Los integrantes del Grupo USAR Panamá relatan a ‘La Decana’ sobre las jornadas de búsqueda junto a sus canes en la zona cero del terremoto, las historias...
- 24/09/2020 00:00
Sentido ético de la palabra
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️Uno de los aspectos bien ponderados de la democracia en los EE. UU. es el funcionamiento del sistema de “pesos y contrapesos” (“checks and balances”); que tiene una de sus máximas expresiones cuando una sentencia de la Corte Suprema resuelve una colisión entre el presidente (Ejecutivo) y el Congreso (Legislativo).
De ese peso específico de la Corte es por lo que su composición es fundamental para las estructuras del poder político, además de que el alcance de sus decisiones puede alterar los aspectos más sensibles de la vida de sus ciudadanos.
Una variante del sistema de justicia de los EE. UU., que muchos consideran una gran fortaleza y otros un anacronismo, es que los magistrados de la Corte Suprema, una vez juramentados, sirven en sus cargos de por vida.
Fortaleza, porque refuerza su independencia, los magistrados son casi inamovibles, salvo por decisión propia o juzgamiento. Anacronismo, porque la expectativa de vida cuando se dictó la Constitución no se parece en nada a la actual. En el pasado, el periodo promedio era de 16 años; hoy, se calcula que será más de tres décadas.
Adicionalmente, el perfil ideológico de los magistrados postulados hace que cada designación sea un proceso encendido y, en ocasiones, tan agrio que el escrutinio llega a la vida privada (caso Clarence Thomas en 1991). Los magistrados son postulados por el presidente y deben ser confirmados por el Senado.
El reciente fallecimiento de una magistrada de la Corte Suprema ha abierto un debate en el cual encuentro una arista interesante: la importancia es sostener la palabra en la vida, especialmente en la vida pública.
La magistrada Ruth Bader Ginsburg muere a escasas semanas de las elecciones presidenciales. Los seguidores del partido Demócrata dicen que el presidente republicano (Trump) debe abstenerse de hacer la designación para cubrir la vacante o el Senado no tramitar la ratificación y esperar al presidente que resulte electo en noviembre próximo.
Lo sugestivo es que, hace cuatro años, también en año electoral, murió el magistrado Antonin Scalia y en aquel momento eran los partidarios republicanos los que le pedían al presidente demócrata (Obama) que no designara, para dejar el proceso de escogencia de un nuevo magistrado al presidente que resultara electo.
En 2016, el presidente Obama designó, los republicanos lograron impedir la ratificación y fue el presidente Trump quien terminó designando la vacante.
Aquí me surge una pregunta de esas que, por ruta de exageración, ayudan a reflexionar sobre situaciones que impactan la vida política de los países. Recordando lo polarizada que está la sociedad estadounidense (ejemplo que debemos evitar, dicho sea de paso). ¿Qué sucedería si, en un acto sorpresivo, el presidente Trump designara a un magistrado de ideología liberal (en el sentido que se da a este término en la cultura política de los EE. UU.)? Probablemente, sería ratificado con los votos demócratas, porque considerarían más importante obtener el asiento en la Corte Suprema que sostener la posición expresada o, simplemente, la palabra. Igual aplica si, en 2016, se hubiese dado una hipotética situación viceversa.
Al final, esta experiencia vivida con cuatro años de diferencia revela que, cuando se asume una posición desde el servicio público, la coherencia es parte del deber comprometido, porque el ciudadano espera que sus representantes sean consecuentes con lo que plantean.
Cuando se asumen posiciones públicas, lo que se expresa, la palabra, tiene sentido ético y sobre eso hay que rendir cuentas.
De allí el valor que tienen para los ciudadanos, tanto como antes, pero con mayor facilidad que antes, los registros (récords) que quedan impresos, grabados o, modernamente, en redes sociales, de las posiciones asumidas. Eso sí, siempre que la ciudadanía realmente busque -y aspire a- la coherencia y rectitud de sus representantes.
Si se aplican las reglas de una manera cuando se está en el poder y de otra cuando se está fuera de él, hay que tener claro que no es simple “juegavivo”, se está rompiendo la institucionalidad y las grietas a la institucionalidad son difíciles de reparar.