• 30/06/2026 00:00

Qué esperar en la contienda electoral universitaria

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De acuerdo con los sondeos hechos con algo de seriedad frente a la intención del voto para próximo rector/a de la Universidad de Panamá, el profesor Denis Chávez lleva una ventaja significativa entre administrativos y estudiantes, seguido por el candidato de la actual administración, profesor Emilio Moreno, que contrariamente le lleva una ventaja a este, aunque no es amplia. En otras palabras, el conteo final, si no varía la tendencia actual, va a ser tan cardíaco como el reciente de los hermanos de Colombia para presidente.

En lo inmediato, la respuesta de los sondeos pudiese estar vinculada al hecho constatado en los recorridos que hemos efectuado, en los cuales todo el mundo se queja de la exacerbada propaganda física, sin un respaldo de ideas serias, particularmente de los dos candidatos que han sido autoridad administrativa de alto rango en los últimos dos períodos. Por lo contrario, el candidato del interior (César) y el de la Facultad de Humanidades (Denis) con mucha menos propaganda fija han ofertado ideas de algún peso, especialmente el caso del profesor Denis, lo que se manifiesta en las preferencias captadas por los sondeos en referencia.

En el fondo de todo esto, se hace evidente que ante la necesidad sentida de cambios que deben implantarse con la profundidad que la crisis multidimensional exige, los que más propaganda física fija han desbordado en los establecimientos universitarios a lo largo del país, no son los que puntean el primer lugar. Aquí, el candidato de la administración, que por razones obvias cuenta con un caudal de votos cautivos entre todos los que “le deben favores” o “esperan cumplimiento de favores”, a pesar de este conglomerado importante, no aparece en el primer lugar como ocurría hasta hace solamente un mes atrás.

Esta inclinación observada directa e indirectamente, ha provocado que los agentes de los detractores de la educación superior pública, en sus apetitos personales han estado ensayando diferentes vías que hagan del torneo electoral, no solamente el carnaval de propaganda física ausente de propuestas serias, sino un escenario de actos objetables, de buenas excusas para que la intervengan sus detractores.

La amenaza de demanda de parte de la candidata Migdalia para que no se dieran las votaciones en las áreas comarcales en fecha apta para ellos (fines de semana que es cuando dan clases) ha sido un acto que revela que el apetito voraz por alcanzar la rectoría a costa de lo que sea se convierta en acto deleznable para la comunidad universitaria en general, más allá de los hermanos que estudian en las áreas apartadas de pueblos originarios. La respuesta de estos estudiantes no se hizo esperar. Mostrando su insatisfacción, los grupos estudiantiles de la comarca Ngäbe-Buglé denunciaron que “Al mover la fecha a un día sin clases, (Migdalia) Bustamante, (...) logran su cometido: asegurar que los estudiantes que nos les darían su voto simplemente no puedan votar. Esta acción no es solo una irregularidad, es un golpe de estado contra la democracia universitaria. Convierte el derecho al voto en un privilegio condicionado por la geografía y la conveniencia política” (Coalición universitaria, Sitio Prado, 19/062026).

En efecto, junto al Dr. Miguel Antonio Bernal, la candidata Migdalia y una parte de los medios de comunicación tradicionales y alternativos, alientan vientos de provocación de un ambiente justificador de una intervención directa del gobierno, más allá de los recortes presupuestarios, no precisamente para robustecer y generar cambios que superen la crisis que está atravesando nuestra Universidad.

Tal como lo plantea el profesor Chávez, la única manera de superar nuestras crisis y hacernos respetar de los detractores es introduciendo a la Universidad de Panamá en un proceso de cambios integrales, para beneficio del país, no de unos sí y otros no. Para aportar a las respuestas de educación, de investigación, que demandan desde las empresas que desean innovar para posicionarse mejor en el concierto internacional y local hasta las que necesitan comunidades de extrema pobreza como las que hoy se le ha dificultado el derecho al voto, solo por complacer la arrogancia y propósitos egoístas, nada académicos.

Este tipo de eventos ocurridos en las últimas semanas son las que han ido variando la preferencia del voto universitario. Una candidata (Migdalia Bustamante) que dice abogar por el relevo generacional pero que ha propiciado la exclusión de ese relevo en las áreas comarcales. Un candidato (Emilio Moreno), que dice que va a desarrollar lo que tuvo 10 años para hacerlo en su calidad de vicerrector académico y no hizo. Como me manifestaron unos grupos de estudiantes de algunas regionales del interior y escuelas del campus central: “Es un insulto a nuestra inteligencia pensar que podemos creer en alguien que pudo hacer y nunca hizo y ahora después de 10 años nos dice que lo va a resolver”.

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