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- 08/08/2026 00:00
Un siglo de historia dedicado al estudio, la defensa y la proyección del Español
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Agrega La Estrella en Google ↗️La Academia Panameña de la Lengua cumple cien años de fidelidad al español y a la nación. Fundada el 9 de agosto de 1926 y reunida en su primera sesión plenaria el 19 de agosto de ese mismo año, en el Aula Máxima del Instituto Nacional, esta institución celebra su centenario como un referente en el cuidado del idioma, la defensa de la palabra y la vida cultural panameña. Su trayectoria muestra cómo la lengua española ha sido, en Panamá, un espacio de identidad y representación colectiva. Por ello, la conmemoración va más allá del recuerdo de una fecha institucional e invita a pensar cómo nos nombramos, nos reconocemos y nos proyectamos como nación, a través del lenguaje.
Desde sus primeras gestiones, impulsadas por figuras de alto prestigio intelectual como Ricardo J. Alfaro y concretadas luego por la acción decisiva del reverendo padre fray Pedro Fabo de María, la Academia asumió una misión que iba más allá de la corrección gramatical. Entendió desde el comienzo que la palabra forma parte de la vida social y expresa pertenencia, memoria y pensamiento. Por esa razón, orientó su labor al cuidado del español como parte viva de la identidad panameña, en un territorio marcado por el tránsito, el encuentro de culturas y la convivencia de múltiples voces.
A lo largo de su primer siglo, la Academia ha desarrollado una labor amplia y sostenida en favor de la cultura nacional. Ha conservado documentos, actas, discursos y testimonios que ayudan a reconstruir parte de la historia intelectual del país; ha abierto espacios para pensar el lenguaje como asunto de educación, ciudadanía y pertenencia; ha estudiado el habla panameña con rigor y sensibilidad; ha orientado a docentes, periodistas, estudiantes e instituciones; y ha sostenido un ámbito de trabajo desde el cual la tradición se organiza, la palabra se cultiva y Panamá se proyecta hacia el mundo hispánico.
Conmemorar este aniversario es celebrar una continuidad fecunda, la de quienes comprendieron que una nación también se reconoce en la calidad de sus palabras; la de quienes trabajaron para que los panameñismos fueran valorados como parte legítima del patrimonio común del español; y la de quienes encontraron en Ricardo Miró, Baltazar Isaza Calderón, Octavio Méndez Pereira, José Dolores Moscote, Elsie Alvarado de Ricord y tantos otros, voces vivas que dialogan con nuestra propia manera de comprender el mundo. En esa continuidad, se expresa una permanencia cultural que enlaza la herencia del país con las reclamaciones del presente.
La Academia llega a esta conmemoración como una institución de memoria y porvenir. Ha sabido honrar el pasado sin quedarse detenida en él, defender la norma sin perder de vista que la lengua vive en la gente y custodiar el idioma desde el reconocimiento de su diversidad. Esta celebración pertenece a sus académicos y también a toda Panamá, porque cada palabra pronunciada con conciencia, cada consulta lingüística que aclara una duda y cada panameñismo que revela la belleza del español con acento propio prolongan su obra silenciosa y firme. A cien años de su fundación, su mayor legado queda en una certeza compartida, pues el idioma conserva lo que fuimos, nos ayuda a decir quiénes somos y nos permite imaginar el país que queremos ser.