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- 07/02/2015 01:00
Elecciones del rector de la Universidad de Panamá
Las elecciones para renovar a las autoridades de la Universidad de Panama (UP), ya próximas, hacen dirigir las miradas hacia la Colina. La mía, incluso. Elegir al rector retoma importancia, si observamos el máximum que vive la institución; estamos insertos en un contexto de desafíos generados por la revolución del conocimiento, de las nuevas tecnologías y de los mercados. No menos importante, su compromiso ético. El camino podría diversificarse, pero no es posible marginarse de la misión de ofertar a la juventud la oportunidad de alcanzar, a través de su instrucción, ‘calidad de vida’.
Puede sugerirse que después de las elecciones generales, las de mayo de cada cinco años, corresponde a las de la Universidad un sitial de primer orden en lo que corresponde a la práctica de la democracia institucional. Porque la universidad debe formar al buen profesional, pero también al buen ciudadano. En esto valga resaltar las premisas —en particular la visión— que para ese proceso expone el Movimiento Innovador —Universidad siglo XXI. Correctamente ubica al docente como motor de las transformaciones, por lo que hay que facilitarle las mejores condiciones para su desempeño.
Un argumento que es esencial es el que considera que la UP se ha proyectado con pertinencia en la formación del hombre y de la mujer panameña. Que transita, en el presente, y seguirá transitando, por escenarios complejos, que serán superados exitosamente, en tanto las generaciones de universitarios (incluida las autoridades electas) asuman plena conciencia del papel que les corresponderá desempeñar. Que hay limitaciones y procesos que mejorar es algo que no se niega, pero son superables al tenor de las responsabilidades identificadas y atendidas.
Así, en el contexto de un nuevo siglo, repleto de desafíos, se multiplica la exigencia de trabajar amparados en el principio de la INNOVACIÓN. Esto permitirá avanzar en la reestructuración del modelo universitario acoplado al ritmo que impone la sociedad del conocimiento, pero transformar, además, los retos que nos vienen del mundo globalizado —incluidas las virtudes y limitaciones, en oportunidades potenciales para nuestra juventud estudiosa. Hay que ofertar las oportunidades para que ésta alcance calidad de vida sin que haya alejamiento de la formación del ‘buen ciudadano’.
Esos logros serán posibles en tanto se trabaje con el consenso, ampliamente inclusivo, de manera que se dé contenido a un modelo cuyo norte sea una universidad innovada y comprometida con la sociedad. La democratización, vista desde esa perspectiva, tendrá que ir más allá de la exclusiva existencia de los órganos de gobierno, como de los procesos electorales. La democracia universitaria debe facilitar, eso sí, el ejercicio amplio de participación en la vida institucional, que haya instrucción efectiva y, como producto, una ciudadanía —que son los egresados— consciente de sus responsabilidades.
La Universidad de Panamá debe enrumbarse fortalecida. El proyecto universitario de inicio de siglo XXI debe inspirarse en una gestión que impulse la labor institucional dentro del espacio nacional, sin excluir la descentralización como proceso necesario para las sedes regionales. Así, el próximo rector tendrá tareas insoslayables: la investigación debe estimularse en las diversas disciplinas del conocimiento, y con los recursos; así como esencial es el fortalecer la relación Estado - Universidad - Empresa Privada. Es importante ampliar las relaciones de la Universidad con los diversos sectores sociales y productivos de manera que la institución no sea vista como una ‘carga’, sino como componente valioso en la solución de los problemas nacionales.
DOCENTE UNIVERSITARIO.