vida de nuestro sistema de seguridad social —lo cual es peligroso. Por eso, con sensibilidad y sentido de responsabilidad con quienes hoy aspiramos a una jubilación decente mañana, todos debemos encontrar el balance que resulte menos doloroso y menos peligroso.
*EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.