Estados Unidos ha arrendado por un dólar y durante 99 años a Israel el terreno para su nueva embajada en Jerusalén Oeste, pero esa parcela perteneció hasta...
- 21/11/2008 01:00
Con toga o sin toga
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Agrega La Estrella en Google ↗️Me han preguntado de manera socarrona si la decisión del presidente Martín Torrijos con respecto a mi relevo como ministro va a afectar mi defensa frente a los señalamientos de que he sido objeto que no se ajustan a la verdad, especialmente por parte de un periodista argentino y un medio de comunicación social.
En mi caso, volver a la condición de ciudadano, sin las condiciones que otorga la Constitución y la Ley a un ministro de Estado resulta saludable, porque, como lo expresé recién en otros medios, repasar por cuenta de una infamia el incidente dramático de orden policial que marcó mi vida hace casi 40 años, y tener que abordarlo, además, sin derecho a réplica frente a la manera como fue urdido, calculado y presentado, ha requerido de mi mayor fortaleza espiritual. He tenido que revivir ese aciago momento por segunda vez, sin la posibilidad de explicarlo públicamente, por lealtad con la ética de funcionario, por mi respeto a la familia de un difunto y a la mía propia, y por acatamiento a los procedimientos de la Ley.
Respiro aliviado y mejor sin las preocupaciones del cargo. Mis convicciones son invariables y no pienso ahora actuar impulsado por la ligereza de unas palabras puestas en moldes de imprenta o expresadas a través de un micrófono de radio o ante una cámara de televisión, con las que se insinuó un crimen a sangre fría.
No es fácil... y me ha estremecido, aún convencido moralmente de que no puedo hacer nada distinto a apoyarme en los mecanismos de Ley para superar este doloroso hecho y acopiar las pruebas y los fundamentos que la justicia requiere para limpiar mi honor.
No pienso salirme de ese marco, pero afrontar la infamia no es tan fácil como acomodarle un adjetivo injurioso o calumnioso a una persona desde la redacción de un periódico.
En el ejercicio de la administración pública uno puede entender las razones ideológicas o políticas de los opositores. Lo que resulta deleznable es que, en nombre de la ideología que profesan o la política que invocan, vayan por ahí propalando falsedades y suplantando la verdad a través de recursos tan bajos como la de publicar documentos adulterados, tal es el caso del accidente del helicóptero en el que perdieron la vida hermanos panameños y chilenos, y sugerir que el Gobierno miente, oculta hechos graves y a un ministro le tejen un historial criminal para neutralizarlo, con falsas acusaciones.
Eso es muy peligroso para la democracia, el periodismo y la libertad de expresión. Se desinforma con intenciones perversas, se confunden o adulteran hechos con la finalidad de destruir a una persona y desacreditar a un gobierno. Esta infamia deja un pésimo antecedente para la democracia y la libertad de prensa en general.
Respecto a la seguridad pública, trasfondo de esta conspiración, cobijo el ideal de que en Panamá tengamos instituciones fortalecidas y capaces de responder a los retos y amenazas que nos acechan, particularmente del narcotráfico y el crimen organizado. Mientras tanto, como he perdido el rango, pero no la jerarquía, con la entereza de mi carácter, consolidado a través de años afrontando situaciones difíciles, seguiré contribuyendo con mis humildes aportes al engrandecimiento de mi Patria.
-El autor fue ministro de Gobierno y Justicia.ddelgado47@hotmail.com