• 10/06/2026 00:00

Riqueza soberana: usar el subsuelo para sembrar la prosperidad de Panamá

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Panamá no es un país pobre; es un país que no ha administrado estratégicamente su riqueza. Nuestro subsuelo contiene recursos capaces de financiar una transformación nacional si se gestionan con visión técnica y reglas claras. La propuesta es convertir la minería en un activo estratégico del Estado y dirigir sus beneficios hacia tres pilares permanentes: soberanía alimentaria, fortalecimiento de la Caja del Seguro Social y formación técnica de clase mundial. El objetivo es simple: transformar un recurso finito en prosperidad duradera.

Para lograrlo, la gobernanza debe ser técnica, transparente y blindada contra la improvisación. Se propone una Autoridad de Recursos Minerales con autonomía constitucional y una Junta Directiva integrada por gremios profesionales, academia y un representante ciudadano seleccionado por concurso público. El modelo incorpora auditorías externas rotativas, un portal de transparencia en tiempo real y un Comité de Ética independiente con facultad de suspender procesos ante irregularidades. La gestión del subsuelo debe operar con estándares comparables a los del Canal: profesional, estable y orientada al interés nacional.

El país debe beneficiarse de la minería en todas las fases del proyecto. Se plantea una fórmula progresiva donde el Estado recibe un ingreso mínimo garantizado durante la recuperación de la inversión y aumenta su participación una vez recuperado el capital. Si el precio del cobre sube, Panamá sube con él. Los costos recuperables serán auditados por un panel técnico independiente. Además, se creará un Fondo Soberano de Estabilización que ahorre los excedentes en épocas de precios altos y una regla fiscal minera que defina porcentajes fijos para inversión productiva, ahorro y seguridad social.

El 60% de los beneficios estatales se destinará a transformar el agro panameño y fortalecer la soberanía alimentaria. Panama importa una proporción creciente de sus alimentos según series históricas del INEC y del MIDA, mientras la FAO y el BID advierten que Centroamérica enfrenta una caída sostenida en productividad agrícola y un aumento en la exposición climática. Estudios del IPCC confirman que la región experimentará mayor variabilidad en lluvias, sequías más prolongadas y eventos extremos que afectan directamente los rendimientos. A nivel interno, diagnósticos del MIDA y del IDIAP muestran envejecimiento acelerado del productor, pérdida de superficie cultivada y degradación de suelos. En paralelo, la volatilidad global en precios de granos, fertilizantes y cadenas logísticas —documentada por la FAO y el Banco Mundial— incrementa el riesgo de depender del mercado internacional. Estas fuentes convergen en una misma advertencia: sin inversión estratégica, Panamá enfrentará una creciente fragilidad alimentaria en la próxima década.Panamá aún posee ventajas extraordinarias —agua, clima, ubicación y logística— que podrían convertirlo en una potencia agroindustrial si se realizan las inversiones correctas. La transformación del agro no dependerá de subsidios improductivos, sino de una estrategia técnica ejecutada por una Unidad Ejecutora Agroindustrial independiente del MIDA, con metas verificables y sistemas de medición de productividad. El enfoque estará orientado a construir una agricultura competitiva y tecnificada, incorporando riego, cadenas de frío, mecanización, biotecnología, genética, automatización y agricultura de precisión.

El país necesita un sistema educativo técnico alineado con la demanda laboral. Se propone un Centro de Formación Dual de Alta Tecnología gestionado por gremios y academia, con 70% práctica y 30% teoría, siguiendo estándares de Alemania, Canadá y Finlandia. El centro actualizará sus currículos cada dos años, garantizará prácticas en empresas del sector y contará con un Fondo de Becas Técnicas financiado con regalías.

Ningún proyecto minero debe comprometer fuentes de agua, biodiversidad crítica o comunidades locales. La licencia social debe construirse con monitoreo ambiental público, participación ciudadana vinculante y estándares internacionales verificables. La minería estratégica solo es viable si la población confía en que el patrimonio natural del país está protegido y que los beneficios se traducen en bienestar colectivo.

El cierre de una mina no debe ser un problema, sino una oportunidad. Se creará un Fideicomiso de Cierre y Remediación financiado desde el primer día, garantizando estudios geotécnicos y de calidad de agua que permitan usos futuros seguros. Los tajos podrán convertirse en reservorios, polos de piscicultura industrial, parques científicos o plantas de energía renovable. Cuando el mineral se agote, Panamá debe quedar con activos productivos más valiosos que el cobre.

Un pilar adicional es el fortalecimiento de la Caja del Seguro Social. El 15% de los ingresos netos del Estado se destinará a un Fondo de Sostenibilidad de la CSS, con auditoría anual independiente, publicación trimestral de resultados y blindaje constitucional para evitar su uso en gasto corriente.

Panamá tiene la oportunidad de transformar un recurso finito en bienestar permanente. Con gobernanza técnica, reglas claras, inversión productiva, educación moderna y un compromiso firme con la seguridad social, la riqueza del subsuelo puede convertirse en riqueza sobre el suelo. La minería no debe ser un conflicto: debe ser una herramienta estratégica para construir un país más próspero, más justo y más autosuficiente. La diferencia no estará en el mineral, sino en la calidad de las instituciones y la visión con que se administre.

* El autor es administrador de empresas
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