Uno de los puntos clave mencionados fue la interacción de la APA con otras carteras del Estado para garantizar que los procedimientos se realicen en regla...
- 22/02/2011 01:00
Hablemos de sexo, pero con madurez
H ace poco más de dos años hubo un intento de aprobar una ley para que nuestros jóvenes conocieran todo lo relacionado con el sexo, especialmente sobre la práctica irresponsable del mismo y los problemas que pudiera acarrear hacerlo sin el cuidado y sin tomar en cuenta la edad más conveniente para practicarlo.
Estoy seguro de que muchos se preguntarán ¿cuál es la edad? Y lógicamente saldrán los que nos digan que dependiendo de algunas culturas, las relaciones íntimas se dan una vez las jóvenes han llegado a la pubertad. Ese no es el caso de Panamá y por ello considero que el tema debe ser analizado sin malicia y desde la perspectiva de que nuestros niños y niñas, al igual que los jóvenes, viven la sexualidad de manera acelerada.
No es cuestión de alarmarnos, sino más bien de prestar atención al entorno de nuestros hijos. No solo con quién o quiénes se relacionan, sino igual sobre la información, probablemente deformada, que les llega a través de diferentes medios escritos, televisados e incluso radiales. La idea es que comprendan que no se trata de un juego. Más bien, de enfrentar la curiosidad de manera responsable.
Como les decía, cuando se llevó a una discusión pública el proyecto de marras, no faltaron las voces alarmadas. Los que especularon y desinformaron sobre la verdadera intención de las autoridades de Salud y por ende, del gobierno. Se dijeron cosas que nunca figuraron ni en el espíritu ni en la letra de la propuesta. Se perdió una preciosa oportunidad de conversar con responsabilidad de un asunto que a todos nos debe importar.
Grupos radicales, e incluso las iglesias católica y evangélica, se dedicaron a cuestionar esta intención educativa, logrando que al final del camino fuera preferible retirar el proyecto y dejar que nuestros niños y jóvenes continuaran especulando por un lado, o se mantuvieran a obscuras dentro de una ignorancia que tarde o temprano los afectaría. No faltan los que sostienen que la educación sexual corresponde únicamente a los padres de familia.
Empero, son muy pocos los hogares donde el tema del sexo es tratado en forma científica y correcta. Muchos padres rehúyen el hacerlo y esa actitud no es por indiferencia, sino más bien por un mal entendido pudor. Lo cierto es que la realidad tiene que ver a la falta de los conocimientos para responder, sin sonrojarse y alarmarse, las preguntas que le puedan hacer sus hijos.
El tema es viejo y no me explico cómo es que hace muchos años era más fácil enfrentarlo. Recuerdo cuando siendo alumno de primaria, a finales de los 50, los estudiantes de la escuela Manuel José Hurtado, por citar un ejemplo, éramos invitados por la UNICEF para recibir información al respecto, sin escándalo y sin alarmismos exagerados.
Hace unos días abrigué la esperanza de que a través de la Comisión de Asuntos de la Mujer de la Asamblea Nacional, se lograra un consenso sobre esta realidad. Es decir, que conociendo lo sucedido hace unos dos años y tanto, se corrigieran las posibles fallas y se llegara a un entendimiento para que de manera científica nuestros muchachos sean orientados sobre el despertar de su sexualidad.
Entiendo que en esta iniciativa de la diputada Marylin Vallarino, participaron varias organizaciones de la sociedad civil, las iglesias católica y evangélica. De igual forma, varias entidades del Estado como los ministerios de Educación principalmente, y Desarrollo Social.
Lamento señalar que hace poco concluyeron las conversaciones, sin alcanzar un acuerdo que facilitara la confección de un proyecto de ley, que discutido en el pleno, se aprobara en beneficio de nuestra juventud. Creo que una vez más se ha impedido la oportunidad de enfrentar los niveles de desinformación que los afecta en muchos aspectos.
Coincido que se trata de un tema delicado. Por supuesto que sí, pero en la medida que nos neguemos a conversar sobre estos asuntos, igual nos estamos negando la oportunidad de ser orientadores de la vida sexual de una juventud cada vez más bombardeada por información incorrecta y maliciosa.
*PERIODISTA.