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- 04/05/2026 00:00
Como resultado de un sistema electoral diseñado para mantener el control político en manos de la partidocracia, los sectores organizados de la cúpula empresarial lograron instalar en el gobierno una agenda política antinacional, que implica una plena sumisión a los intereses de la potencia imperial. No es casualidad, entonces, que Jared Mithovich haya publicado en la prestigiosa revista Político, refiriéndose a la relación Mulino - Trump, un extenso artículo titulado: ‘I Don’t Think There’s a Government in Latin America That Has Given In More’ (19/08/2025).
Se trata de una relación simbiótica, en la que los sectores económicamente dominantes entregan los intereses nacionales a la presencia militar de la potencia dominante, a cambio de una protección frente a las posibles protestas populares generadas por su política de choque. Esta última destinada a potenciar, a costa de la población, las condiciones de la acumulación de capital, a la vez que, por medio de la represión y la reconstitución de su hegemonía, intentan pasivisar a la población.
En este contexto el actual gobierno ha propuesto la puesta en marcha de una reforma educativa, la cual estaría diseñada para potenciar el proyecto neoliberal – colonial del imperio y los sectores económicamente dominantes. Esto hace indispensable analizar lo que se puede esperar de dicha reforma.
La política educativa, que tomaría la forma de una pedagogía colonial, buscaría, en primer lugar, borrar la historia de las luchas antimperialistas del pueblo panameño, elemento fundamental en la configuración de nuestra conciencia nacional. No es casualidad que ya anteriormente la actual dirección del Ministerio de Educación haya eliminado del plan de estudio la materia de las relaciones de Panamá con los Estados Unidos. Esta acción solo pudo ser revertida gracias a la movilización social. No queda duda que esta acción antinacional será intentada nuevamente.
La actual política de sumisión que, de manera más que vergonzosa, practica el gobierno del señor Mulino y la cúpula empresarial, no solo buscará borrar la memoria histórica de las luchas nacionales y sociales. También intentará manipular la educación para tratar de establecer un “sentido común”, en el que la entrega a los designios imperiales se venda como un elemento necesario para asegurar el progreso y la modernidad.
Siguiendo a Franz Fanon, la educación colonial que sirve a los intereses de los sectores internos y externos propone la sumisión nacional a la potencia colonial y opera como un mecanismo de deshumanización. Margarita Pizarro, en su artículo ‘Pensar a Fanon para una pedagogía desde la negritud, el humanismo y la praxis de la liberación’ (2018), capta esta realidad en las siguientes ideas: “En toda esta vorágine, Fanon critica la deshumanización como problema que está ligado al colonialismo. Por el contrario, propone la humanización como proceso de politización del pueblo. Como proceso de educación de las masas para que todo lo ganado, rompa con las cadenas de la colonización”.
Es posible combinar el análisis de Fanon con los importantes aportes de Freire, con el fin de detectar los mecanismos que una reforma educativa neoliberal – colonial, utilizaría para lograr sus objetivos. Siguiendo a Freire en su libro ‘Pedagogía del Oprimido’, queda claro, para comenzar, que es una forma de educación que se cuida de evitar que las personas sometidas a la misma, logren una visión clara de su inserción en la realidad. El objetivo es que el educando no pueda captar, valorar y entender plenamente su realidad como ser subordinado, tanto desde el punto de vista social como del nacional.
Siempre se trata de una educación en el que el mundo se le presenta a los alumnos como algo acabado, que de hecho siempre seguirá siendo igual, por lo que no tiene sentido correr el riesgo de querer transformarlo. Los seres humanos seríamos entes pasivos frente al mundo. Entonces, como señala Freire: “Dado que en esta visión los hombres son ya seres pasivos, al recibir el mundo que en ellos penetra, sólo cabe a la educación apaciguarlos más aún y adaptarlos al mundo.” La capacidad humana de los seres humanos de transformar la realidad queda anulada
A esto se debe agregar que la educación neoliberal – antinacional también busca sostenerse en lo que Freire llama la “educación bancaria”. En esta el educando se entiende como un recipiente pasivo de “conocimientos”, los que debe aceptar como ciertos y definitivos, además de recordarlos para poder contestar los exámenes. Es una forma de educación que cultiva la sumisión de la población, a la vez que también anula la creatividad social y la capacidad de transformación de los seres humanos. Desde luego que una educación neoliberal – colonial también implicaría el desconocimiento de los saberes ancestrales, como son los de los pueblos originarios y la imposición de la cultura extranjerizante.
Preparémonos para el debate sobre la reforma educativa, para defender nuestros intereses nacionales.